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Los
conceptos de "Pueblo" y "Nación"
en la propuesta de Unidad Latinoamericana
Por
Conrado Eggers Lan
Ilustraciones:
Cecilia
Ivanchevich
Naturaleza
y cultura
Para
discernir mejor el concepto de "pueblo" del de "población",
y el de "nación" del de "país", apelaremos
a una distinción que ha sido enfatizada desde el s. XIX, pero que deriva
de los primeros sofistas griegos, de mediados del s. V a.C.: la delimitación
entre "naturaleza" y "cultura". Pues ya Protágoras
decía que "la enseñanza requiere tanto del talento
natural (phýsis) como del ejercitamiento" (D. K. 80133);
y Antifonte, por su parte, cuestionaba la diferenciación habitual entre
"griegos" y "bárbaros", ya que, aducía,
"por naturaleza hemos nacidos todos similarmente en todo sentido;
todos, tanto griegos como bárbaros, respiramos por la boca y la nariz,
y comemos con la ayuda de las manos" (D. K. 87B44).
Es decir,
se comenzaba a descubrir que, además de lo que existe cuando nace el
hombre, existe, y como algo nuevo, lo que el hombre hace. Así, a grandes
rasgos, pues, podemos caracterizar a la "cultura" como la acción
específicamente humana y sus productos (desde un pequeño crimen
hasta la más excelsa obra de arte), a diferencia de los procesos meramente
orgánicos y físico químicos de toda índole en
que no entra en juego la mente humana.
"Población"
y "pueblo"
Veamos,
pues el concepto de "población": éste concierne a
la totalidad de habitantes de un lugar, aun cuando no exista otro rasgo en
común que el de co habitarlo, y el de poseer, mayoritaria o centralmente,
la misma lengua y quizás el mismo origen étnico. Hasta cierto
punto, entonces, podría considerarse la "población"
como un hecho natural o casi natural.
De acuerdo
con lo dicho, en cambio, "pueblo" configura una creación
cultural. "Pueblo", en efecto, designa una ligazón de los
habitantes de un país en torno a un objetivo común, un vínculo
que conlleva implícitamente una voluntad de acción, o directamente
un accionar conjunto. Esta diferenciación que hacemos implica cuando
menos la posibilidad de que no todos los habitantes de un lugar participen
o deseen participar en la persecución de una meta común.
Los
objetivos del "pueblo"
Aquí
ya debemos explicar, aunque sea del modo más esquemático, lo
que entendemos por "objetivos comunes" y por "meta común".
En términos generales, cabe afirmar que la meta común cuya búsqueda
liga entre sí a los integrantes del "pueblo" es la realización
humana, el ser más de cada uno y a la vez de todos, la humanización
cada vez más plena de los hombres. Un fin que es, pues, "metafísico",
porque atañe al ser del hombre; lo cual no remite a un ámbito
abstractamente misterioso, sino a lo que aquí describiremos como la
armoniosa conjunción de los siguientes objetivos:
- La
satisfacción de las necesidades humanas más elementales (de
alimentación, de vestimenta, vivienda, atención de la salud,
etc.);
- El
cumplimiento de un trabajo que permita desplegar al máximo posible
las aptitudes creativas personales, o que deteriore lo menos posible tales
aptitudes;
- La
disposición de un "tiempo libre" en el cual las aptitudes
creativas personales se desarrollen al máximo o se deterioren mínimamente;
en lo cual tenemos en cuenta la indicación de H. Marcuse (One dimensional
Man, Londres, 1964, p. 49, n. 38) de que en el s. XX existe en los países
industrializados más "tiempo de ocio" (leisure time) que
en el s. XIX, pero no más "tiempo libre" (free time), y
de que el "tiempo de ocio" es manipulado por los medios de comunicación
masiva de un modo que deteriora toda aptitud creativa personal;
- La
organización del país en una nación independiente,
en cuyas decisiones el hombre participe.
Esta enumeración
de objetivos que acabo de hacer es puramente taxativa, de ningún modo
cronológica o jerárquica.
Consciencia
de la meta común
Por supuesto,
no pretendemos que estos cuatro puntos sean asumidos explícitamente
en el proyecto vital de cualquier ser humano, sino sólo que es muy
probable que su postulación fuera admitida por la gran mayoría
de los hombres; y también que de hecho ya se encuentran presentes,
de un modo menos preciso y esquemático que el expuesto, en los anhelos
y pensamientos de la mayor parte de los individuos y de los pueblos.
Podría
argumentarse que el objetivo que mencionamos en cuarto término no es
patrimonio más que de una élite intelectual, extendido a los
demás sólo por un voluntarismo paternalista. Sin embargo, allí
donde los pobladores se arraigan buscan, por una necesidad bien concreta,
organizarse en sus esfuerzos comunes por afirmar su propia existencia en el
lugar; aun cuando, sin duda, la historia de la paulatina organización
de un "pueblo" es una cosa muy lenta y larga.
Y la consciencia
de los objetivos que hemos descripto puede ser más lúcida o
menos lúcida, más precisa o menos precisa; pero en la medida
en que esta consciencia sea común a los integrantes de un "pueblo",
proveerá a su accionar de una consciencia solidaria, una consciencia
que podríamos considerar ético metafísica, ya que promueve
la realización plena como meta de los actos.
"Pueblo"
y "nación"
Ahora
bien, la detención en el cuarto de los objetivos que enumeramos nos
lleva de la mano al concepto de "nación", dado que en ese
punto hemos subrayado el arraigo en un país y la organización
en una nación independiente. Pues un "pueblo" puede nacer
en el desierto, como los hebreos conducidos por Moisés en su marcha
a través del Sinaí; pero su primera meta es "arraigarse"
en un país, y a partir de allí "organizarse" para
el logro de los objetivos comunes. Por consiguiente, la diferencia entre los
conceptos de "país" y de "nación" reside
en que con "país" se tiene en mente un "territorio poblado"
o al menos "poblable" , en tanto que por "nación"
entendemos la organización de un "pueblo", arraigado en un
"país', a los fines de alcanzar solidariamente la realización
humana.
Al decir
esto no estoy identificando "nación" con "Estado",
por cierto. Mi intención no es ahora detenerme en el concepto de "Estado",
pero en cuanto toca a la definición que hemos dado, "Estado"
mienta el aspecto de "organización", mientras "nación"
se refiere al "pueblo" como sujeto que se organiza. En ese sentido,
podríamos decir que el concepto de "nación" implica
algo personal, en tanto el de "Estado" algo cósico: cabe
así decir que un "pueblo" tiene consciencia nacional, mientras
hablar de "consciencia estatal" sería absurdo.
"Pueblo"
y "anti pueblo"
Volvamos
ahora a la advertencia hecha sobre que el concepto de "pueblo" implica,
por definición, la posibilidad de que no todos los habitantes de un
país participen o deseen participar en la búsqueda de una meta
común. Inclusive, añadamos ahora, puede darse el caso de que,
dentro de la "población", haya "individuos" o grupos
que se opongan al proyecto nacional del "pueblo".
Abarcaremos
en el concepto de "no pueblo" a los individuos o grupos que, sin
oponerse a dicho proyecto, no participan ni desean participar del destino
común. Incluiremos, en cambio, en el concepto de "anti pueblo"
a los individuos o grupos que se oponen al "pueblo" en la consecución
de sus objetivos.
Estoy
plenamente consciente de los riesgos implicados en el uso de expresiones tan
esquematizantes como "no pueblo" y "anti pueblo"; creo
que vale la pena asumir tales riesgos, en vista de la operatividad que, una
vez precisados, veremos que ofrecen dichos conceptos, y que es sin duda mucho
mayor que la operatividad acreditada históricamente por conceptos como
el de "clase". No obstante, y para evitar excesivas cacofonías,
recurriremos a dos eufemismos, cuya intención espero no sea malentendida
como europeizante: "la Nobleza", para remitir a nuestro concepto
de "antipueblo"; y "el Tercer Estado", para denotar nuestro
concepto de "no pueblo".
Tratemos
ahora de delimitar más claramente estos conceptos. ¿Podemos
hacerlo en base a la cantidad, de modo tal que el "pueblo" fuese
la mayoría de la "población" y la "Nobleza"
una minoría? Sin embargo, de ser así, y teniendo en cuenta que
sin duda la "Nobleza" cuenta también con objetivos comunes
a sus integrantes —en vista a los cuales precisamente combate al "pueblo"—,
faltaría la distinción cualitativa.
En ese
sentido, bien decía Aristóteles que el número "es
accidental", y que lo que hace la diferencia esencial es que, en el caso
que él considera "correcto", se atiende "al beneficio
común", mientras en el de los que denomina "desviaciones";
se mira "a los intereses particulares" (Política III 5, 1279a
b). Extraemos esta indicación aristotélica del contexto en que
se halla, porque nos resulta esclarecedora para nuestro análisis.
En efecto,
en lo que concierne a la descripción que hicimos de los cuatro objetivos
que persigue el "pueblo", podemos advertir que cada integrante del
pueblo quiere o puede querer tales objetivos para todos los pobladores del
país. En lenguaje aristotélico, pues, lo que denominamos "pueblo"
quiere "el bien común". Pero la "Nobleza" no quiere
ni puede querer "el bien común", puesto que, por definición,
se opone a la voluntad del "pueblo"; el "bien común"
entraría en colisión con sus "intereses particulares ".
"Pueblo"
y "anti pueblo" en América latina
Voy a
ejemplificar con la experiencia que me es más familiar. Pienso, en
efecto, que ya resulta claro que, al hablar de "anti pueblo", no
estoy rotulando un fantasioso producto de laboratorio, sino mentando una realidad
tan concreta como cruda en América Latina, a saber, la oligarquía
ligada a los centros internacionales de poder financiero.
En relación
con los cuatro objetivos comunes que enumeramos como constituyentes del proyecto
de realización humana del pueblo, advirtamos que dicha oligarquía
podría condescender en la búsqueda del primero de ellos (la
satisfacción de las necesidades elementales), y quizá, en principio,
decir que no es cosa suya el logro del segundo objetivo y del tercero. Pero
jamás podría aceptar la aproximación al cuarto, el referido
a la organización de una nación independiente y a la participación
del "pueblo" en las decisiones, pues esto quebrantaría las
bases de su propio poder y de su misma existencia; y no sólo porque
la participación popular en las decisiones deterioraría su privilegio,
sino porque su poder sectorial se apoya esencialmente en la dependencia de
su país respecto de los centros internacionales de poder financiero.
Precisamente por eso, cada vez que la "Nobleza" ataca, lo más
probable es que en el bando de enfrente esté el "pueblo".
Si se
tuviese esto en claro, no se habría producido —ni persistiría—
ese fenómeno de autoengaño que hemos observado y seguimos observando
en la Argentina, donde los teóricos de la política se niegan
a hablar del peronismo como un movimiento popular —o, en el gobierno,
como un gobierno popular—, y prefieren calificarlo de "populismo",
pretendiendo negarle su condición de "pueblo" y presentándolo
como una aglutinación demagógica de una mayoría favorecida
sólo superficialmente. Cualquiera que eche una mirada a la historia
política argentina de los últimos cuarenta años puede
advertir que la oligarquía agropecuaria ligada a los intereses extranjeros
estuvo siempre en el bando opuesto al peronismo, y, en tal condición,
derrotada claramente por éste en todos los comicios y su vencedora
sólo merced a violentos golpes militares.
"Elite"
y "pueblo"
En este
punto, de todos modos, cabe señalar que el ser atacado por la "Nobleza"
no es por sí solo garantía de que el conjunto atacado sea el
"pueblo". Pues el ataque también puede desatarse sobre una
"vanguardia esclarecida" que desafíe a la "Nobleza"
en forma inclusive más clara y agresiva de lo que lo haría el
"pueblo", y se convierte entonces en chivo expiatorio, sea por el
temor de la "Nobleza" de que el brote sea epidémico, sea
porque ella se forja la ilusión de que está combatiendo a su
real enemigo.
En este
segundo caso, la ilusión es por partida doble, ya qué no sólo
la "Nobleza" toma a la élite por "pueblo", sino
que ésta también se ilusiona de que es "pueblo" o
que lo representa. Sin embargo, el "pueblo" jamás se forma
o actúa en base a una `vanguardia esclarecida': Y aquí sí,
para advertir la diferencia, cuenta el número, ya que esa "vanguardia"
es una pequeña minoría, en tanto el "pueblo" es siempre
mayoría.
De todos
modos lo esencial a éste sigue siendo la consciencia solidaria de los
objetivos comunes, sólo que estos objetivos también pueden ser
postulados por esa "élite ilustrada", y en forma más
marcada y explícita. Porque la consciencia que de sus propósitos
tiene un individuo suele ser más clara que la de una pluralidad de
individuos, máxime si ese individuo es intelectual y si esa pluralidad
es muy vasta (aunque la "sabiduría popular" es generalmente
más profunda y duradera, quizá por formarse con la lenta sedimentación
de las experiencias). Y este hecho origina que tal individuo o una élite
compuesta por tales individuos enjuicien el comportamiento del "pueblo",
y el grado de consciencia alcanzado por éste, dictaminando que la consciencia
del "pueblo" está aún inmadura o no existe.
En ese
sentido persiste hoy en día el voluntarismo liberal de la filosofía
política de Hegel, quien parte del concepto de libertad como voluntad
racional y universal, entendiendo por voluntad universal no lo que quieren
todos o la mayoría de los pobladores, sino la voluntad racional que
sólo la "vanguardia ilustrada" puede poseer y que por sí
sola acredita su universalidad. En cambio, dice Hegel, "el pueblo, en
la medida que con esta palabra se designa una parte determinada del Estado,
expresa la parte que precisamente no sabe lo que quiere. Saber lo que se quiere
y, más aún, lo que quiere la voluntad que es en sí y
para sí, la razón, es el fruto de un profundo conocimiento y
sabiduría, que no son precisamente cosa del pueblo". (Grundlinien
der Philosophie des Rechts § 301; 4a. ed., J. Hoffmeister, Hamburgo,
1955, pp.261s.).
Hemos
hablado de élite o "vanguardia", pero en rigor debemos usar
el plural, ya que puede haber muchas y con una gran variedad de ideologías,
que lleguen a ser inclusive "opuestas", con la sola característica
común de "vanguardias ilustradas". En tanto tales, estas
"vanguardias" no pueden integrarse en el "pueblo", aún
cuando eventualmente exista coincidencia de objetivos; los individuos que
integran las élites sí pueden integrarse al pueblo, a condición
de renunciar a todo carácter de "vanguardia esclarecida",
y sin perjuicio de sumar su aporte a los estudios teórico prácticos
que se hagan en el seno del "pueblo". En cualquier caso, y siempre
que una miopía total no las haga cómplices de la "Nobleza",
las élites no forman parte de ésta, sino más bien de
lo que denominamos "no pueblo" o "Tercer Estado", y que
ahora estamos describiendo.
"Sector
neutro" y "pueblo"
El "Tercer
Estado", en efecto, dista de agotarse en las élites, sino que
su franja más amplia es ocupada por lo que bautizaremos como "sector
neutro", por el hecho de que es el único sector o grupo que no
se pronuncia a favor o en contra del "pueblo" (aloja, naturalmente,
opiniones individuales o aisladas, si no hay compromiso ni riesgos, pero que
nunca abarcan a más de un individuo).
Se trata
de un conjunto de personas que pueden pertenecer a muy diversas clases sociales
y estamentos, y que, aparte de las afinidades lingüísticas y étnicas,
no cuentan con otros rasgos en común que los de vivir en una misma
región bajo las mismas leyes y costumbres. Alguien podría objetar
aquí que rasgos comunes tales como los étnicos y lingüísticos
y la vida en un mismo país bajo las mismas leyes y costumbres son precisamente
los rasgos que de ordinario se tienen más en cuenta al describir el
concepto de "nación" y al caracterizar al "pueblo"
que hay en ella. Y sin embargo, si se admite la noción de "consciencia
nacional" como consciencia de un proyecto de realización común,
deberá convenirse también en que no hay nada más ausente
que ella en ese "sector" que denominamos "neutro". Pues
en dicho "sector" sólo hay proyectos de uno, a lo sumo de
dos, pero nunca más allá de un individuo o de una pareja. Y
esta diferencia se hace en este caso más substancial que en las otras
relaciones consideradas, ya que puede haber circunstancias en que la cantidad
de individuos que componen este "sector neutro" aumente hasta el
punto que éste sea "numéricamente mayoritario dentro de
la población.
En tales
circunstancias no cabe hablar de "pueblo", ya que el "pueblo"
sólo puede existir mayoritariamente. Así, de producirse eso,
sólo habrá "Tercer Estado" y "Nobleza".
No obstante, ni aún en tales circunstancias estos dos conjuntos se
identifican ni se asimilan entre sí. La "Nobleza" puede,
ciertamente, instrumentar tanto al "sector neutro" como a las élites
para sus fines antinacionales, o, al menos, mantenerlos bajo control. Lo que
no veremos es que la "Nobleza" combata al "sector neutro",
sea éste minoría o mayoría, en lo cual éste se
distingue claramente del "pueblo".
"Anti
pueblo" sin "pueblo"
Aquí
debemos modificar o al menos precisar nuestra caracterización anterior
de la "Nobleza", en tanto la basamos en la oposición de ésta
al proyecto del "pueblo", y ahora presumimos su existencia incluso
allí donde decimos que no hay ya "pueblo", sino sólo
"Tercer Estado", con un "sector neutro" mayoritario que
no tiene un proyecto común y que, por lo mismo, no es atacado en su
accionar.
Lo que
sucede es que hoy en día ningún país de la tierra puede
substraerse a la marcha de la historia, sino que siempre participa en ésta,
sea a través de un proyecto nacional o de un proyecto anti nacional,
por más efímero o incoherente que resulte. Y si no hay gin "pueblo"
que impulse un proyecto nacional, el proyecto que se ejecute será anti
nacional, ya que frenará toda posibilidad de realización humana
común y, ante 'todo, la de organización nacional: Y para ello
siempre deberá haber una minoría anti nacional que coincida
con lo que hemos denominado "Nobleza", aunque no esté su
acción centrada en combatir al "pueblo", sino a lo sumo en
prevenir la eventual aparición del "pueblo".
Surgimiento
y evolución del "pueblo"
Cómo
surge el "pueblo" allí donde no existía y la plaza
mayoritaria era ocupada por el "sector neutro", constituye para
mí un problema del cual por ahora sólo puedo tomar nota, ya
que mi conocimiento de la historia de América Latina no me permite
más que conjeturar que el surgimiento de un "pueblo" no se
sujeta a leyes históricas más o menos detectables, y como mucho
advertir algunos lechos que facilitan la creación cultural de un "pueblo",
tales como la aparición de líderes y coyunturas que propician
la madurez de la consciencia "popular".
Por lo
demás, una vez en escena los "pueblos", su evolución
no es rectilínea hacia los objetivos, puesto que, por un lado, no basta
la voluntad de lucha, creación y sacrificio y, por otro, la cosa se
juega en buena parte fuera de los límites de una sola "nación"
y de un solo "pueblo". En esa evolución, el "pueblo"
puede ser golpeado y sometido; pero en el lapso siguiente sólo quedará
aletargado, nunca extinguido: una vez que se toma "consciencia nacional"
ya no se la pierde, y el "pueblo" sólo puede cesar de existir
con la civilización íntegra a que pertenece.
"Pueblo"
y "nación" en Latinoamérica
Finalmente,
queda aún por reflexionar sobre la posibilidad de aplicación
de los conceptos que he descripto al proyecto bolivariano de unidad latinoamericana.
Hoy en día podemos discernir tres metas escalonadas en el cumplimiento
pleno de dicha propuesta, aunque ésta sea en principio explícita
sólo en cuanto a la segunda meta; la primera sería "nacional"
y la tercera "mundial". En efecto, ningún individuo puede
realizarse en una comunidad que no se realice esto es, en un país que
no sea "nación" y análogamente, ninguna "nación"
de la tierra puede realizarse en un mundo que no se realice.
Hablar
de la realización humana en términos planetarios suena a utopía
renacentista y parece convertir el análisis filosófico en fantasía
pura. Y sin embargo, es lo mismo que, con un lenguaje político realista,
plantean los representantes del Tercer Mundo ante los poderes hegemónicos
en las conferencias internacionales. Y precisamente la denominación
"Tercer Mundo" designa una realidad socio política más
amplia que la "nacional" y más reducida que la mundial; realidad
socio política que es más concreta y homogénea aún
si la restringimos a América Latina
. Vale
decir, la unidad latinoamericana sería la segunda meta. La mayor dificultad
estriba en que, de diversas maneras, el logro de la tercera meta condiciona
la plenitud de las dos anteriores, especialmente porque el "anti pueblo"
sienta sus reales en ese nivel mundial, y es allí donde combate al
"pueblo" de cada "nación" y de toda Latinoamérica.
Por cierto
que mi análisis se detiene aquí, ya que no cuento con la experiencia
adecuada para responder a la pregunta de sí hay o puede haber un `pueblo"
latinoamericano que haga suyo un proyecto de "nación" latinoamericana
más allá de todo voluntarísmo elitista. En este punto
sólo arriesgaría una conjetura afirmativa, en base a la similitud
de los procesos históricos, sociales, económicos y políticos
en toda Latinoamérica y a la casi certeza de que hay un destino común
que poco a poco se va asumiendo en todas partes.
Por ello
considero que un análisis como el que bastante burdamente acabo de
presentar podría ser afinado y precisado dialógicamente, y de
ese modo configuraría un aporte nada insubstancial de la filosofía
a la propuesta de Bolívar de unidad latinoamericana.
(*)El
presente trabajo corresponde al texto de una ponencia que, con idéntico
título, fue presentada, por el Dr. Conrado Eggers Lan, en las Jornadas
Bolivarianas organizadas por la Universidad Autónoma de México
en agosto de 1983, sobre el tema "La filosofía doscientos años
después". Fue publicado en la "Revista de Filosofía
Latinoamericana y Ciencias Sociales" (segunda época). Año
XII, Nº 12. Buenos Aires, agosto de 1987.
Revista
Soles - Nº 77
Junio de 2001
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