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Discepolín, en el 2001 también

Por Fermín Chávez
Ilustración: Rubén Borré

DiscepoloConocí de cerca a Discépolo, y hablé con él, en la segunda mitad de 1950, año memorable para muchos de nosotros y de quienes sobrevivimos. Yo era entonces un imberbe de 26 años y recién había publicado mi primer libro de poemas.

¿Y por qué ocurrió el encuentro?. Una noche en que se reunió la Peña de Eva Perón, presidida por la Dama de la Esperanza, ella se refirió al próximo estreno de "La fierecilla domada" en el Teatro Nacional Cervantes, con la dirección de Enrique Santos Discépolo. Y expresó su preocupación por la abundancia del texto shakespeariano. Como en la mesa estaba nada menos que Juan Oscar Ponferrada, Evita lo miró y le dijo: “Ponferrada, le voy a hacer un pedido. Creo que hay que alivianar algunos parlamentos de «La fierecilla» y usted es el más indicado para esa tarea. Y que Fermín lo ayude en el trabajo. Pero hablen primero con Discépolo para conocer su opinión”. Y obedecimos.

Una tarde fuimos con Juan Oscar al teatro Politeama, donde Discepolín ensayaba "Blum". Nos recibió en su camarín, vestido con ropa muy liviana y sin abotonar. Nos impresionó su flacura: un esqueleto en camisón. Allí, con Osvaldo Miranda de testigo, escuchamos al artista y filósofo, que nos dio su parecer. Y bueno, después acortamos a Shakespeare. Casi nada. Pero habíamos sido autorizados por dos grandes espíritus vinculados con la escena. Digamos, de paso, que aquella dirección de la obra nombrada ha sido injustamente echada al olvido.

Aunque no ejerciera en los claustros universitarios Discépolo fue un filósofo, y está más vivo que nunca en las letras de sus composiciones. Lo que predijo para el año 2000 sigue teniendo vigencia en el 2001. Alguna vez expresó:

"En tu mezcla milagrosa de sabihondos y suicidas / yo aprendí filosofía, dados, timba / y la poesía cruel / de no pensar más en mí".

Allí está él en “¿Qué sapa, Señor?” y en “Cambalache”. Recordemos un poquito algo suyo de 1931:

"La tierra está maldita / y el amor, con gripe, en cama. /La gente, en guerra, grita, / bulle, mata, rompe y brama. / Al hombre lo ha mareao / el humo al incendiar / y ahora, entreverao, / no sabe adónde va. ......../ ¿Qué sapa, Señor, que todo es demencia?"

Cuando el inolvidable Irineo Fernando Cruz estaba preparando el Congreso Nacional de Filosofía de 1949 un grupo de colaboradores le preguntó: “Doctor, ¿invitó al primer filósofo de la Argentina?”. Cruz los miró interrogante y les nombró a las figuras máximas de aquí. Y los muchachos lo sobraron y le observaron: “Se ha olvidado de Discépolo, doctor”. De esto que relato hay testigos vivos. No es un cuento.

Revista Soles - Nº 75
Abril de 2001

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