|
Discépolo:
El profeta de la anomia argentina
Por José Enrique Miguens
Ilustración:
Carlos Nine
Hace
muchos años que vengo sosteniendo, contra los positivistas, que para
comprender a fondo la realidad social de un país hace falta recopilar
buena información (cosa que no aportan nuestros sociólogos),
pero sobre todo hace falta un gran corazón, un gran amor al propio
país y una gran experiencia de la vida.
Esto
lo tenía Enrique Santos Discépolo del que celebramos
los 100 años de su nacimiento. Y uno de sus grandes aciertos de interpretación
de nuestra realidad lo obtuvo con su gran tango “Cambalache” de
1935. Porque en este, no solamente describe acertadamente la desintegración
de la sociedad argentina, que los sociólogos denominan técnicamente
“anomia”, sino que apunta certeramente a las causas que la provocan.
Sociólogos
argentinos y extranjeros hace rato que diagnostican que nuestra sociedad está
en estado de “anomia aguda”. Este término, adoptado del
griego por Emilio Durkheim, uno de los pilares de la Sociología, define
a una sociedad desintegrada en la cual no rigen las normas de conducta y los
patrones de comportamiento que mantienen la convivencia pacífica entre
sus miembros y su integración como sociedad. Esto da lugar a una sociedad
desorientada que no sabe cuál es su conveniencia ni hacia donde dirigirse,
con individuos que se pelean para sacarse ventajas unos a los otros caiga
quien caiga, en desmedro de su propia sociedad. En esta situación todos
estamos envueltos y todos nos perjudicamos, por eso canta acertadamente Discepolín:
“Vivimos revolcaos en un merengue/ Y en el mismo lodo/ todos manoseaos”.
Aunque muchos se nieguen a aceptarlo, nadie escapa de esta situación
sociocultural, todos estamos adentro.
Lo malo
es que para Discépolo esto fue característico de todo el siglo
XX entre nosotros. “Pero que el siglo XX es un despliegue/ de maldá
insolente/ ya no hay quien lo niegue”. Maldad insolente es la que
se exhibe impúdicamente a los ojos de todos nosotros, porque ha desaparecido
la crítica y el control social como vemos hoy con los Senadores nacionales
coimeros que olímpicamente siguen sancionando leyes apoyados por el
resto de encubridores. ¡Discépolo no se hacía ilusiones
cuando nos anunció que en el año 2000 las cosas seguirían
igual!
La definición
que hace de la anomia no puede ser más precisa. “Hoy resulta
que es lo mismo/ ser derecho que traidor/ ignorante, sabio, chorro/ generoso
o estafador.../ ¡Todo es igual!/ ¡Nada es mejor!/ Lo mismo un
burro/ que un gran profesor”.
Parece
que hubiera previsto el drama del Dr. Favaloro (científico internacionalmente)
maltratado por pinches burocráticos mediocres enquistados en cargos
públicos. O el increíble caso del Prof. Dr. Juan Antonio Mazzei
ganador por concurso del cargo de Director del Hospital de Clínicas,
que fue obligado a renunciar por personal de maestranza y servicio impulsados
por el Contador Shuberoff que vive a costa nuestra como Rector de la Universidad
de Buenos Aires. “Es lo mismo el que labura/ noche y día
como un buey/ que el que vive de los otros/ que el que mata, que el que cura/
o está fuera de la ley...”
Sólo
hacía falta condensar la anomia en una valoración moral: "¡Qué
falta de respeto,/ que atropello a la razón!/ Cualquiera es un señor/
cualquiera es un ladrón/.../Igual que en la vidriera/ irrespetuosa/
de los cambalaches/ se ha mezclado la vida...”. ¡La Argentina
es un gran cambalache donde todo está en venta a cualquiera, a precios
de liquidación!
Revista Soles
- Nº 74
Marzo de 2001
Notas relacionadas:
Discepolín,
en el 2001 también
Discépolo
y Manzi: Buscadores de conciencia
Discépolo:
De la irrupción de lo sagrado en el mundo
www.solesdigital.com.ar
|