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Marechal: El drama y la ironía
Año Gaudí 2002 en Buenos Aires
Gaudí insólito
Texto
y fotos : Mariano
García
mariano@octubre.org.ar
Este año se celebra el 150 aniversario del nacimiento del genial Antoni Gaudí (1852-1926), original e innovador arquitecto catalán que ha dejado en la ciudad de Barcelona lo más relevante de su legado, y cuyo prestigio ha ido aumentando con el paso del tiempo. Para conmemorar este importante aniversario y difundir en el mundo su obra, entes oficiales como el Institut de Cultura de Barcelona y el Ayuntamiento de dicha ciudad, han lanzado el Año Internacional Gaudí. En Buenos Aires, la primera exposición ha sido inaugurada en el Centro Cultural Borges, y podrá visitarse hasta fines de mayo.
El
Año Internacional Gaudí
Nacido en Reus (Tarragona), Antoni Gaudí hizo de Barcelona
su ciudad por adopción, construyendo allí sus edificios más
emblemáticos, y que hoy son de visita obligatoria para todo turista
que llega a la capital de Catalunya. En la actualidad, Barcelona y Gaudí
son términos complementarios, no se puede pensar a uno sin el otro.
Es por esto que los entes culturales y de turismo de la ciudad celebrarán
durante este, el Año Internacional Gaudí, el aniversario 150
del nacimiento del arquitecto. Con el objetivo de dar a conocer los aspectos
más conocidos de su obra, y otros que pasan desapercibidos, la Casa
de Turismo de Barcelona está organizando eventos culturales y promocionales
en España, Inglaterra, Italia, Francia, Portugal, Alemania, Holanda,
Suecia, Suiza, Noruega, Estados Unidos, Chile, Uruguay, Australia, los Emiratos
Árabes, Sudáfrica y Argentina.
Para saber más sobre el Año Internacional Gaudí, admirar
sus obras y saber dónde se localizan, se puede consultar el sitio de
internet www.gaudi2002.bcn.es.
La
muestra en el Borges
La exposición inaugurada en abril en el Centro Cultural Borges (Viamonte
y San Martín, Galerías Pacífico), que puede visitarse
hasta fines de mayo, es el primer evento con el que nuestra ciudad se suma
al Año Gaudí. Consta de una serie de gigantografías de
sus obras más destacadas, como el Parque Güell, el templo de la
Sagrada Familia, la casa Battló, entre otras.
Lo mejor de la muestra es la sección dedicada a las fotografías
de la artista argentina Raquel Bigio, sobre una de las obras más significativas
de Gaudí: la Casa Milà. Además, la muestra se completa
con dibujos sobre detalles de su obra, y textos ilustrativos del proceso de
construcción.
Consultados por Soles, autoridades de la Casa de Catalunya en Buenos Aires
dijeron que se tienen previstas otras exposiciones en el año, pero
que todavía no están confirmadas ya que es difícil conseguir
reproducciones y material de calidad para exponer, porque están circulando
por distintas ciudades del mundo.
Un estilo único
Por lo
insólito y artístico de su estilo, Gaudí no perteneció
a ningún movimiento arquitectónico en particular, ni tampoco
fundó una escuela a futuro. Sus discípulos y seguidores trabajan
a partir de sus planos y maquetas, pero no lo imitan, y en las carreras de
arquitectura es considerado de manera casi marginal. En sus edificios se pueden
encontrar elementos del gótico, del barroco y del modernismo, entremezclados
con insinuantes curvas y líneas surrealistas.
En él influye un movimiento de apertura y búsqueda de la arquitectura
europea del siglo XIX, en el cual se retoma el estudio de la Edad Media y
se presta especial atención a la red ornamental propuesta por el Art
Nouveau. Este eclecticismo encontró en el pasado arquitectónico
medieval de Barcelona, con su atrapante Barrio Gótico lleno de ornamentos
y detalles, un motivo de inspiración.
Hacia el final de su vida, el arquitecto catalán se acercaba cada vez
más a la naturaleza, sus estructuras se vuelven orgánicas y
se asemejan a formas vegetales, como puede verse en la Sagrada Familia o en
el Parque Güell. En cierta ocasión, preguntó a los visitantes
de su taller: “¿Quieren saber dónde he encontrado
mi ideal? Un árbol en pie sostiene sus ramas, éstas sus tallos
y éstos las hojas. Cada parte aislada crece en armonía, sublime
desde que el artista Dios la concibió”.
Sus
principales obras
En la obra de Gaudí conviven formas monumentales con pequeños
detalles, una lógica constructiva y sentido funcional de la arquitectura,
con las artes, oficios y tradición artesanas. Sus edificios son de
una originalidad tal que dejan perplejo a quienes los visitan, gracias a la
exhuberancia de sus siluetas anticonvencionales y coloridas. Uno de sus grandes
mecenas fue el patricio D. Eusebi Güell i Bacigalupi. Para él
construyó el Palau Güell y el impresionante Parque Güell
(1900-1914).
Asombrado por los modelos paisajísticos que había observado
en Inglaterra, Güell le propuso a Gaudí la construcción
del parque. El proyecto original comprendía la realización de
un suburbio-jardín con carácter residencial, pero la experiencia
fracasó econonómicamente, pues se vendieron apenas dos parcelas,
una de las cuales las compró el propio Gaudí para establecer
allí su casa (hoy museo). El Parque Güell permanció como
jardín privado hasta que en la década del ‘20 los desendientes
de Don Eusebio lo cedieron al Ayuntamiento para que sea un parque público.
En la actualidad, puede accederse mediante escaleras mecánicas que
ascienden hasta el tope de la colina donde se ubica. Desde allí se
tiene una vista panorámica de la ciudad, con la Sagrada Familia sobresaliendo.
Sus glorietas y caminos de piedra se confunden con la naturaleza, y en su
terraza principal bancos decorados con mosaicos y eculturas sirven de descanso
para los visitantes. También es un lugar ideal para que los aerobistas
de la ciudad vayan a entrenar, y para que los turistas se sorprendan al encontrar
algo nuevo a cada vuelta. En el Museo Gaudí se pueden ver muchos muebles
diseñados por el arquitecto, y hacerse una idea de cómo vivía.
Sobre
el Passeig de Gràcia, ya en el centro de la ciudad, se ubican a pocos
metros de distancia la Casa Batlló (1904-1906) y la Casa Milà
(1906-1912).
La
Casa Batlló llama la atención por sus formas redondeadas y por
las texturas de su frente, que han hecho que muchos viesen en ella formas
animales, como patas de elefante en sus columnas, o el lomo escamado de un
dragón en el tejado. En el frente, sus balcones curvados parecen de
arcilla, y dibujan flexibles pliegues como si estuvisen adosados al muro.
El edificio se aprecia en su plenitud al caer el sol, cuando la iluminación
verdosa que se refleja en los pequeños discos cerámicos de la
fachada lo hacen lucir como si fuese una joya en medio de la calle. Este es
un exponente claro de la modernidad en la arquitectura de Gaudí. Como
en otros casos, no construyó la casa desde los cimientos, sino que
reformó una ya hecha. Levantada en 1877, era uno de los edificios más
convencionales y aburridos de la zona, y a pedido de los Batlló, una
familia burguesa fabricante de tejidos, Gaudí lo rediseñó
y creó algo totalmente nuevo.
En los interiores, Gaudí diseñó también el mobiliario,
además de darle un tratamiento escultórico a las chimeneas y
demás interiores.
Por su parte, la Casa Milà, conocida popularmente como “La Pedrera”,
es una de las obras que mejor caracterizan la arquitectura de Gaudí.
Por sus irregularidades y ondulaciones, la construcción se asemeja
a una superficie arenosa. Como él mismo señalara, constituye
la expresión más firme de la voluntad romántica anticlásica
de naturalizar la arquitectura (a la inversa del Parque Güell, donde
se arquitecturiza la naturaleza).
La Casa
Milà fue su última obra civil antes de dedicarse por completo
a la Sagrada Familia. En ella Gaudí propone una paradoja: un edificio
naturalista, que a la vez recopila todas las formas a través de las
cuales se hizo famoso. Con esta obra se cierra una etapa de la historia de
la arquitectura que había empezado en el Renacimiento, dando origen
al estilo arquitectónico del siglo XX.
Otra obra curiosa es El Capricho (1883-1885), nombre que responde a la voluntad
del cliente, don Máximo Díaz de Quijano, que deseaba una casa
de soltero. Se alza en una pequeña zona verde de Comillas (Santander),
con elementos medievales y orientales. Las decoraciones en azulejos y la gran
torre en forma de minarete acentúan el estilo árabe e hipano
medieval, al igual que los pequeños balcones salientes de las esquinas.
El único reconocimiento oficial que Gaudí recibió a lo
largo de su vida fue por la Casa Calvet (1898-1899), que mereció una
mención honorífica por parte de la ciudad. Construida para el
fabricante de tejidos Pedro M. Calvet, era una típica casa burguesa
en la que Gaudí comenzó a experimentar con ideas que lograría
definitivamente en la Casa Batlló.
Finalmente,
el Templo Expiatorio de la Sagrada Familia, el símbolo de Barcelona,
el lugar más visitado de la ciudad. A pesar de su imponente monumentalidad,
es una obra que todavía se encuentra en construcción.
La construcción se inició en 1882, sobre un proyecto encargado
al arquitecto Francesc de P. del Villar que contemplaba tres naves, siete
capillas en el ábside y una aguja de 85 metros. Al año siguiente,
por discrepancias con los promotores, Francesc del Villar se aparta del proyecto
y Gaudí es nombrado arquitecto del templo. Le dedicaría más
de 40 años, a patir de 1914 ya de forma exclusiva, hasta su muerte
en 1926.
El proyecto de Gaudí, impulsado por un gran donativo anónimo,
planteó un nuevo conjunto de planta basilical, de cinco naves con un
crucero de tres y un cimborio de 170 metros de altura, con predominio vertical.
El crecimiento de los campanarios del Templo fue lento, ya que los recursos
económicos eran limitados. Gaudí solo vio terminados el campanario
de San Bernabé de la fachada del Nacimiento, y los otros tres muy adelantados.
Cuando el genial arquitecto muere atropellado por un tranvía, en 1926,
el Templo padece su mayor pérdida. A pesar de esto, la construcción
del Templo no se detiene. En 1929 se terminaron los campanarios restantes
de esta fachada, a los que se le sumará en 1933 la linterna de la Fe
y el Ciprés central. En julio de 1936, con el alzamiento militar y
el comienzo de la larga Guerra Civil, un grupo revolucionario quemó
la cripta, las Escuelas y el obrador de Gaudí, con la pérdida
de planos y parte de sus modelos de yeso a escala.
Entre 1939 y 1940, el arquitecto Francesc Quintana restauró la cripta
quemada y las maquetas, a través de las cuales hoy se continúa
la obra. En 1954 se inició la construcción de la fachada de
la Pasión. En 1977 quedaron levantados los catro terminales de los
campanarios de esta fachada. La fachada de la Pasión es una vedadera
obra de arte monumental en donde se representa mediante esculturas la Pasión
de Jesucristo, que se lee en sentido ondulante de abajo hacia arriba. Las
esculturas son obra de Josep M. Subirachs.
El plan general y los estudios detallados del proyecto de Gaudí, basado
en el uso de innovadoras formas geométricas naturalistas, son el material
a partir del cual los arquitectos del Templo continúan las obras hoy
en día. Se han construido ocho de los doce campanarios de las fachadas
dedicados a cada uno de los apóstoles, de más de 100 metros.
Quedan por construir los cuatro campanarios de la Fachada de la Gloria, el
cimborio central de 170 metros en honor a Jesucristo, la torre de la Virgen
María (125 metros) y las de los cuatro evangelistas. Están acabadas
las bóvedas de la nave principal, y actualmente se trabaja en la zona
del crucero, los transeptos y el ábside. Se estima que hacia 2030 podría
concluirse tan magnífica obra.
Construido bajo el concepto de Templo Expiatorio, se ha financiado desde el
principio exclusivamente a partir de limosnas y donativos particulares y así
sigue siendo hoy. Los vistantes tienen acceso a gran parte del templo, todavía
sin cerrar, a excepción de los lugares donde se está construyendo.
Escoltado por dos hermosos parques, este templo debe verse una y otra vez
para seguir encontrando en él detalles llenos de simbolismo, formas
animales y vegetales en sus frentes, hermosos mosaicos y finas decoraciones
barrocas que se mezclan con el espíritu gótico de sus arcos.
Se puede subir a los campanarios, mediante estrechas y empinadas escaleras,
y desde allí ver de cerca las decoraciones y terminaciones casi artesanales,
con la ciudad de fondo y los ruidos de las obras en permanente trajín.
Esta fue la obra máxima de Gaudí, aunque es imposible ya pensarla
como obra de un solo hombre. Han colaborado para que continúe su contrucción
un gran número de arquitectos, artistas, trabajadores y donantes. Como
reza el lema de la junta constructora, es “obra de Gaudí, obra
de todos”.
Revista
Soles - Nº 87
Mayo 2002
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