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Marechal: El drama y la ironía

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Marechal: El drama y la ironía

Por Gabriel Tejerina

Descreo de los homenajes tardíos o prematuros; que no se signan en la voluntad de encontrar un nuevo sentido del homenejeado, descubrir su esencia. A cien años del nacimiento de Marechal, tienen que aparecer los ecos que sangren y pongan donde debe estar este escritor: en el recuerdo hecho pulso, latido y sentido absoluto.

"Y no había lágrimas en nuestros ojos, ni pesadumbre alguna en nuestros corazones; porque dentro de aquel ataúd sencillo (cuatro tablitas de madera) nos parecía llevar no la carne de un hombre muerto, sino la materia leve de un Poema concluido…" Así nos abre su novela"Preámbulo Necesario" este escritor inclasificable e inmenso, de lo mejor de la literatura universal; que supo fusionar el drama metafísico con la ironía ramplona, y aveces también sufrida, de un fatalismo barrial. Su obra es extraña, compleja, abusiva y trepidante. Si tuviera que decir el sentimiento que me embargó durante toda la lectura de Adán BuenosAyres tendría que hablar de éxtasis, impacto y desconcierto.

El Adán es un laberinto primitivo: raíz y esencia del hombre, una epopeya que busca indagar el sentido último de las actitudes, un manifiesto colosal en la búsqueda de nuestra identidad como seres humanos. Marechal, el bueno de Leopoldo, nos tomará de la mano y nos hará cursar un trazado terrible y no pocas veces abominable, nos descifrará un espejo para que encontremos nuestro propio reflejo en esa caminata por un Buenos Aires que se ha vuelto latido y significado de lo absoluto.

El barrio de Saavedra o un linyera no forman parte de esa ciudad transformada (también sirve para el Banquete de Severo Arcángelo; en la figura de ese fundidor de Avellaneda, convertido en anfitrión, amo y omnisciente de un banquete claustrofóbico y absoluto, donde se dan vuelta los roles y se confunden todos los extremos), sino como un elemento indivisible de todo hombre: un chorro de sangre convulsionada y desafiante a no quedar coagulada, pero tampoco a huir disparada y sin conciencia de su herida.

Hombres travestidos en globos, con carga de condena a ser flotaciones eternas sin cuestionamientos y sin rastro, o corredores que son castigados a girar en pistas, que son rodeadas por gradas que están vacías y así lacerar a su orgullo y vanidad acuñada en esa Buenos Aires (o donde sea) cuando era una ciudad común de cemento y sudor, son algunos de los seres que habitan en esta fauna mitológica marechaleania; que forzará el recorrido de un bumerán que nos dará de lleno en nuestra fibra, pero no con fin destructivo, para borrarnos, sino para redimirnos en una experiencia de shock, que nos habrá dejado presintiendo ser de una esencia diferente, más humana y sabia.

Me redescubro en sus novelas, reconozco que toda su obra es sostenida, sus poemas alcanzan una sensible y privada voz para aclarar los tantos, pero nada como estos derroches de prosa para lograr que mi mente se compenetre y aprehenda un nuevo orden establecido, un espacio geográfico relleno con un aire u oxígeno que se impregna y devuelve en creación y fantasía.

Revista Soles - Nº 72
Diciembre de 2000

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