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Alfonsina
Storni
“Yo soy ya la mujer que vive alerta”
Por
Sandra Bianchi
En
mayo de 2002 se recordó el centenario del nacimiento de Alfonsina Storni,
la voz femenina que aparece en la moderna escena nacional. Tal vez la confusión
existente en la fecha de su nacimiento en la lejana Suiza —¿el
22 o el 29 de mayo de 1892?— desoriente a quienes podrían realizar
un merecido recordatorio puesto que no se han escuchado hasta ahora, planes
al respecto. Tiene una sólida presencia en el horizonte literario latinoamericano
y como se definiera a sí misma es “la primera mujer que escribía
versos con cierta originalidad”. En su intensa producción, es
más conocida la obra poética pero también escribió
teatro, piezas infantiles (se creó para ella una cátedra en
el Instituto Labardén) y fue colaboradora de los más prestigiosos
diarios y revistas del país.
La memoria
de todos los escritores consagrados goza, con el paso del tiempo, de un sitial
alcanzado. La sola mención de su nombre, incluso para el público
no especializado, suscita algún marco de referencia para ubicar al
personaje en cuestión. Pero ese lugar en las reminiscencias colectivas
suele tener sus deudas, puesto que fácilmente se rotula y se parcializa
el acercamiento a una producción literaria.
Evocar a Alfonsina Storni supone un tópico, casi poético a pesar
de la tragedia: una mujer “vestida de mar”, en busca
de descanso o de “poemas nuevos”.
En el otro extremo, se la relaciona con prácticas escolares: ¿quién
no ha leído en clase sus poesías o tuvo que buscar su biografía
como tarea? Ambas opciones, convertidas en metáforas cristalizadas,
no son desestimables para leer el triángulo que dibujan su vida-escritura-muerte.
El poema “Voy a dormir” (1938) es un texto de clausura: ”Dientes
de flores, cofia de rocío/ manos de hierbas, tú, nodriza fina/
tenme prestas las sábanas terrosas/ y el edredón de musgos encardados”.
Clausura la vida y la literatura de Alfonsina pero destaca la voluntad de
escritura. En Mar del Plata escribe su thánatos, en ese poema-despedida
que entrega al diario La Nación, que lo publicará el día
después de su fallecimiento.
A
pesar de que su muerte tiene cierto halo, sus motivaciones no son desconocidas.
En 1935 le extraen con éxito un bulto que se descubre en el pecho,
pero rehúsa la terapia con rayos. Pocos meses antes, su amigo, Horacio
Quiroga, había tomado la misma decisión que la aguarda: “Morir
como tu Horacio en tus cabales/ y así como en tus cuentos, no está
mal;/ un rayo a tiempo y se acabó la feria...”. Como en
este fragmento, los semas de muerte, a través de enunciaciones suficientemente
explícitas o de diversos tropos, están diseminados en una diacrónica
pista de lectura.
Resultan muy indiciales tanto sus títulos como los versos, especialmente
la premonitoria simbología del mar, “Vale acaso la pena /soportar
esta vida cortísima y cruel” (1916); “Oh, mar,
(...) ya me fatiga esta misión de rosa (...) dame el inefable empeño
de tornarme soberbia, inalcanzable“ (1919); “Yo soy la
mujer triste/ a quien Caronte ya mostró su remo”. (1925);
"Avanza ferozmente/ tren, y acaba conmigo”; “Ved mi bella
persona distendida en la tabla / Cuando exhausta, agotada, ni se mueve, ni
habla/ pues cedió ya mi pecho cuanto zumo tenía.”
(1938).
Una estrofa muy significativa de sus “Poesías inéditas”
es paradigmática respecto de esta polaridad constante con la vida:
“No me abandones vida que yo quiero/ mirar mejor mi alma, comprenderla.
Si mañana se vuela con la muerte, nada sabré de mi ...”
La actividad poética es un camino hacia el conocimiento. Alfonsina
interroga a su cuerpo y su alma, se desdobla, autoreflexiona. Estos textos
permiten una lectura con doble mirada. El yo lírico se repliega en
una consciente indagación personal, que se refleja en la cuidadosa
selección léxica ... “Hay en mí la conciencia
de que yo pertenezco al Caos y soy sólo una forma material”
... así como se puede observar la espontánea locuacidad de un
discurso que recuerda al automatismo, donde fluyen sin tamizar , las marcas
de la inseguridad, el silencio, la soledad, el desamparo ”... que
un no ser, que es más ser, doblado, / prendido estás aquí
y estás ausente/ por praderas de magia y de olvido”.
El correlato de esa subjetividad escindida es la visión del cuerpo
fragmentado: bocas, labios, lenguas, ojos, manos, carne, uscan una identidad
ordenadora transitando la retórica del erotismo. Con diversos matices
se sigue la evolución de sus imágenes sensuales, desde las etéreas,
cargadas con elementos de la naturaleza: “amor alado y cálido
de rosas” hasta las más pasionales “quiero un
amor feroz de garra y diente / que me asalta a traición a pleno día
(...) quiero un amor que sea una tormenta / que todo rompe y lo renueva todo”.
Con este registro introduce el universo del imaginario femenino. Sus percepciones
son compartidas por otras escritoras de su tiempo. En conjunto se las señala
como precursoras, transgresoras de su género y de la escritura, Delmira
Agustini, Eugenia Vaz Ferreira, Dulce María Loynaz, Juana de Ibarbourou,
Gabriela Mistral. Con estas últimas se reúne en 1938 en la Universidad
de Montevideo, Uruguay para dar una famosa conferencia, donde hacen pública
“la confesión de su forma y la manera de crear”.
Publicó
siete libros de poemas: "La inquietud del rosal" (1916), "El
dulce daño" (1918), "Irremediablemente" (1919), "Languidez"
(1920), "Ocre" (1925), "Mundo de siete pozos" (1934) y
"Mascarilla y trébol" (1938), además, una "Antología
poética" (1938) que contenía poesías inéditas
y un libro de poemas en prosa, "Poemas de amor "(1926), en los que
fue construyendo su pasaje literario del posmodernismo a la vanguardia. La
imagen de la rosa, se registra desde una primera etapa, que abarca sus tres
poemarios iniciales, caracterizada por la subjetividad romántica y
los ecos del modernismo. Ocre es un libro de transición y a la vez
de plenitud poética. En tanto en sus últimos textos expresa
sus preocupaciones con una imaginería distinta, compleja y vanguardista
que roza por momentos el hermetismo.
La palabra liberadora vertebra todo su itinerario. En "Languidez (dedicado
“a los que como yo, nunca realizaron uno solo de sus sueños”)
declara en una advertencia o prólogo que “otra ha de ser
mi poesía de mañana” si consigue desprenderse de
sus angustias, si se procura a sí misma tiempo y tranquilidad para
la escritura. Como contraparte de la fertilidad creadora que aparece en sus
primeros escritos en Mundo de siete pozos, las “palabras degolladas
/ caídas de mis labios / sin nacer / estranguladas, vírgenes
/ pesadas de deseos / henchidas ...” connotan sus deseos abortados
por fuerzas que no puede manejar.
Las experiencias exaltadas, la pasión amorosa, el reclamo perpetuo
para con el sexo opuesto, el tono intimista y el desengaño acompañaron
la vida y la letra de esta mujer que proyectó una figura, cuyo costo
fue insostenible para sí misma.
Revista
Soles - Nº 87
Mayo 2002
www.solesdigital.com.ar
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