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Sebastiao Salgado

Los desterrados de la globalización

Por Sandra Bianchi

Sebastiao Salgado

Exódos, palabra de origen latino, remite a salida. Este es el nombre de la exposición de fotografías de Sebastiao Salgado, que propone al espectador una transformación, la salida del sí mismo para acceder al encuentro del otro colectivo, quien repite en los continentes más afectados – Asia, Africa, Latinoamérica – ese gesto de movimiento sin rumbo y sin certeza por la tierra, la emigración masiva.

Acompañándolos en sus caravanas, sin equipo de asistentes, Salgado también ha salido de su ciudad, del seno de su familia, para retratar durante siete años a quienes por motivos políticos, religiosos, étnicos o económicos abandonan con resignación o impotencia su lugar de origen: son los afganos, kurdos, bosnios, los Sin Tierra de Brasil y Ecuador, los zapatistas en México, los indios, filipinos y vietnamitas, los ruandeses y angoleños y tantos más, encontrados en el periplo de los cuarenta países recorridos.

La exhibición parece seguir el método de trabajo de Salgado: cada uno de los sectores de la muestra representa una nacionalidad y su problemática específica. Ese conjunto de fotos conformará un mosaico que se resignifica en la lectura global. Algo así como los capítulos de una novela, porque hay un relato común.

El viaje, uno de los grandes temas narrativos , es aquí el viaje marginal, el de los boat-people, el de los que huyen y cruzan fronteras como ilegales. Pero estos “viajeros”- náufragos, en realidad- no narran porque su voz no se deja oír, sin embargo su testimonio no se pierde: Salgado lo pone en imágenes. Con todas ellas podrían conformarse núcleos semánticos del drama , la injusticia, horror, desamparo, inhumanidad, miedo... que estallan en cada percepción .

La ética, la estética, el compromiso

Esta fotografía de documentación, de profunda vocación social, conmovedora y cruda a la vez, renueva las discusiones acerca del arte y el compromiso.

Si bien hay una puesta en escena del dolor y la tragedia, la estetización que los contiene los hace más dignos y esenciales.

Hablé de novela y también hablo de poesía, no de la prosaica del panfleto sino de aquella que trabaja su materia para connotar. Un ejemplo de ello lo ofrece una de las fotos tomadas en 1994 en el campamento de Katale en Zaire, de refugiados ruandeses, donde la posición de unos jóvenes, una mujer sosteniendo a un hombre, versionan una especie de Piedad negra. También las fotos pertenencientes al sector de los indígenas del Amazonas reflejan plásticamente el exotismo de una arcadia selvática, a pesar de la contaminación, la enfermedad y la muerte que subyace en su temática.

De todas maneras la palabra contradicción se hará recurrente para el espectador cuya mirada oscila entre la belleza y excelencia visuales y la certificación de lo peor de la condición humana, desde las multitudes haciendo cola para la distribución del agua, los hacinados en centros o escondites, hasta niños jugando en un montículo de tierra que se formó al excavar letrinas o los cadáveres de asesinados arrojados al río.

Este ensayo fotográfico tiene una intencionalidad común con la serie de grabados Los desastres de la guerra de Goya. Ambos autores percibieron las atrocidades de sus tiempos históricos y sus objetivos se relacionan con mostrar-denunciar-divulgar las condiciones de miseria y barbarie a que se ve sometido el género humano y por supuesto promover la concientización de tales verdades. Dos siglos separan a ambas producciones y la involución de la especie es el resultado.

Frente a las manifestaciones del arte contemporáneo sustentadas en la incertidumbre y el escamoteo del significado Salgado nos coloca en el realismo evidente de nuestro pasado más inmediato y del presente, que produce con eficacia el efecto shock tan buscado por algunos ismos estéticos.

Yo soy

Una mención especial merecen los retratos de los niños del éxodo. Han sido fotografiados en su chozas o en los centros de refugiados, en las poses por ellos elegidas para narrar sus destinos.

En este sector las nacionalidades y las etnias se funden en los ojos de esa niñez que mira al espectador desde otra geografía. La silenciosa elocuencia de los retratados es intensa y diversa en su gestualidad: la mirada crítica y enigmática de un niño del campamento de Kamaz ( Afganistán, 1996) está expuesta junto a la mirada dulce de un niño de un centro de acogida de huérfanos de las tribus del sur de Bihar (India, 1997). Este grupo de fotos parece representar el reverso de las conocidas campañas publicitarias de la gaseosa que reúne a los niños del mundo para cantar, a fin de año, por un futuro mejor.

No obstante, la infografía de Proa nos da la clave “... los vemos como eligieron ser vistos. En pie, solos en el universo de la fotografía. Y puede que por primera vez en sus jóvenes vidas hayan tenido la oportunidad de decir Yo soy...

Mientras ellos tienen su respuesta, nosotros saldremos de la muestra con más interrogantes.

Revista Soles - Nº 73
Enero - Febrero de 2001

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