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El fútbol según Fontanarrosa

Por Mariano García
mariano@octubre.org.ar

Fotos: Gisela Grunin

Fontanarrosa

Desde Soles Digital le rendimos homenaje a Roberto Fontanarrosa, recordando esta entrevista de 1998, previa al Mundial de Francia, donde el genial escritor y humorista despunta su pasión de toda la vida: el fútbol. Un reportaje a uno de los escritores que (a través del humor) mejor ha logrado unir esos polos opuestos que habitualmente (desafortunadamente) parecen ser el fútbol y la literatura. Su pasión Canalla puesta sobre el papel, en una charla donde las letras simpre tienen forma redonda.

Hincha se nace (o se hace)

¿Cómo fueron tus primeros contactos con el fútbol?

Podemos arrancar de la cuestión de por qué alguien se hace hincha de un equipo, que es como el primer contacto con el tema. No es extraño sentirse un poco envuelto por el fútbol en una ciudad como Rosario, que es esencialmente futbolera y muy virulenta, porque hay nada más que dos clubes y mucha rivalidad. En el caso mío, paradójicamente, mi viejo no era un fanático del fútbol, sino del básquet. Aparentemente jugaba muy bien, en una época en que los partidos terminaban 12 a 8 y sacaban del medio cada vez que hacían un tanto. O sea que mi viejo no me llevaba mucho a la cancha. Tampoco era muy definido como hincha, pero estaba más cerca de Central que de Newell´s porque mi viejo era una especie de “peronista emocional”, e históricamente Central ha sido el equipo del pueblo y Newell´s el de las clases altas; aunque ahora está todo mezclado. De todas formas, había un entorno familiar de hinchas de Central.

¿Quién te llevó por primera vez a la cancha?

Mi viejo, porque yo le hinchaba las pelotas para que me llevara alguna vez. A él mucho no le entusiasmaba; a pesar de que veía muy bien el fútbol, porque era un tipo muy analítico (después fue técnico de básquet). Ahí uno se da cuenta, porque yo lo repetí con mi hijo, que se debuta en partidos que no son importantes -me acuerdo que fui a ver Central y Tigre-; nunca te van a llevar a un clásico. Después, en la escuela primaria, que ahí es donde creo que brota todo, yo tenía a mis amigos más cercanos que eran todos hinchas de Central. Había dos hermanos a los cuales el padre los llevaba invariablemente a la cancha de Central, y entonces me empezó a llevar a mí también. Ese fue el primer contacto concreto como espectador.

FontanarrosaVos dijiste alguna vez que si habría que ponerle música de fondo a tu vida, serían los relatos de los partidos de fútbol...

Yo creo que eso corresponde un poco a la cultura de todos los argentinos futboleros. Ahora tal vez los chicos crecen con la televisión y el relato de la televisión, pero históricamente lo que uno recuerda son las transmisiones de fútbol por radio. Incluso cuando era muy chico y no escuchaba los partidos, pero siempre los domingos estaba la radio prendida, lejos, y uno escuchaba como el “cantito”. Y a mí me tranquiliza escuchar fútbol... (risas)

¿Cómo?

No es que me tranquiliza, me pone muy nervioso escuchar partidos de Central porque no ves lo que pasa y siempre parece que las jugadas son de peligro. Pero si yo estoy pasando estaciones en la radio y de golpe encuentro una transmisión de fútbol que yo no esperaba, es como que me da la tranquilidad que todo anda bien... en el mundo.

¿Tu hijo también es así?

A Franco no le gusta el fútbol (tiene 15 años). Él hace Tae Kwon Do, por ejemplo, y toca música, le gusta mucho la música. Y yo los fines de semana lo veo tan tranquilo, mientras yo sufro como un pelotudo por la cuestión de Central, que por ahí lo envidio. De todas maneras, cuando ya pasan dos domingos sin fútbol te empezás a dar cuenta que la vida es un aburrimiento, que no tiene sentido.

¿Cómo manejás ese fanatismo?

Yo me doy cuenta que con los años las manías y las locuras se acentúan, es mentira que uno se convierte en más sabio. Yo no se si sufro más ahora con Central que cuando era chico, a veces me pregunto “¿cómo puedo ser tan pelotudo?” Creo que si no se entiende que esto es una pasión, y las pasiones son bastantes inexplicables, no se entiende nada de lo que pasa en el fútbol.

La pluma y la pelota

¿Cuándo empezás a unir tu pasión por el fútbol con tu actividad como escritor?

En el año ´72 o ´73, cuando escribí unos cuentos que fueron bastante experimentales (publicados actualmente en el libro “Los trenes matan a los autos”), aunque no sé por qué se me ocurrió escribir sobre temas relativos al fútbol.

¿Eran cuentos humorísticos?

No expresamente humorísticos. Te diría que en el librito ese había como una pretensión humorística, pero la mayoría de los temas eran bastante dramáticos. Eso fue lo primero que escribí sobre fútbol, pero eran cuentos con muy poca estructura. Después empecé a escribir con más continuidad. Lo que yo nunca tuve previsto era desembocar en esto de acompañar a la Selección y escribir las notas de la Hermana Rosa (NdR: mentalista experta en errar pronósticos sobre los partidos). En realidad, no te voy a decir que sean casuales las cosas que se dieron en el trabajo mío, pero no fueron buscadas. Porque esto de las notas del Mundial empieza con una artículo que Clarín me pide cuando Colombia le gana a Argentina 5 a 0 acá en el Monumental. Esa nota se publicó en el diario El Tiempo de Bogotá; y entonces Cambio 16 de Colombia me propone que yo vaya al Mundial (de Estados Unidos ´94) a escribir ese tipo de notas, pero siguiendo a su selección.

Es curioso que el personaje principal de esas crónicas sobre fútbol fuera una mujer.

Por eso te digo que fue todo muy casual. Cuando después clasificó Argentina, yo me dije “no voy a ir al Mundial a seguir a Colombia”. Entonces lo comenté con Clarín y me propusieron ir con ellos. Pero ni ellos ni yo sabíamos lo que iba a hacer. Y como tuve que empezar a escribir desde mi casa, giré la cosa a algo muy de ficción, muy inventado, con personajes que iban apareciendo. Dentro de esos personajes había una mentalista, que sintetiza algo que a todos los periodistas serios les gustaría hacer pero no lo hacen, porque son realmente serios, que es decir “va a ganar tal equipo con goles tal...”. Dentro del grupo de periodistas yo empecé a notar que me preguntaban sobre lo que había dicho la Hermana Rosa, si había acertado o no; entonces me pareció que podía hacer crecer ese personaje. Yo en un principio no tenía ni idea de cómo iban a ser las notas. Lo que traté de plantear de arranque era que no sea todo ficción: yo cuento cosas reales que pasan, o arranco de cosas reales, como pedacitos de un partido o cosas que me hayan impresionado de algún jugador, pero no entro en la parte técnica.

Esta nueva actividad ¿te cambió la manera de ver el fútbol?

No es que cambie, te crea otra preocupación. No por el análisis técnico o táctico del partido, sino por el hecho de que el partido termina y hay que salir corriendo a escribir la nota. Y durante el partido se te junta el cagazo habitual y el hecho de tener que mandar la nota. Pero para un tipo que le gusta el fútbol es un laburo bárbaro.

¿Para vos es diferente escribir sobre fútbol que sobre otros temas?

Es un ámbito donde yo me siento seguro, salvo que hable sobre una faceta muy profesional del fútbol -que muy pocas veces lo hago-. Casi todos mis relatos son del fútbol amateur, escribo más como hincha que como jugador, y en todo caso como jugador de picado, de potrero. Pero es un tema que indudablemente me gusta y me siento cómodo. Tengo permanentemente el sonido del fútbol, la forma de hablar de la gente del fútbol.

¿No es poco proporcional la producción literaria argentina acerca del fútbol, teniendo en cuenta lo que significa en nuestro país?

Sí, es poco proporcional. Ahora se está acortando un poco esa distancia, en parte por la proximidad del Mundial, que siempre genera todo este tipo de cosas, pero también porque hemos descubierto que se puede escribir sobre fútbol, y se pueden escribir cosas interesantes sobre un tema que a muchos nos gusta. Pero es cierto que no es proporcional. Yo te diría que la “alimentación” que uno tiene de lecturas sobre fútbol es de los periodistas deportivos. Me acuerdo de haber leído a Dante Panzeri, a Pepe Peña, y reconocer diferentes estilos y esas cosas. Pero en general todo el lenguaje que uno tiene es de los periodistas, no de los cuentistas o novelistas. Yo leí pocas cosas de fútbol, que además me hayan gustado, fuera del periodismo deportivo.

Aparte, los grandes de nuestra literatura como Borges, Cortázar...

... Aparentemente ellos no tenían conexión ni gusto por el fútbol. Ésa es una de las cosas que charlaba con los de siempre: Sasturain, el Gordo Soriano... Tal vez sean antagónicos desde el punto de vista de a qué dedica uno el tiempo: por ahí mientras uno se la pasaba mirando partidos de fútbol o yendo a jugar, los otros se dedicaban a escribir y leían a Tolstoi. Entonces sería como algo lógico que algunos se hayan volcado por la literatura y los otros por el fútbol. Yo llego a escribir sobre fútbol a través del propio fútbol, no a través de la literatura. No soy un tipo que estuvo siempre en la literatura y de pronto me digo que sería lindo escribir sobre fútbol. Al revés, soy un tipo apasionado por el fútbol que he tenido una práctica de escritura a través de las historietas, de trabajar en publicidad, que me parecía que me habilitaban para contar algo sobre, en este caso, fútbol. Es posible que sean caminos distintos. Yo en algún momento decía que así como muchos crecieron tratando de ser Cortázar, yo crecí tratando de ser Hermindo Onega.

Fontanarrosa

Sociedad futbolera

Gran parte de tu novela “El área 18”, transcurre un país africano (llamado Congodia) donde toda la sociedad se basa en el fútbol...

Yo tenía la idea del fútbol como reemplazo de la guerra. Que hubiese disputas entre dos países, que en lugar de jugar por un asado hacían un partido para ganar territorios o por lo que fuera.

Pero luego el fútbol abarca a toda la sociedad.

Al principio, yo tenía muchas dudas sobre en qué nivel poner esa idea, que eso pasa muchas veces y es difícil encontrar el tono. Porque también tenía la posibilidad de que en lugar de ser un país ficticio, fuera un pueblo chico o un barrio, lo que me daba la posibilidad de jugar con algo que a mí me gusta mucho que es el lenguaje coloquial argentino-futbolero. Pero eso no me daba posibilidad de delirio, con lo otro tenés la posibilidad de arrancar para cualquier lado, te da más libertad. Lo demás fue apareciendo sobre la marcha, no había intención de hacer una especie de “literatura de anticipación” de hasta donde podía llegar el fútbol.

¿Qué influencia tiene el mundo del fútbol en el resto de tu obra?

Creo que el tema pasa por otro lado. Hay algo que siempre me decía mi viejo -y por eso me hubiese gustado que mi hijo hiciera no fútbol, sino algún deporte de conjunto-, que es que el juego de conjunto te enseña mucho. Ahí vos conocés el tipo que es generoso, el que es egoísta. Es como dice el Flaco Menotti: son pequeñas sociedades. Desde ese aspecto, es una buena enseñanza y hay influencia de todo eso en la personalidad de uno. Por ahí aprendés que se gana y se pierde, sabés que en otros órdenes de la vida te puede ir bien o mal al igual que en un partido de fútbol. Aparte, el país colabora con eso. Es tan permanente la temática del fútbol, se incorporan tantas frases del fútbol al lenguaje cotidiano, que todo queda muy impregnado.

Revista Soles - Nº 45
Junio de 1998

Informe especial: Fontanarrosa

Informe especial: Fútbol y Cultura

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