| Entrevista
a Adolfo Pérez Esquivel, Premio Nobel de la Paz 1980
“Cuando
los pueblos se asumen como protagonistas, pueden transformar la historia”
Por
Mori Ponsowy
Adolfo
Pérez Esquivel es, sobre todo, un activista que busca “ser
una voz para los que no tienen voz”. Pero también es uno
de los teóricos de la no-violencia más importantes en el mundo.
Gracias a sus ideas y al trabajo del Servicio de Paz y Justicia, entidad que
contribuyó a crear, la doctrina de resistencia pacífica se ha
convertido en una importante fuerza en América latina. Arquitecto y
escultor, tras haber recibido un amplio reconocimiento nacional e internacional
por su actividad artística, a raíz de una crisis espiritual
en 1971 se unió a los seguidores de Gandhi y de la no violencia. Cuando
los responsables del golpe militar de 1976 comenzaron una política
de represión sistemática, él contribuyó a la formación
y el afianzamiento de los lazos entre organizaciones populares que defendían
los derechos humanos y apoyaban a las familias de las víctimas. Fue
arrestado en 1977 y mantenido preso por 15 meses sin ser enjuiciado. En 1980
recibió el Premio Nobel de la Paz por haber “sido una luz
que brilla en la oscuridad” durante un período de terrorismo
y represión. En esta entrevista, nos da su opinión sobre los
acontecimientos de diciembre y el futuro de la Argentina.
¿Cómo describiría usted la situación que
se vive en la Argentina y que llevó al estallido social de diciembre?
Es una situación de profunda crisis, de pobreza, de exclusión,
de deterioro, de falta de recursos para la vida del pueblo. Se ha frenado
la capacidad productiva del país con las graves consecuencias sociales
que llevaron a los estallidos de diciembre. Antes en la Argentina no había
chicos abandonados, se había superado el analfabetismo y las enfermedades
endémicas; hoy todo eso ha recrudecido. Tenemos una deuda externa inmoral
e ilegítima que agobia la vida del pueblo. Hay una especulación
financiera y una voracidad de las grandes empresas que ganan miles de millones
de dólares pero que no dejan nada en el país. Y lamento decir,
en mi doble condición de ciudadano argentino y español, que
algunas de esas empresas son españolas. Por si eso fuera poco, tenemos
una Corte Suprema de Justicia totalmente condicionada al menemismo y una dirigencia
política que no está al servicio del pueblo, sino de sus propios
intereses. Vivimos una situación de indefensión jurídica
total. Lo único que el pueblo puede hacer es reaccionar reclamando
sus derechos, tal como lo hizo, pacíficamente. Pero hubo infiltrados,
sectores que aprovecharon para saquear e incitar a la violencia.
¿Usted
se refiere a sectores organizados?
Sí. Algunos hablan de los carapálidas, de sectores de quebrachos,
de grupos extremistas. Esto no es lo que quiere el pueblo. La gente salió
a protestar a la calle con sus hijos. Y una familia no sale con sus hijos
para exponerlos a la violencia.
¿Piensa
que las primeras protestas fueron espontáneas?
Pudo estar mezclado. Hay gente desesperada que no puede alimentar a sus hijos.
¿Qué pueden hacer cuando no hay ayuda del estado? Pero esto
no se arregla con asistencialismo, sino a través de políticas
sociales.
¿Cómo
se llegó a este estado de cosas?
La situación se viene arrastrando desde la época de la dictadura,
cuando no sólo hubo represión, muerte, desapariciones y torturas,
sino que todo eso se hizo para implantar un plan económico y un sistema
de dominación sobre el pueblo cuyas consecuencias sufrimos hoy. El
terrorismo de estado ejercido entonces por los gobiernos de facto estuvo íntimamente
relacionado con la instauración del terrorismo financiero. Después
vinieron los gobiernos constitucionales que profundizaron el problema con
la política de ajuste, la capitalización, las privatizaciones
de las empresas del Estado. A todo esto hay que agregar que en el país
ha habido un alto índice de corrupción y de impunidad jurídica.
Sobre la impunidad es imposible construir un proceso democrático.
¿Qué
grupos se han beneficiado con la crisis del país?
Hay muchos intereses detrás de todo esto. Hay una gran concentración
de la riqueza en pocas manos que han desangrado al país. Reina el terrorismo
económico, el capital es especulativo, no productivo. El día
de las manifestaciones en Plaza de Mayo la bolsa aumentó el 15% por
la especulación financiera. ¿Cómo puede ser que durante
una crisis en la que hay un desbande total, un desgobierno total, la bolsa
aumente 15 puntos? Debemos buscar un mecanismo de control de esa voracidad
financiera que no deja nada, que a todo le pone precio, y valor a nada.
El
pueblo pidió la renuncia de De la Rúa y de Cavallo y la consiguió.
¿Cree que se va a ganar algo con esto? ¿Hay ideas claras dentro
del partido que ahora tiene el poder, un proyecto orgánico de país,
un programa económico viable?
No. El peronismo es una bolsa de gatos peleándose entre ellos por cuotas
de un poder que se les escurre entre las manos. No sólo carecen de
un programa de gobierno, sino que gran parte de lo ocurrido en el país
se lo debemos a ellos. El pueblo no quiso al gobierno saliente, pero tampoco
quiere a este otro.
Pensando
en las elecciones de marzo, ¿cree que alguno de los partidos políticos
actuales presenta alguna viabilidad de poder como para modificar la situación
que estamos viviendo?
De los partidos mayoritarios, ninguno. La respuesta tendrá que venir
de las organizaciones sociales. Hay una serie de grupos que se fueron desmembrando
del peronismo y del radicalismo que están buscando otra opción.
Ahora no tienen una fuerza partidaria y habrá que ver cómo la
pueden construir pues muchas veces las cosas vienen tan aceleradas que la
dinámica de los acontecimientos supera la capacidad organizativa.
Usted
afirma que el justicialismo no tiene un proyecto de cambio y que los grupos
que menciona no están organizados como para llegar a gobernar el país
en este momento. La sociedad se encuentra atomizada. ¿Cuál es
la salida? ¿Qué podemos esperar en el corto y mediano plazo?
Es una gran incógnita. Habrá que seguir construyendo en lo social,
fortalecer la movilización y organización ciudadana a fin de
lograr que se respeten las necesidades de la población. Nos esperan
momentos muy duros y habrá que enfrentarlos con mucha fuerza, mucho
coraje, y mucha serenidad. Digo más: todo esto que está pasando
ahora en la Argentina se va a ir repitiendo en el resto de los países
latinoamericanos si no se toma en cuenta el problema de esta deuda inmoral
e injusta que agobia la vida de los pueblos.
¿Qué
opina de la suspensión de pagos de los intereses de la deuda externa
decretada por el presidente Rodríguez Saá?
La sensatez aparente del planteo de suspender la cancelación de intereses
para negociar una reprogramación de los pagos es patear para adelante
una enorme bola de nieve y conlleva el peligro de seguir convalidando una
deuda que por su origen, funcionamiento y consecuencias es probadamente ilegítima,
injusta e ilícita. Alguien dijo alguna vez que si uno debe mil pesos,
tiene un gran problema, pero si debe diez millones, el problema es del otro.
El problema de la deuda externa debe llevarse a la Corte Internacional de
Justicia de La Haya para que dé su opinión sobre sus aspectos
jurídicos. Otra de nuestras propuestas es pedir una reforma urgente
del FMI y del Banco Mundial.
El
FMI le adjudicó al gobierno toda la responsabilidad de la crisis…
Ellos imponen las políticas y después se lavan las manos, pero
son totalmente responsables de lo que pasa en nuestro país.
Sin
embargo, no ha habido ningún país, aparte de la misión
dominicana en 1989, que haya presentado ante la Asamblea General de la ONU
la propuesta de llevar la cuestión de la deuda externa a la Corte de
La Haya.
Falta coraje, decisión. Porque lo mismo que sucede en la Argentina,
sucede en los demás países: están sometidos. Pero un
gobierno sometido y que no tiene el coraje de enfrentar las cosas no puede
gobernar.
¿Qué
piensa de la decisión de Rodríguez Saá de mantener la
convertibilidad?
La convertibilidad y la deuda externa son dos temas centrales. Se ha tratado
de mantener la paridad peso-dólar como una cosa sagrada, pensando que
de esa manera se frenaba la inflación, lo cual es falso. Se mantiene
por la voracidad de los grandes grupos financieros. Hay que terminar con esto
y para ello se necesita un gobierno con mucho coraje, con poder de decisión,
con políticas sociales y políticas de desarrollo. Un gobierno
que, lamentablemente, no tenemos.
El
estallido social de diciembre dejó un saldo de 26 muertos y 2717 detenidos.
Usted ha acusado al gobierno saliente por una represión policial desproporcionada
hacia los manifestantes. ¿Cree que podemos volver a vivir una violencia
similar a la de los años 70?
Estas situaciones son imprevisibles. A veces hacemos una lectura de la superficie.
Yo siempre hablo de los ríos subterráneos que pasan por debajo
de la tierra que tocamos. Y esos ríos son los emergentes históricos,
el caminar de los pueblos. Uno no los ve, pero en un momento surgen, como
surgió el alzamiento del Ecuador, como surgió Chiapas, o el
movimiento de los sin tierra en Brasil. Nadie esperaba en la Argentina que
esto sucediera con tanta fuerza, pero el pueblo está diciendo “basta”.
De esto deben tener una lectura serena y clara todos los sectores políticos,
como también la banca internacional, y el gobierno de los Estados Unidos
que está remilitarizando a América latina con bases militares
que instala a cambio de créditos. Nos quieren imponer el pensamiento
único y nosotros tenemos que responder a esto con el pensamiento propio,
fortalecer nuestras identidades, nuestras propias capacidades, desarrollar
la cultura y la educación para la vida de nuestro pueblo.
¿El
pueblo tiene alguna cuota de responsabilidad en la crisis de nuestro país?
El pueblo es responsable de la crisis cuando se queda como espectador y no
se asume como protagonista de su propia vida y constructor de su propia historia.
Los pueblos no pueden seguir creyendo que votar es vivir en democracia: votar
es un acto del hacer democrático, pero no significa la democracia.
La democracia supone derecho de igualdad para todos, y eso no existe entre
nosotros. Cuando los pueblos se quedan como espectadores pasa lo que nos ha
venido pasando. En cambio, cuando se asumen como protagonistas tienen la capacidad
de transformar la historia, de recrear la vida y la esperanza.
Revista
Soles - Nº 84
Enero / Febrero de 2002
www.solesdigital.com.ar
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