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Entrevista a Marcus
Miller
“Hay
que cuidarse de no convertir al jazz en algo parecido a la música
clásica europea”
Por Mariano
García
mariano@octubre.org.ar
Fotos:
marcusmiller.com

Qué
mejor para introducir a Marcus Miller que hacerlo con las palabras del gran
Miles Davis, que lo tuvo como músico sesionista y productor durante
casi diez años. En su autobiografía escrita en 1989, el legendario
trompetista dice sobre él: “Marcus era el mejor bajista
que yo había tenido desde tiempos casi inmemriables. Encima era simpático
y divertido, hacía que todos en la banda nos sintiéramos relajados;
un buen elemento para tenerle cerca, maduro y muy interesado en la música.
Tocaba cuatro o cinco instrumentos: guitarra, bajo, saxo, piano y otros
varios. A Marcus le llovían ofertas, pues era considerado uno de
los mejores músicos de estudio de Estados Unidos: todos querían
que tocase en sus álbumes. Intervenía asimismo con frecuencia
en los campos de la producción, la composición y el arreglo
(...) Marcus tiene en el estudio tal concentración que impresiona.
Es realmente una de las personas más reconcentradas que he conocido.
No se le escapa nunca nada y puede trabajar todo el día y toda la
noche sin que su concentración se resienta (...) Y lo mejor es que
se lo pasa bomba mientras trabaja, festeja tus chistes, escucha tus historias,
tiene a los que están con él sueltos y relajados. Pero hace
la grabación (...) Es un tipo divertido, que consigue que mi vena
humorística salga a la luz.”
El
9 de noviembre de 2001, Marcus Miller se presentó por primera vez en
la Argentina con su banda. En esta entrevista con Soles, anticipó su
show; analizó la actualidad de su música, sobre su pasado como
mano derecha de Miles Davis, y nos dió su visión sobre el futuro
del jazz.
¿Cómo
será tu show en Buenos Aires?
Vamos
a tocar temas de “M Square” , de “Live & More”,
algunas de “The Sun Don´t Lie”. También canciones
de otra gente, como Miles Davis, David Sanborne; nuestro repertorio es cambiante.
Estuve escuchando “M Square”, y creo que es tu disco más
funk.
Sí, estoy realmente contento cómo salió. Tiene un sonido
más cerrado, muestra mi lado más funk.
A partir del disco “The Sun Don´t Lie”, tuviste
como invitados a una verdadera Selección de músicos. ¿Con
cuál te gustaría trabajar y todavía no pudiste hacerlo?
Estuve esperando mucho tiempo para poder tocar con Herbie Hancock, y finalmente
en “M Square” tuve la oportunidad de hacerlo. También me
encantó poder trabajar con Djavan, estoy muy feliz de que haya colaborado.
Ahora ya no pienso tanto en a quién invitar, me concentro más
en la música, que es la mejor manera de hacerla.
Ya que mencionaste al brasileño Djavan, ¿cuál
es tu acercamiento a la música latinoamericana?
Escucho mucha música latinoamericana, en particular de Brasil. Pero
la gente me manda grabaciones sin nombre, así que no sé exactamente
qué es; pero siempre estoy escuchando algo. ¿Vos a quién
me recomendarías de Argentina?
¿En jazz?
Sí.
Podría nombrarte a Luis Salinas...
¡Ah, sí! Me encanta su música, es un gran guitarrista.
Tommy (Li Puma) me mandó el disco que le produjo (NdR: “Salinas”,
de 1997), y suena hermoso.
El
hombre orquesta

¿En
qué aspectos de tu carrera sentís que tenés más
reconocimiento? ¿Como productor, arreglador, músico sesionista
o como solista?
Yo trato de encontrar un equilibrio, y hacerme cargo de diferentes áreas.
¿Y cómo encontrás tiempo para hacer todas esas
cosas?
Es duro, man. Ese es mi reto mayor: arreglármelas con el tiempo.
Es como si vivieras dos o tres vidas al mismo tiempo...
Exactamente. Es un trabajo duro, pero está bueno, porque me mantiene
ocupado y con energías.
Para la gente que todavía no te conoce en la Argentina, ¿cómo
te definirías en una sola oración?
Uh, man... (piensa)... Un músico, con todo lo que eso significa.
Pero sos más que sólo un músico.
Para mí un músico es alguien que crea música. Como productor
yo creo música, también como arreglador. Todo lo que hago tiene
la misma finalidad: crear música.
Yo veo tu música más como una evolución que como
una revolución. Nunca hay cambios radicales entre un disco y otro,
pero siempre se nota un crecimiento.
Estoy de acuerdo. Simplemente intento seguir creciendo, así que cuando
escuchás un disco de hace diez años, te das cuenta que sí
ha habido un gran cambio, pero nunca viste cómo sucedió.
Los
años con Miles Davis
En los años en que empezaste a trabajar con Miles, ¿te
sentías una persona privilegiada?
Sí,
definitivamente fue un honor para mí. Yo era joven, y estaba ansioso
por poder aprender la mayor cantidad de cosas de él, y así lo
hice.
¿Qué significó para vos compartir todos esos
años con él?
Significó mucho para mí, porque me dio la oportunidad de conocer
a un montón de gente, y me dio mucha libertad para desarrollarme como
músico, como compositor y como productor.
En su autobiografía, Miles escribió que vos fuiste su
mejor bajista que él pueda recordar.
(Se ríe tímidamente) Sí... fue muy amable en decir eso.
No sé, quizás se lo haya dicho a todos. Pero lo que sí
sé es que él siempre se llevó muy bien conmigo, y siempre
apreció en serio mi talento; en ese sentido fui muy afortunado.
En el libro no habla tan bien de todos, pero siempre se refiere a
vos de la mejor manera.
Él era realmente “cool”. Decía que yo le hacía
recordar a él de joven, y ese es el mejor cumplido que pueda hacerme.
¿Es verdad que tenía tan mal carácter, como se
dice?
Con cierta gente sí, conmigo no. Con la gente que él consideraba
su familia, era más divertido. Ésa es la mejor manera de describirlo,
divertido, porque siempre nos hacía reir. Pero si no te conocía,
y hacías algo equivocado, definitivamente ibas a conocer su lado malo.
¿Qué hubiese sido de tu música si Miles no te
contrataba en aquella época?
Quizás no hubiese descubierto un montón de colores que ahora
tiene mi música. Con Miles yo era libre para experimentar con un montón
de cosas que normalmente no hubiese intentado; diferentes armonías
que ayudaron a desarrollar mi estilo.
Mirando
hacia adelante
¿Por
qué pensás que la fusión entre jazz, funk y hip-hop que
hacés no es tan aceptada por el “mainstream” (corriente
central del jazz) como lo fueron otras fusiones en el pasado?
Realmente no puedo decírtelo. Pueden ser muchas razones: políticas,
comerciales...Lo único que puedo hacer yo es seguir con mi música.
En tu disco “Tales” decís que el jazz y el hip-hop
son casi la misma cosa, pero la mayoría de los jazzistas no lo ven
así.
Ya
sabés como son las cosas. Algunos se sienten cómodos donde están,
y no pueden ver más allá de las paredes que los encierran. Mucha
música estuvo siempre muy conectada, pero es difícil de verlo
para cierta gente. Pero sé que muchos músicos que vivieron la
época del be bop, como Quincy Jones, que dicen ‘ey, el hip-hop
me hace recordar los viejos tiempos del be bop’; y eso es porque ambos
tienen la misma energía. La única diferencia es que para tocar
be bop hay que practicar en serio. Para ser un músico de jazz debés
dedicarle un montón de horas a tu instrumento. El hip-hop no se centra
tanto en la técnica, tiene que ver más con el sentimiento. Diferencias,
y también parecidos.
Cuando trabajás con baterías programadas, scratches
y otras tecnologías, ¿cómo hacés para encontrar
el balance y no excederte en el uso de la electrónica?
Nada más tenés que encontrar qué es lo que para vos suena
bien. He escuchado discos en los que el hip-hop sobrepasa al jazz, o el jazz
tira abajo al hip-hop. Yo sólo trato de encontrar mi propio balance.
¿Qué es el jazz para vos?
Es improvisar, y ser capaz de cambiar una canción cada vez que la tocás.
Eso es lo que trato de mantener en mi música. Los otros elementos que
uso, ya sean del hip-hop, del R&B, sonidos de latinoamérica o del
caribe, son para que la música pueda crecer y cambiar.
Para muchos, vos no sos un músico de jazz, al menos para el
“mainstream”.
Es que no soy del “mainstream”, si eso significa seguir tocando
música de los ‘50 y los ‘60. Eso no es lo que yo hago.
Para mí, al menos que no se siga creciendo, y agregando nuevos sonidos,
el jazz se morirá. Hay que cuidarse de no convertir al jazz en algo
parecido a la música clásica europea, que representó
el momento más bello de la música, pero muchos años atrás.
Sería para lamentar, porque ahora mismo tenemos un montón de
hermosas oportunidades.
¿Pensás
que tu música puede llegar a ser el standard del futuro?
No puedo afirmarlo. Lo único que puedo hacer es tocar lo mejor que
pueda hoy, y que la gente la juzgue después.
¿Cómo ves el futuro del jazz?
Espero que siga vivo, que se sigan sumando cosas a su lenguaje, y así
pueda tener significado para los jóvenes. En Estados Unidos está
el peligro de que el jazz se aleje de los jóvenes, y se convierta en
una música para ser estudiada en la Universidad. Eso es una pena.
Revista
Soles - Nº 82
Noviembre de 2001
www.solesdigital.com.ar
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