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Informe especial – Wassily Kandinsky

II. La opción por el arte

Por Mariano García
@solesdigital

Sus primeros años en Alemania

La capital alemana era uno de los centros artísticos más activos de Europa, donde se gestaba el Jugendstil, versión alemana del modernismo(1). Allí Kandinsky se transformó en animador de pequeñas asociaciones de artistas modernos que promovían exposiciones. Phalanx (“Falange”), fundado en 1901, es el primero de esos grupos, que expuso obras impresionistas, simbolistas y modernistas, las tres influencias más visibles en los primeros cuadros de Kandinsky.

El joven arquitecto August Endell sintetizaba en 1896 con una sola frase el espíritu de la nueva corriente artística de Munich: “No hay un error mayor que creer que la representación detallada de la naturaleza es arte”. Seis años más tarde, desde la arquitectura Henry van de Velde decía: “Hoy todo pintor ha de saber que los trazos de color se influencian mutuamente, según las leyes concretas del contraste y la mutua compensación; ha de saber que no puede utilizarlos libre y arbitrariamente. Estoy convencido de que pronto tendremos una teoría científica de las líneas y de las formas.” (2)

Estas afirmaciones serían consideradas más adelante por Kandinsky al escribir De lo espiritual en el arte, en 1910. Pero en sus primeros años en Munich aún estaba lejos de sus formulaciones teóricas, que sustentarían, continuarían o incluso rectificarían las ideas sugeridas por Endell y Van de Velde, entre otros; o de afianzar su camino hacia la abstracción pictórica. Como estudiante primerizo, prefería trabajar con paisajes y colores, y no tanto formas anatómicas. Más a gusto en el mundo de los colores que en el del dibujo figurativo, el pintor se sentía incómodo ante quienes lo calificaban despectivamente como “paisajista” o “colorista”. Pero todavía no tenía las herramientas para justificar sus motivaciones y forma de entender el arte.

Por esos mismos años hizo sus primeros grabados en madera –xilografías–; una técnica de gran tradición en Alemania desde la Edad Media. En esta técnica, Kandinsky encontró un medio adecuado que le permitía estilizar las formas confiriéndoles, al mismo tiempo, una dimensión simbólica que le ofrecía una vía de escape de las restricciones de la figuración tal como era establecida por la academia. La incursión en esta técnica supuso para Kandinsky el primer paso hacia la independencia artística, dando forma gradualmente a sus ideas y concepciones.

Entre sus primeros trabajos en xilografía, se destaca La cantante (1903), obra que además de valerse de los ornamentos típicos del Jugendstil, pone en escena la otra manifestación artística que influyó en forma decisiva en Kandinsky, que es la música. Esta xilografía ha sido entendida como una “simbolización temprana” (3) de la confluencia teórica que el artista propondría entre imágenes y sonidos, al decir que “por lo tanto, el color es en general un medio para ejercer una influencia directa sobre el alma. El color es la tecla. El ojo es el martillo templador. El alma es un piano con muchas cuerdas. El artista es la mano que, mediante una tecla determinada, hace vibrar el alma humana.” (4) De esta época, otra serie de xilografías que evidencian las correspondencias entre artes plásticas y música son Klänge (Sonidos), y posteriormente la obra de teatro Der gelbe Klang (El sonido amarillo), cuyo título denota la transposición artística de experiencias sinestésicas.

La copresencia de artes figurativas y musicales plantea el problema del movimiento como percepción del tiempo. Existen en la historia del arte muchos ejemplos de obras que buscaron expresar el tiempo a través del movimiento. El impresionismo lo representó por medio del ritmo y la dirección de las pinceladas; el fauvismo, a comienzos del S. XX, se valió de la vibración y la estridencia del color. También se observa el movimiento en la multiplicación de planos del cubismo de Pablo Picasso, Braque y Juan Gris, o en la imagen con eco que señala movimiento de los futuristas. En el caso de Kandinsky, el tiempo estuvo representado por la musicalidad de la composición, y el movimiento generado a través de las tensiones cromáticas de pares opuestos (cálido/frío; claro/oscuro).

Kandinsky en Francia: influencia del cubismo y el fauvismo

El pintor ruso entró en contacto con aquellas corrientes estéticas contemporáneas entre 1906 y 1908, cuando viajó por Europa en compañía de Gabriele Münter (pintora con la que tuvo una relación amorosa e intelectual, que lo llevó a separarse de su mujer) y expuso en los Salones de Otoño y de los Independientes en París. Allí fue donde se familiarizó con el fauvismo y el cubismo. La influencia del color fauve se advierte en los cuadros que pinta en Murnau en 1908 y 1909. En ese año fundó la Nueva Asociación de Artistas de Munich, conocida por sus siglas en alemán NKVM con Jawlensky, Kubin y Münter entre otros.

Pero la influencia de los estilos cubistas y fauvistas van más allá del uso del color y los planos. Vistos en retrospectiva, pueden considerarse como pasos fundamentales dentro de un proceso de abstracción de la pintura del siglo XX, que tendría a Kandinsky como principal continuador. Proceso de abstracción que consistió en cuestionar los cánones académicos de la pintura clásica, y que generó numerosas reacciones adversas y polémicas.

Los pintores fauvistas componían sus cuadros resaltando el color, simplificando el dibujo y negando el modelado, el claroscuro y la perspectiva. Cuando un crítico de arte vio el conjunto dijo que se había agrupado una “jaula de fieras”. De allí les quedó el nombre, ya que fauves significa “fieras” en francés. El más destacado del grupo fue Henri Matisse, cuyos principios rectores delinean lo que sería posteriormente la obra abstracta de Kandinsky.

Para Matisse la expresión no reside en la pasión de un rostro ni en movimientos violentos sino que se encuentra en el ordenamiento total del cuadro: el espacio que ocupan los cuerpos, los vacíos que lo rodean, las proporciones. Los colores deben actuar como un acorde luminoso, adaptarse a la forma que, a su vez, puede modificarse según las vecindades cromáticas. Si variaba el color de un objeto en el cuadro, debía cambiar también los otros colores para que el acorde de colores fuera perfecto.

Matisse buscaba un arte de equilibrio, sin temas inquietantes. Investigó aisladamente cada elemento constructivo del cuadro: el dibujo, el color, los valores y la composición, y se preocupó por unificar los elementos para que el conjunto cobrara plena expresión.

Otro pintor posimpersionista que aportó a este proceso de abstracción fue Paul Cézanne. A diferencia del pintor impresionista, que pretendía “no ser más que un ojo”, la mirada de Cézanne reconstruye con la imaginación lo que observa. Se toma libertades con la perspectiva y suprime la profundidad. Cuando en Cezanne la apariencia natural aparece “deformada”, ello se debe a razones objetivas y constructivas de la imagen. Cézanne comprendió que el modo más alto de imitar el universo no consiste en copiar detalles sino en repetir el mecanismo de la creación (en forma simbólica).

Para Cézanne el arte debía mostrar orden. La estructura del cuadro obedece a la ley constructiva de la naturaleza. Aspira a componer la superficie como si se tratara de una arquitectura. Decía que en la naturaleza todo se modela según la esfera, el cono y el cilindro, y había que aprender a pintar sobre la base de esas formas simples. Si bien continúa partiendo de lo figurativo, el cuadro se construye mentalmente (este modelo analítico puede apreciarse como precursor de la teoría de Kandinsky, como se verá más adelante).

Al fragmentar los objetos por planos de color y de ese modo dar volumen al modelo, se lo conoce como inspirador de los cubistas. Será el comienzo de la deconstrucción del objeto. Pablo Picasso y Georges Braque fueron los iniciadores del movimiento cubista, que renovó el lenguaje pictórico.

En 1908 Picasso y Braque pintan paisajes y casas simplificando y geometrizando lo que ven. Nuevamente será un crítico el que bautizará este movimiento, al expresar que estos pintores reducen todo a “cubos”. Paulatinamente se fueron quebrando cada vez más los elementos de los volúmenes, la paleta se redujo al negro, al blanco, a los tonos agrisados y al ocre. Las líneas se quiebran y aparece articulada la forma de la naturaleza. Los cuadros están hechos por planos facetados –como cristales–, cuyos extremos o bases están unidos por “pasajes” que suavizan los contornos. Un mismo objeto está representado desde distintos ángulos: se ve una parte desde abajo, otra de perfil, una tercera desde otro punto de vista, todas unidas en la forma por superficies que se incrustan, se colocan una junto a otra, se interpenetran. Desaparecen así figura y fondo, y el mismo objeto representado a veces es identificado por algún elemento: las cuerdas del violín o las letras del periódico.

Kandinsky reconoce a los pintores post-impresionistas como precursores de la abstracción: “su teoría consiste en no fijar una parte casual de la naturaleza en el lienzo, sino reflejar la naturaleza en toda su riqueza y todo su color.”(5) A Cézanne le reconoce el poder crear “la expresión cromática de las cosas, su nota pictórica interior, y las encaja en la forma que eleva a fórmula de resonancia abstracta, llena de armonía y a menudo puramente matemática.”(6) Sobre Matisse, dice que “pinta «imágenes» en las que quiere reflejar lo divino. Para lograrlo, no necesita otros medios que el objeto (persona, por ejemplo, o cosa) como punto de partida y los medios exclusivos de la pintura: color y forma.”(7) Finalmente, incluye a Picasso como parte de este proceso, pues “intenta llegar a lo constructivo a través de proporciones numéricas. En sus últimas obras llega por vía lógica a la destrucción de lo material; no por disolución, sino por una especie de fragmentación de las distintas partes y de una diseminación de ellas sobre el lienzo.”(8)

Es así como en De lo espiritual en el arte, Kandinsky retoma a estos pintores como antecedentes de su proyecto: “Matisse: color. Picasso: forma. Dos grandes vías hacia un gran objetivo.” (9)

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Notas:

(1) Este movimiento puede ser considerado como la primera etapa de la arquitectura propia del siglo XX. El punto de irradiación fue Bélgica, pero la expansión fue rapidísima y mundial. Se considera que la Casa de la calle Turín de Bruselas, debida al belga Victor Horta (1861-1947) es el prototipo de este estilo. El modernismo alemán, tuvo como principales maestros a los austríacos Josef Maria Olbrich (1867-1926) y Otto Wagner (1841-1918). Este último trabajó principalmente en Viena y su principal obra fue la Caja de Ahorros, cuya sencillez de líneas anuncia los futuros estilos.

(2) Citado en Kandinsky, Wassily; op. cit. p. 11.

(3) Düchting, Hajo; op. cit., p. 17.

(4) Kandinsky, Wassily; De lo espiritual en el arte.

(5) Idem, p. 45.

(6) Idem, p. 46.

(7) Idem, p. 46, resaltado en el original.

(8) Idem, p. 47.

(9) Idem, p. 47.

23/7/2004

Notas relacionadas:

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