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Operación "Libertad Duradera"

Desde Génova a Nueva York

Por Catalina Pantuso
catalina@octubre.org.ar

Torres GemelasEn solamente tres meses la agenda internacional —aquella que organizan los líderes del poder mundial—, cambió radicalmente. A fines de julio de este año, en la ciudad de Génova, se realizó la Cumbre del Grupo de los 8 que trató temas que abarcaban desde la protección del ambiente hasta el sistema de defensa mundial. También se discutía sobre los riesgos de legalizar la clonación de seres humanos y qué hacer con las deudas de los llamados países "emergentes" como la Argentina. El atentado terrorista a las Torres Gemelas de Nueva York y al Pentágono, en Washington, cambió sustancialmente el eje de las posibles controversias. Después del 11 de setiembre, en todo el planeta —incluidos los países más pobres— se habla únicamente sobre las alianzas, los métodos y el alcance de la primera guerra global contra el terrorismo.

Las tensiones del poder

Las relaciones internacionales anteriores a los atentados de Nueva York y Washington mostraban —a grandes rasgos— un mundo transitado por diversos conflictos bélicos; esporádicamente se daban atentados terroristas; se contabilizaban millones de seres humanos en condiciones de vida deplorables; la distribución de la riqueza concentrada en muy pocos países, y se esperaba que Internet fuese el modo de transitar los cada vez más amplios espacios virtuales. No era la mejor forma de comenzar un nuevo milenio, pero había quedado lejos la amenaza de una posible guerra entre potencias.

Las noticias internacionales de la primera semana de mayo del 2000, anunciaban que las Naciones Unidas, había excluido a EE.UU. del directorio de dos comisiones, de las que era miembro desde 1947: de la Comisión de Derechos Humanos y de la Oficina Internacional de Control de Drogas. El New York Times publicaba que científicos del Museo Americano de Historia Natural de Estados Unidos, estaban construyendo una versión siglo XXI del arca de Noé, almacenando, congeladas en nitrógeno líquido, muestras de tejido de distintas especies, para que en el futuro se puedan clonar animales extintos o en peligro de extinción. El 12 de junio el Presidente George Bush, realizaba su primera visita oficial a Europa recorriendo España, Bélgica, Suecia, Polonia y Eslovenia, para preparar su participación en la Cumbre del Grupo de los 8 que se reuniría en Génova desde el 20 al 22 julio.

Las tensiones entre la Unión Europea y Estados Unidos podían resumirse en los siguientes puntos: Europa sostenía la posición de ratificar el Protocolo de Kioto de la Convención sobre el Cambio Climático (1997), mientras que Estados Unidos se negaba; Europa solicitaba la eliminación la pena de muerte que se aplica en algunos Estados de USA; Francia y Alemania manifestaron su oposición al proyecto de defensa antimisilística —ideado por la administración Reagan a principio de los años '80— que era impulsado por Bush, mientras algunos los europeos se mantenían en la incertidumbre y Rusia presentó ante la NATO una propuesta alternativa; el sistema de defensa común europea, planteaba serias dudas a los norteamericanos.

Encuentros y enfrentamientos en los países centrales

Genova

La ciudad de Génova, Italia, fue el lugar de encuentro de los mandatarios de los ocho países más poderosos del mundo, con el objetivo de debatir sobre los grandes temas de la economía y la política internacional. Pero, como ocurrió desde la "batalla de Seattle", durante la reunión de la Organización Mundial del Comercio (noviembre-diciembre de 1999), también allí confluyeron ciudadanos de diferentes países centrales para manifestar en contra de la globalización.

Para garantizar la seguridad de los participantes del G8, se tomaron medidas extremas: la Unión Europea autorizó a Italia a cerrar sus frontera a los "comunitarios", se elaboraron listas de "indeseables" y se entrenaron especialmente fuerzas antimotines. Se dividió la ciudad en tres zonas perfectamente delimitadas para que los manifestantes no estuviesen cerca del lugar de la Conferencia. Por cuatro días, Génova se convirtió en una ciudad fortificada, se restringió al máximo la circulación de los medios de transporte terrestre, se cerraron el puerto y el aeropuerto al tráfico civil y comercial. El sector histórico de la ciudad se convirtió en la "zona roja" a la que casi nadie podía entrar, y gran parte de la población que normalmente reside en él, buscó otros lugares para alojarse.

Las ONG's que se reunieron en las calles y en las plazas de Génova para participar de la protesta en contra de la globalización, se identificaban como no violentas, estaban nucleadas en el "Genoa Social Forum" y lograron movilizar a casi 300 mil personas, con consignas tales como: "Rebelarse es natural". Pero también estuvieron presentes unos 4 mil anarquistas insurreccionales, denominados "Black bloc" (término utilizado por la policía alemana para identificar algunas bandas, durante los años '80), que hicieron su primera aparición pública durante las manifestaciones en contra de la Guerra del Golfo, en los Estados Unidos.

Se vio una ciudad blindada, cerrada por 140 bloques de cemento. Estuvo vigilada por 120 mil agentes de seguridad, con excelente equipamiento, que no lograron prevenir ni contener la violencia de los minoritarios "Black bloc" y terminaron reprimiendo indiscriminadamente, no sólo con gases lacrimógenos, sino también con armas de fuego. La prensa internacional habló de "guerrilla urbana", de "infiltrados" en las manifestaciones, de "zona de guerra". El trágico resultado de los enfrentamientos fue de un muerto, Carlo Giuliani, el primer mártir del movimiento antiglobalización; cientos de heridos, 30 extranjeros detenidos —mayoritariamente ingleses, suizos, alemanes, españoles y franceses—; una ciudad desolada, herida por la violencia, con destrozos en las calles, en los edificios y en los comercios.

Los resultados de la Cumbre —llevada a cabo en un lujoso crucero, lejos de las protestas y los gases lacrimógenos—, fueron pobres. La peor sorpresa de la reunión fue la noticia de que, después de casi seis años de negociaciones, EE.UU. decidió no aplicar el Tratado Contra las Armas Biológicas firmado en 1972, junto a otros 142 países, entre los que se cuentan los miembros del G8. El tema ambiental enfrentó al presidente francés Jacques Chirac, con el estadounidense George Bush; respecto a la ratificación del Protocolo de Kioto, hubo convergencia en los objetivos, pero no sobre el modo de alcanzarlos; se acordó enviar observadores internacionales a Israel, tal como lo solicitara la Autoridad Palestina, pero sólo si éstos son aceptados por las dos partes; quedó sin definir el compromiso de rever y reducir las deudas de los países del Tercer Mundo, sin embargo se debatió, por primera vez, la idea de remover las barreras arancelarias y Bush pronosticó una Internacional del "conservadorismo compasivo". No se llegó a ningún acuerdo sobre el proyecto de defensa antimisilística, y el monto de la ayuda para combatir el SIDA fue casi simbólico.

Las sonrisas de las fotos no pudieron disimular las diferencias entre Europa y Estados Unidos, que quedaron explicitadas ante la prensa. Mientras Bush afirmaba que "Aquellos que proclaman representar a las voces de los pobres, no lo están haciendo", Chirac utilizaba un tono paternal para decir: "Estamos todos traumatizados por lo ocurrido. Nosotros, los líderes elegidos por nuestros pueblos, debemos considerar los problemas que han llevado a decenas de miles de compatriotas, especialmente a los europeos, a estar en la plaza". Vladimir Putin —quien días antes de partir hacia Italia, firmó un pacto de amistad con el presidente de China, Jian Zemin—, quedó desilusionado con Occidente por la "desaparición de la solidaridad". El presidente de la Comisión de la Unión Europea, Romano Prodi, reflexionó sobre la primera Cumbre signada por el luto y puso en duda el futuro de este tipo de encuentros.

Al finalizar la cumbre de Génova los pacifistas del Primer Mundo gritaban su victoria: "Ustedes G8, nosotros la humanidad", mientras los gobernantes fijaban el lugar de la próxima reunión, en alguna pequeña ciudad de Canadá. Para todos se hacía difícil sostener el diálogo, buscar consensos y nuevas formas de participación, para gobernar el mundo globalizado.

Un desvío en el curso de la historia

El martes 11 de setiembre, el acto terrorista que secuestró y desvió los aviones que destruyeron las Torres Gemelas de Nueva York, símbolo del poder de Occidente, cambió la lista de prioridades de las agendas del poder. La guerra contra el terrorismo bautizada como "Libertad Duradera", reducirá, paradójicamente, los márgenes de libertad de todos los habitantes del planeta.

La simple opción entre el Bien y el Mal, lanzada al mundo por Estados Unidos plantea preguntas tales como: ¿Dónde ubicar a los manifestantes europeos contra la globalización? ¿El clima de violencia que se vivió en Génova, durante la última reunión del G8, es el que se instalará en el mundo? ¿Se realizará en noviembre próximo la reunión de la FAO para buscar una solución al drama del hambre en el mundo? ¿Será subversivo luchar contra la discriminación ?

Algunas respuestas comienzan a darse. El columnista del periódico Corriere della Sera, Ángelo Panebianco, afirmó el pasado 26 de setiembre, que la más valiosa "quinta columna" de Bin Laden en Occidente es el "relativismo cultural", que en un principio ha infectado algunas minorías cultas, pero que actualmente se ha extendido a amplios sectores medios, a través de la escuela y los medios de comunicación. Afirma: "En los días de Génova, sin tomar en cuenta a los revoltosos, mucha gente buena y no violenta que se reunió para manifestar en contra del G8, comentaba aquella reunión de los jefes de gobierno de alguno de los países más libres del mundo, más o menos, con los mismos términos que lo hacía Bin Laden".

El mismo día, en 70 periódicos de todo el mundo se reproduce la "Carta abierta a los antiglobalistas" del primer ministro Belga y actual presidente de la Unión Europea, Guy Verhofstadt, en la que expone su opinión sobre lo ocurrido en la cumbre del G8 en Génova: "A menudo, ustedes plantean las preguntas correctas. Sin embargo, ¿presenta ustedes las respuestas correctas? ...No tiene sentido estar a favor o en contra de la globalización sin espíritu crítico". En el mismo momento en que México denuncia la discriminación contra sus ciudadanos por ser confundidos con árabes, y la OMS alerta contra los efectos de la guerra bacteriológica, Verhofstadt pide una "globalización ética", un triángulo compuesto de libre comercio, ayuda y prevención de conflictos. Simplemente más del mismo remedio que no pudo combatir la enfermedad.

El humo de las Torres Gemelas puede llamar a la reflexión sobre la inutilidad de alimentar espirales de violencia cada vez más extendidas. Debajo de sus escombros están los cuerpos de las víctimas por las que en todo el mundo y en todos los credos se elevó una oración. Pero sepultadas allí, junto a toneladas de oro y plata, también las esperanzas de una paz duradera en todo el mundo. Así como el metal precioso puede ser encontrado y rescatado, también la paz puede ser desenterrada, solamente hay que emprender la dura tarea de entablar un auténtico diálogo entre las culturas.

Hubo enorme cantidad de socorristas voluntarios que se prestaron a la tarea de recuperar los cuerpos de quienes quedaron apresados entre las ruinas; y también hubo en todo el mundo infinidad de voces que se levantaron de inmediato para alertar sobre los peligros de implementar una política internacional basada en el "diente por diente y ojo por ojo". La voluntad de justicia, no es igual al deseo de venganza.

Revista Soles - Nº 81
Octubre de 2001

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