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Marechal: El drama y la ironía
Entrevista
a Hugo Mujica
Literatura de sabiduría
Por Sandra Bianchi

El vacío y sus poéticas
¿Por
qué Orfeo, San Juan de la Cruz, Paul Celan son los poetas que eligió
para integrar Poéticas del Vacío?
La idea era tomar autores que radicalmente trabajan la idea del vacío
como lugar de lo posible y no como lugar de lo imposible o de la ausencia.
Para que acontezca la novedad hay que correr lo ya dado. Lo nuevo tiene
que abrirse espacio entre lo viejo y ese abrir espacio se llama crisis y
cuando está abierto, se llama vacío. El vacío es toda
situación donde la supuesta linealidad de nuestra vida se rompe.
Es una construcción necesaria para funcionar, pero a la vez, esa
construcción ahoga otros posibles y de vez en cuando la vida, la
historia rompen ese tejido con el cual mas o menos la controlamos. Esa ruptura
es la posibilidad y la flexibilidad precisamente para la novedad. El escritor,
el poeta, es el que permanece allí donde no hay nada, con la apuesta
que algo va a acontecer, como esperando la novedad. Creo que autores como
Juan de la Cruz trabajan con la radicalidad de Dios como idea de la nada,
de lo ya conocido y lo mismo Paul Celan u Orfeo, con la idea de que al perder
a Eurídice, ese vacío lo tiene que llenar con el canto y ahí
nace la poesía.
¿Cómo lo concibe, como un libro de poemas, como un
ensayo o un cruce entre ambos?
Yo diría que tengo libros de poemas y libros de ensayo y cada vez
los dos se reúnen más en la poesía. Pero Poéticas
del vacío lo concebí con la idea de un libro en el cual yo
tengo una concepción inicial - para mí eso es un ensayo- y
después lo desarrollo. El contenido de esa concepción inicial
necesita y busca un lenguaje poético por su hondura o su flexibilidad.
Pero es poesía cuando el tema está al final y no al inicio.
Yo diría que es un ensayo pensante dicho poéticamente. Creo
que mis libros cada vez más rompen las fronteras de géneros.
Incluso hay un juego con lo espacial, por momentos encontramos lo
que es tradicionalmente prosa, por momentos poesía.
Sí, es fundamental la espacialidad, la diagramación. Mi libro
anterior de ensayos, Flecha en la niebla fue el primero en el que se me
quebró el lenguaje y empezó a buscar esta forma más
poética. Incluso tiene páginas en blanco, con la idea de que
el lenguaje se disuelve y pide una espera y también le pide una espera
al lector. Yo creo que la diagramación tiene la intencionalidad de
complicar anímicamente a una determinada forma de lectura, versus
la lectura consumista que tenemos, que es la idea de terminar el libro.
Me parece muy interesante el trabajo con las voces de otros autores,
a modo de epígrafe o cita.
Y de texto mismo. Yo creo que más que cita están incorporadas
como texto, se insertan como continuidad, es como entramado. La cita normal
es para avalar un texto. En vez acá están para aunar, yo diría,
mi familia; son invitados. Son esa gente con cuyas voces yo estoy escribiendo
y desde ahí digo mi voz. Para mí es como incorporar mis lecturas
al lector, es como un regalo.
Otro aspecto interesante es que usted se cita a sí mismo.
¿Es la “voz dentro de la voz” o “el devenir otro
dentro de sí”?
Uno se da cuenta de que lo que estaba diciendo ya lo había dicho
pero nunca en este contexto, entonces lo retoma, lo resignifica, creo que
una obra es así. En cuanto a lenguaje, en el libro anterior ya empecé
a citarme, a notar que determinadas cosas las había dicho en otros
poemas. Mis textos hablan mucho entre sí ... creo que mi obra es
muy obra, no son libros distintos. Creo que es esa idea que yo tengo muy
acuática de la obra, son las mismas palabras que retoman otras formas,
otros sentidos. Yo siento también que en mis libros lo valioso no
es la hilación sino una complicidad que se genera con el lector.
Creo que es del orden del acontecimiento más que del orden de la
linealidad o del aprendizaje. El lenguaje poético es del orden de
lo que pasa, no del orden de lo que dice, es más lograr una presencia
que presentar un pensamiento.
Lo que percibo es que al comienzo el libro está más
abigarrado en conceptos, palabras y al final se va despojando. Exige un
lector más atento y al final cede la tensión.
Sería lindo. En realidad los ensayos fueron escritos con el tiempo,
por separado, después los reuní a todos. Pero creo que la
intención fue esa, que termine con la idea del huésped, qué
le pasó al que se dejó habitar por el ese libro y si ese libro
lo expande más allá de sí.
Orfeo
en el origen
Cuando se refiere a Orfeo y a su canto que conjuga voces y a su
lira que pasa de poeta en poeta ¿también está reflexionando
acerca de la creación colectiva?
En realidad con esa idea de la lira que va pasando de mano en mano, apunto
a la idea de tradición no de ruptura. Así como digo que mis
libros no son libros sino que son una obra, también siento que la
poesía no son poetas sino es la poesía. Es la idea de un engarce
que lleva adelante una tradición. Es muy curioso porque todo poeta
lee poetas para escribir lo propio, entonces hay como una continua lectura
siempre de lo mismo. La tradición que es una y que está cifrada
en el lenguaje de todos.
¿Por eso también lee a Orfeo, no sé si decir
“a través” o que la lee “con” Blanchot, con
Rilke ...
... con Zambrano... Yo tengo el concepto que en todo tiempo existe todo.
Además cualquiera que viajó fuera de Occidente se da cuenta
que por ejemplo, el medioevo existe y que siempre hay una tradición
de este afuera, que no es el discurso oficial ni es la literatura oficial.
María Zambrano nunca fue un best seller. Hay una tradición
que siguió viva pero de costado y yo me inserto en esas voces. En
cuanto al tema de Orfeo, toda esta gente que yo frecuento lo ha tratado
y ha visto que todavía hay mucho por decirse de lo ya dicho en Orfeo,
en ese momento inaugural, que es el momento de la creación y ahí,
estaba Orfeo.
En un fragmento menciona que el poeta tiene “ausencia de” y
que cada uno debe nombrar su ausencia.
No es una ausencia en sentido psicológico sino una ausencia en el
sentido de que los hombres somos seres incompletos y lo que nos falta es
lo que nos es dado para crear. Entonces el relacionarse con lo que uno no
es, es la posibilidad de crear lo que uno siente que debe ser. La imagen
básica es la de Orfeo. Su ausencia es la del amor perdido y precisamente
por eso canta a esa pérdida y en ese canto está presente lo
perdido y por lo tanto ya no es pérdida sino presencia.
La
escucha, la creación
El epígrafe de Blanchot que inaugura el libro, plantea el
viejo tópico de la creación. ¿Cuál es su visión
al respecto: inspiración o trabajo?
La creación es inspiración, implica el hecho de que el nacimiento
o el germen de lo que va a ser el poema es algo que acontece, o sea uno
recibe ese momentito. Lo curioso es que para tener lo que uno recibió
tiene que hacerlo, es como el don. Como dice Juana de Arco “Peleemos
la batalla que Dios nos dió la victoria”. Lo creativo tiene
la cualidad de ir entonándose con el vacío, como estar escuchando
lo que no hay, a ver si dice algo nuevo. Después tenés que
apropiarte de eso, darle forma y a la vez hacer que esa forma no lo asfixie,
que pueda seguir vibrando a pesar de estar formalizado.
Entre Noche Abierta y Sed Adentro, sus libros anteriores, también
hay continuidad pero podría marcar algunas diferencias. En el primero
hay más ausencia y más lejanía y en el segundo, más
ofrenda y más acogida.
Podría ser. "Sed Adentro" es un libro más cálido
y a la vez más despojado, pero a la vez permaneciendo en lo abierto
hay más cercanía. O valga la paradoja -con la que trabajo-
que en la misma ausencia hay más presencia. Es un libro más
amable. Soy muy poco racional en lo creativo.
¿Será por eso que sus palabras, sus textos, tienen
un halo de sabiduría?
En España los trabajan sobre esa idea, de que son “literatura
de sabiduría”. Quizás la idea sería de que mi
pensamiento nunca se aleja ... como dice María Zambrano, “la
poesía no se aleja del temblor de las hojas”. Creo es que yo
estoy hablando de la vida todo el tiempo, aunque hable desde Heidegger,
por ejemplo, pero nunca he perdido esa intimidad con la vida y creo que
lo que pueda tener de sabiduría es una cierta capacidad de escucha,
el escuchar que tiene que decir la vida de lo que vive en mí y quizás
darle palabra a la vida. Eso podría ser del orden de la sabiduría
¿no? que me mantengo cerca de la vida, no del funcionamiento. La
idea de la cercanía me gusta, el pensamiento no tiene que dejar la
cercanía de las cosas para que hable de la vida.
¿Y cómo se mantiene en contacto con la cercanía
de las cosas? Porque es difícil, con todo lo que nos rodea.
Tengo esa experiencia de vida, la de los siete años que viví
en un monasterio. Fue como haber salido con un pulmón extra, como
un espacio mayor entre la realidad y yo.
El monje vive la vida del hombre de campo, se levanta a la hora que se levanta
el paisano, que habla cuando hay algo que decir. Es la vida llevada a la
desnudez de la vida. Realmente yo creo que en los monasterios es dónde
se sigue manteniendo el arte de vivir, la vida monástica es muy bella,
que no era para mí para siempre. Yo te diría que también
hay que aprender a vivir, creo que es un arte de la vida.
La mística, la utopía
Hay una focalización especial por aquellos elementos que
en la cultura occidental tienen una marca negativa: el vacío, la
espera, el silencio, que se resignifican en su poesía.
Sí, Occidente está hecho sobre el poder, la voluntad y lo
lleno. Toda la tradición que yo frecuento es la que Foucault llamaría
“el pensar del afuera”. Es el pensar desde los fragmentos, de
la ruptura de la totalidad que es Occidente, pensar desde esos lugares que
la razón no logra cubrir. La intermitencia, que llamaba Benjamín.
Nuevamente, esos momentos de vacío, donde aparece otra cosa que lo
lleno del consumo. Realmente lo que estoy todo el tiempo diciendo es la
posibilidad de la alteridad. El ser humano es fundamentalmente alteridad
y desde la recepción, obra. No que obra “sobre” sino
obra “desde” y ahí entra el silencio como lo opuesto
al parloteo, entra la pasividad frente a la voluntad. Quiero recuperar eso
que es la experiencia creativa, desde el vacío, la pasividad, el
silencio y la soledad.
También hay algunos semas que se repiten en sus libros que
tienen resonancias religiosas o bíblicas, partir el pan, la ofrenda
y muchos más que trascienden esa resonancia para exaltar su aspecto
poético.
En realidad son todo el acervo de las cuatro o cinco cosas básicas
de la vida antes de esta maquinaria que armamos. El pan es fundamental tanto
para poder comer como para la religión, que tomó precisamente
lo más humano. Por eso la insistencia en la desnudez, la intemperie,
el despojamiento y la lluvia, todas son imágenes del exponerse, del
dejarse tocar por una alteridad. Me gusta mucho el “heme aquí”
de Levinas, que lo toma como imagen de la identidad en vez de decir “yo”.
También señala diferencias entre mística y
religión.
Si, lo religioso es del orden de lo ya captado por la mística, del
orden de lo simbólico, del orden de lo institucional, en el mejor
de los sentidos, pero de lo ya codificado y lo místico es del orden
del sentido antes de devenir significado.
¿Y cómo se relaciona con lo institucional?
Muy bien. Yo siempre tuve la idea y lo corroboré de que en todos
lados hay muchísima más libertad que la que uno quiere. Yo
creo que la libertad es la posibilidad de inaugurar. Uno puede decir “no
se puede hacer nada, la iglesia es así, el país es así”.
Por ahí, inaugurás un espacio y te dás cuenta que los
demás están contentos. Yo siempre avancé inaugurando
libertad y siempre fue aceptada. Uno siempre espera la libertad que ya hay,
porque uno espera la libertad de opción no la libertad de creación.
¿Le interesa hablar de política?
Tengo flujo y reflujos. Hay épocas que me intereso muchísimo
y otras que no. Sé y eso lo tengo clarísimo, que no es la
palabra última. Por otro lado interviene la justicia que es un valor
ético y trascendente pero a veces, tampoco se soporta tanta política.
Realmente es un lugar denso y donde el mal reina, habrá excepciones,
pero obviamente es un lugar horrendo. No nos damos cuenta hasta que punto
estamos condicionados. Esa idea, de que se han apropiado de nuestro discurso
porque es de lo que continuamente hablamos. Por eso siempre esta necesidad
de encontrar afueras porque está todo adentro.
Uno
de los ensayos reflexiona sobre la utopía. ¿Cuál es
el lugar de la utopía, valga la paradoja, en este mundo, en este
que país que vivimos hoy?
La utopía hay que crearla. Lo que a nosotros nos pasa es que venimos
de un trauma utópico, nuestra utopía dejó treinta mil
desaparecidos y mucha más gente muerta. Por eso no podemos desligarnos
- además por la claustrofobia del sistema- de pensar utopía
como política. Mientras que la humanidad tuvo muchísimas otras
utopías, desde la belleza a la santidad. La utopía es precisamente
la posibilidad de otra cosa que lo ya dado pero para eso necesitamos salir
de la idea de que la Historia es la palabra última, el criterio último
de realidad. Tenemos que entender que también hay una ética
que juzga la Historia. Pero por ahora estamos en esa claustrofobia y la
única idea que tenemos de utopía es la perdida. Necesitamos
salir de ahí y pensar una utopía que no tiene por que ser
política. Si abrimos otro espacio grande, nosotros mismos dejaremos
de darle el poder que tiene, que es omnímodo.
¿Por ejemplo, la solidaridad, que parece que recién ahora
se hubiera descubierto?
No sé si la solidaridad, pero sí la idea de pertenencia. La
idea de que al menos todos padecemos lo mismo y por eso nos parecemos. Lo
que decía Camus en El hombre rebelde “Me rebelo, por lo tanto
somos”.
¿Cuál podría ser entonces la utopía?
La utopía concreta es la posibilidad de soñar una imagen mítica
y valores en torno a los cuales contarnos y hacer una nueva historia. Toda
cultura nació con imágenes y valores que la gente los sintió
atractivos como para ponerse de acuerdo. Así nació desde Israel
a toda cultura. Nuestra cultura actual es una utopía. Fue la cultura
de los ochenta, no fue la mía pero fue la que ganó y se impuso
como realidad. Alguien soñó con un mercado que se autorregulaba
y todo aquello, que en teoría era lindo y con eso lograron seducir.
Una utopía es algo que nace de muchos no de uno o en todo caso siempre
aparece quién da palabra a lo que está pasando o quien logra
plasmarlo. Como digo en el libro, los individuos soñamos sueños
pero una comunidad sueña utopías.
Revista
Soles - Nº 90
Agosto de 2002