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Carlos
Gorriarena
Brillante
amalgama de color y forma
Por
Jorge Glusberg

El Arte
Político iniciado por Antonio Berni en la década del 30 no responde
a consignas en sí y por sí. No copia la realidad: la cuestiona
y hasta la reprueba. Es decir, atañe al fenómeno político
que es la vida social, con independencia de las organizaciones y los factores
establecidos para regirlas.
Uno de
los máximos representantes de esta tendencia es Carlos Gorriarena,
quien realiza su primera muestra individual en 1959. En esta etapa hace una
pintura de tipo naturalista. Luego, bajo el impacto que en él han producido
el Grupo CoBrA y la neofiguración argentina, desquicia en sus telas
las apariencias humanas para alegar las realidades sociales: ojos, manos,
piernas, brazos, adquieren formas repelentes, azarosas, entreveradas como
si estos fragmentos procedieran de un estallido bélico, metáfora
de la vigilia armamentista y la crueldad patética. Pero el estallido
es también el de la materia pictórica, detonado por la arrebatada
gestualidad del artista.
Entre
1971y 1982 se da la fase plena del Arte Político. Sus imágenes
desgarradoras traducen el clima de persecuciones, secuestros torturas y asesinatos
que ahoga el país. Es un universo sombrío, aciago, violento,
que Gorriarena explora con la fuerza de la indagación y el espíritu
del dolor. A partir de 1983, y con el advenimiento de la democracia, abandona
el examen de los poderes institucionalizados para abordar los poderes oficiosos
que también pesan en la marcha de la sociedad. Acude a la ironía
y el sarcasmo para mostrar un universo frívolo consumista e insensible,
en sus telas, color y forma se amalgaman en un hecho único.
Revista
Soles - Nº 76
Mayo de 2001
Notas
relacionadas:
Carlos Gorriarena: Arte e identidad nacional
Carlos Gorriarena: Putear con el color
Gorriarena:
el grotesco como crítica
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