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Informe especial – Wassily Kandinsky
IV.
Por la vía de la racionalización
Por Mariano
García
mariano@octubre.org.ar
La vuelta a Rusia
El
estallido de la Primera Guerra Mundial en 1914 lo devuelve a Rusia, donde
la Revolución de 1917 promueve una de las vanguardias artísticas más activas
y singulares del siglo XX. Los postulados espiritualistas y románticos de
Kandinsky encajaban mal con el radicalismo de constructivistas y suprematistas,
pese a lo cual ocupó importantes cargos en la administración artística y
cultural del reciente Estado soviético. Así y todo, Kandinsky apenas si
pudo influir de manera decisiva en la evolución artística de la Rusia surgida
en la revolución bolchevique.
Su
labor en distintos organismos se tradujo en la creación de museos por toda
Rusia, así como en programas de enseñanza artística(1). En 1920 proyectó un programa pedagógico para el Instituto
para la Cultura Artística (INCHUK), que fue rechazado por la mayoría de
los miembros del Instituto. “De manera especialmente dura debió ser criticada
la idea, basada en las tendencias teosóficas del artista, de que en el estudio
del color había que tener también en cuenta, junto a conocimientos médicos,
fisiológicos y químicos, conocimientos del campo de la magia.”(2)
El
informe de 1923 del INCHUK, afirmaba que “se encontró que había una divergencia
fundamental entre Kandinsky y algunos de los miembros del Instituto. El
planteamiento psicológico de Kandinsky difería marcadamente de la visión
de quienes consideraban que el «objeto» material, autosuficiente, era la
sustancia de la creación. Kandinsky abandonó la administración y entraron
Rodchenko, Stepanova, Babichev y Bryusova.”(3)
Dentro
del círculo de los jóvenes formalistas rusos, el rechazo que sufrió Kandinsky
en la nueva república socialista se sintetizó en la crítica de Nikolaj Punin
en ocasión de la “Exposición de Pintura Rusa Moderna” de Petrogrado: “No
soy el único que cree en la absoluta y profunda seriedad de este pintor.
También creo que es un hombre con talento. No obstante, los resultados artísticos
de Kandinsky son insignificantes. Siempre que su obra se mueva en la esfera
del espiritualismo puro, nos transmitirá ciertas sensaciones; pero tan pronto
empiece a hablar el «lenguaje de las cosas», se convertirá no sólo en un
mal artesano (dibujante, pintor), sino simplemente en un artista vulgar
y mediocre.”(4)
No
obstante la dureza de la crítica, se reconoce que este intervalo en Rusia
no fue muy fructífero en la producción del artista. Predominan en este período
temas optimistas, llenos de esperanza, que se expresa en alegres colores.
En lo estético, Kandinsky retoma la paleta de sus obras tempranas, con colores
cálidos y vivos, que se desenvuelven en escenarios fantásticos y semifigurativos,
de estilo naif.
Kandinsky
no ocultó nunca su forma de pensar antimaterialista y anticomunista. “Durante
los años revolucionarios de la época de crisis, Kandinsky alternaba continuamente
entre un relajado idioma abstracto, paisajes del Impresionismo tardío y
cuadros fantásticos ingenuos y románticos.”(5) Se encontraba aislado en medio de un ambiente cultural
dominado por el estilo del constructivismo y el radicalismo de los vanguardistas
soviéticos, que Kandinsky rechazaba como “formalistas” o “ideológicos”.
En 1922, se hizo fuerte la presión del partido bolchevique sobre la “función
y finalidad del arte”, que desembocó en el Realismo Socialista. Se retiraron
de los museos los cuadros del artista, quién ante el clima adverso decidió
una vez más viajar a Alemania.
Kandinsky en Bauhaus: Punto y línea sobre el plano
En 1922, Walter Gropius le ofreció formar parte del claustro
de la Bauhaus, donde dirigirá el Taller de Pintura Decorativa, el de Pintura
Mural, y el curso de iniciación hasta 1933.
La
Bauhaus fue una Escuela de Arquitectura y de Artes Aplicadas creada en 1919
por Gropius, y cerrada en 1933 por la persecución de los nacionalsocialistas.
La historia de esta revolucionaria institución, comienza y termina con la
República de Weimar. “En ese corto período de tiempo de sólo 14 años no
sólo se elaboraron las bases de lo que hoy conocemos por «diseño», sino
que en esta escuela de arte se desarrollan y aplican un nuevo tipo de concepciones
pedagógicas que después de más de 50 años conservan todavía actualidad en
algunos aspectos (...) La Bauhaus constituyó en su tiempo la contribución
más importante a la educación estética.”(6) En su período de gestación, conviven como ideales estéticos
los fundamentos del expresionismo tardío y un ideal de producción artesanal
de la Edad Media, influenciados tanto por los avances de la Revolución Industrial
como por el Romanticismo decimonónico. En una fase posterior, se imponen
las imágenes del constructivismo y el programa de una creación de la forma
que, teniendo presentes las exigencias y posibilidades de la técnica y la
industria modernas, aspiraba al objetivismo y la funcionalidad.
En la transición entre un período a otro es cuando hace
su ingreso Kandinsky con su programa pedagógico, que era básicamente el
creado para el INCHUK, pero actualizado a la luz de nuevos conocimientos
aportados por la incipiente psicología gestáltica. Acompañará los destinos
de la Bauhaus en su último período en la ciudad de Weimar (hasta 1925),
durante toda la etapa en Dessau (1925-1932), y finalmente su ocaso en Berlín
(1933). Durante estos años la obra de Kandinsky se disciplina; al color
se añade la geometría y la interacción de la forma, y su pintura se aprovecha
de las múltiples tendencias que coinciden en distintos momentos en la Bauhaus.
El núcleo de la enseñanza de Kandinsky en la Bauhaus se
encuentra recopilado en el compendio Punto
y línea sobre el plano (escrito entre 1923 y 1925, publicado en 1926),
segundo trabajo importante que el propio autor considera como una continuación
de su libro De lo espiritual en el
arte. Kandinsky consideraba que en lo “espiritual” se encontraba ya
la posibilidad de aquella gramática pictórica que tanto se esforzó en esbozar,
el “bajo continuo en la pintura” del que hablara Goethe, que tanta influencia
tuvo en el artista ruso. Si en De
lo espiritual en el arte Kandinsky se dedica sobre todo al color, como
principal manifestación del espíritu en la pintura, en esta nueva etapa
complejiza y racionaliza su gramática al añadir concepciones sobre los elementos
aislados punto, línea y superficie, y cómo éstos se interrelacionan.
En los años de De
lo espiritual en el arte, había prestado especial atención a tres polaridades
básicas: rojo/azul, blanco/negro y verde/rojo; de acuerdo a las nociones
psicológicas y espirituales ya descriptas. “La armonía de los colores debe
basarse únicamente en principio del contacto adecuado con el alma humana.
Llamaremos a ésta, principio de necesidad interior”(7), escribía el autor en 1910. En cambio, su nueva doctrina
del color en la Bauhaus adoptó una vía más racional, concentrándose en las
bases físicas de la ordenación cromática, investigando en especial la tríada
de colores primarios amarillo-rojo-azul.
El interés de Kandinsky se centró en el orden de los colores,
formas y otros elementos lineales, que pretendía corroborar mediante la
proposición de problemas sistemáticos y analíticos. El eje de la enseñanza
de Kandinsky en la Bauhaus se estructuró de la siguiente manera:(8)
1.
Teoría
de los colores (color aislado).
2.
Teoría
de la forma (forma aislada).
3.
Teorías
del color y la forma (relaciones color–forma).
4. Plano
En cuanto a su teoría del color, el artista amplió sus nociones
sobre los contrastes, sin dejar de lado sus cualidades sinestésicas. Son
ejemplares estas caracterizaciones que hizo de los contrastes amarillo/azul
y negro/blanco:
|
Amarillo
|
Azul
|
|
Excéntrico
|
Concéntrico
|
|
Avanza
|
Retrocede
|
|
Hacia arriba, hacia los límites y más allá; tensión exterior.
|
Hacia abajo; introvertido, sin llegar a los límites; tensión interna.
|
|
Explosivo, agresivo, apremiante, fresco, loco, activo: ¿positivo, material,
masculino?.
|
Evasivo, apartado solitario (concha de caracol), pasivo: ¿negativo, abstracto,
femenino?.
|
Sentido del tacto
|
áspero, puntiagudo.
|
blando, sin resistencia
|
Sentido del gusto
|
agrio
|
insípido (higos frescos).
|
Sentido del olfato
|
penetrante (cebolla, vinagre, ácidos)
|
aromático, flores (rosa, violeta).
|
Sentido del oído
|
agudo, penetrante (canario)
|
grave, ahogado (cuco).
|
Música
|
la banda es amarilla, tono agudo
|
el órgano es azul, tono profundo
|
|
Blanco
|
Negro
|
Temperatura
|
cálido (próximo al amarillo)
|
frío (próximo al azul)
|
Espacio
|
muro sin fin
|
agujero sin fondo
|
Posibilidades
|
todas las posibilidades
|
sin salida
|
Luz
|
máxima: suma de todos los rayos
|
oscuridad absoluta: sin rayos
|
Sonoridad
|
Máxima, inaudible
|
Mínima, inaudible
|
Ciclo de la vida
|
Nacimiento
|
Muerte
|
Sentido del oído
|
Silencio (no muerto, lleno de posibilidades)
|
Silencio (silencio eterno sin futuro ni esperanza)
|
Vemos entonces como, junto al análisis de las cualidades
intrínsecas de cada color, de tipo introspectivo, psicológico y fenomenológico,
típico de De lo espiritual en el arte,
Kandinsky avanza en sus años en la Bauhaus en el estudio más detallado de
la relación de los colores entre sí. En este sentido, puede afirmar –gestálticamente–
que el valor de los colores se modifica de acuerdo a relaciones de cercanía
con otros colores. Así, vemos como el amarillo, junto al azul o al negro,
se ve más claro, más grande y más frío; o que el azul, acompañado de amarillo
o blanco, se torna más oscuro, pequeño y cálido.(9)
L
os ejercicios que como profesor daba a sus alumnos estaban
estrictamente formulados, con posibilidades limitadas pero vías de solución
infinitas. Con dichos ejercicios prácticos, pretendía que el alumno se apropiara
creativamente de lo postulado por la teoría. Sin embargo, los esfuerzos
de Kandinsky para establecer bases racionales en la enseñanza del proceso
creativo no siempre daban resultado. El siguiente extracto de los apuntes
de un participante de sus clases, es una muestra representativa tanto del
tipo de ejercicios que ideaba Kandinsky, como de los efectos que podían
generar en sus alumnos:
“Kandinsky nos ha mandado un auténtico trabajo de vacaciones,
pero esto no es malo. Un cuadrado, 30 x 30 cm, debe ser dividido en rectángulos
de 5 x 10 cm. En cuanto a los colores, se deben utilizar 3 primarios, 3
secundarios y 3 neutros (negro, blanco, gris), dejándote a ti la distribución
de los rectángulos coloreados, pero solamente horizontal y vertical, no
diagonal. Tú dispones con qué frecuencia utilizas cada color, pero cada
uno debe estar presente al menos una vez. El trabajo entonces es:
1) Resaltar
el centro.
2)
Igualar
por arriba y por abajo.
En la última clase no dijo mucho nuevo, sólo algo sobre
las tensiones en el cuadrado, yo no entendí esto del todo, pero creo que
tampoco es importante”(10)
Lo que aquel alumno no sabía es que las tensiones en el
cuadrado sí era algo importante para Kandinsky. La dificultad del maestro
para transmitir sus teorías, radica en que “aquella clasificación de formas
y colores básicos, tal como él la enseñaba, se basaba más en valoraciones
subjetivas que en leyes fijadas objetivamente.”(11) La suya es una teoría axiomática de la creación, fundamentada
sobre todo a partir de su propia experiencia.
Su teoría de las formas se edificó a partir de elementos
básicos como el punto y la línea, y de las tres formas básicas que surgen
de estos elementos: círculo, triángulo y cuadrado. Su explicación se inicia
con el punto, que es la unidad mínima de su teoría del lenguaje, y de allí
deriva que la composición más sencilla es la que presenta un punto dentro
de un cuadrado. Aquí las tensiones entre punto y plano se encuentran en
perfecto equilibrio.(12)
Del punto, Kandinsky deriva sus consideraciones sobre la
línea, entendida como “huella del movimiento del punto”. En su sistema analítico,
clasifica las líneas en rectas, quebradas y curvas; y dentro de las
rectas distingue la horizontal, la vertical y la diagonal como formas básicas
a partir de las cuales se derivan las demás.
Como ya lo había hecho con los colores, otorga a cada una
de ellas un valor: la horizontal es “fría”, la vertical “caliente”, la diagonal
una mezcla de ambas (“fría-caliente”). Valores análogos de tensión y temperatura
reparte entre los tipos de líneas quebradas, de acuerdo a su ángulo, sean
éstos agudos (45º, mayor tensión y más calidez), rectos (90º, más equilibrado
y frío) u obtuso (135º, el más frío de los tres). Con estos axiomas establecidos,
Kandinsky podía entonces avanzar en el tema central de Punto y línea sobre el plano, que es la
correspondencia entre formas y colores. El concepto central, una vez más,
para dar unidad y coherencia a sus postulados, es el de “temperatura”. A
partir de correspondencias entre las temperaturas de cada color y cada forma,
el autor perfecciona su búsqueda de una gramática visual.
Equipara la línea horizontal al color negro (cercano al
azul), y la vertical al blanco (cercano al amarillo). Al frío-calor de las
líneas diagonales, le adjudica el color rojo, que en su teoría del color
había localizado en medio del azul (frío) y el amarillo (cálido). En el
caso de las quebradas, la acutángula está “interiormente coloreada” de amarillo;
la obstusángula de azul, y la rectángula, en medio de las otras dos, de
rojo (en medio de los dos colores previos). Finalmente, las formas básicas
se asocian de la siguiente manera: el triángulo al ángulo agudo, el cuadrado
al ángulo recto, el círculo al ángulo obtuso. La correspondencia básica
entre líneas, formas y colores, queda de este modo establecida de la siguiente
manera:
Angulo
|
Forma
|
Color
|
agudo
|
triángulo
|
amarillo
|
recto
|
cuadrado
|
rojo
|
obtuso
|
círculo
|
azul
|
Esta correspondencia, ahora perfeccionada y aumentada, ya
había sido esbozada por Kandinsky en De
lo espiritual en el arte. “La relación inevitable entre color y forma
nos lleva a observar los efectos que tiene la forma sobre el color” decía
entonces, y una aclaración ya formulada en aquellos años da la pauta para
el estudio de sus obras en su período dentro de la Bauhaus: “Un triángulo
pintado de amarillo, un círculo de azul, un cuadrado de verde, otro triángulo
de verde, un círculo de amarillo, un cuadrado de azul, etc., todos son entes
totalmente diferentes y que actúan de manera completamente diferente. Determinados
colores son realzados por determinadas formas y mitigados por otras. En
todo caso, los colores agudos tienen mayor resonancia cualitativa en formas
agudas (por ejemplo, el amarillo en un triángulo). En los colores que tienden
a la profundidad, se acentúa el efecto por formas redondas (por ejemplo,
el azul en un círculo). Está claro que la disonancia entre forma y color
no es necesariamente «disarmónica» sino que, por el contrario, es una nueva
posibilidad y, por eso, armónica.”(13)
A pesar de su análisis positivo y racional del medio plástico,
postulado por él y llevado a la práctica en las obras de este período, Kandinsky
no llegó nunca a un positivismo funcionalista dentro de la Bauhaus, o a
un radicalismo como el de Mondrian, que exasperó esta tendencia de depuración
al punto de pintar solo líneas rectas, colores primarios y blanco y negro.
Es evidente que los cuadros de Kandinsky de los años ’20,
contemporáneos a Punto y línea sobre
el plano, se aprecian como más geométricos y “racionales”, pero nunca
se atuvieron al dogma triángulo-amarillo, círculo-azul, cuadrado-rojo. Desafortunadamente,
una vez más Kandinsky enfrentó dificultades para transmitirles estas ideas
a sus alumnos y colegas, que muchas veces se mostraron escépticos al respecto.
Con tono irónico, Oskar Schlemmer comentaba en aquellos tiempos:
“La clase de Kandinsky: estricta investigación científica
color-forma. Ejemplo: buscar para las tres formas (triángulo, cuadrado,
círculo) los correspondientes colores elementales. Se decidió que era amarillo
para triángulo, azul para círculo y rojo para cuadrado; por decirlo así
y de una vez para siempre (...) Sobre el triángulo amarillo hay unanimidad
entre todos. No así sobre lo demás. En cualquier caso, inconscientemente
dibujo siempre el círculo en rojo y el cuadrado en azul.”(14)
Más allá del tono burlón del comentario, es claro el malentendido
que generaba la teoría de Kandinsky, a pesar de que ya en De lo espiritual en el arte había aclarado
que sus asociaciones entre forma y color eran sólo puntos de partida, no instrucciones sobre
los resultados finales, que abren múltiples combinaciones para buscar
otros tantos efectos: “El número de colores y formas es infinito, y así
también son infinitas las combinaciones y al mismo tiempo los efectos. El
material es inagotable.”(15) No es lo mismo postular, por ejemplo, que un triángulo
es una figura cálida, y pintándolo de azul puede contrarrestarse ese efecto,
o que un círculo rojo adquiere más dinamismo que en su “forma pura” azul;
que pretender que todos los triángulos que se pinten sean amarillos, todos
los cuadrados rojos y todos los círculos azules. Como si las palabras del
propio Kandinsky no alcanzaran para dejar esto en claro, estaban también
sus pinturas.
Las obras pictóricas de Kandinsky, en sus años como profesor
en la Bauhaus, se ven impregnados de un mayor rigor metodológico. Sus cuadros
se hacen más constructivos a raíz de la orientación racional de su programa
pedagógico en la Bauhaus, claramente resumidas en Punto y línea sobre el plano. Entre 1923 y 1925, dominaba en la Bauhaus
el lenguaje universal de la geometría, bajo la influencia del suprematismo
y el constructivismo.
En los cuadros de estos años, Kandinsky evidencia un alejamiento
del cálido colorido expresionista de su primera estancia en Alemania, para
dar lugar a geometrías racionales, con frecuencia coloreadas en tonos fríos.
Además, se hace cada vez más difícil encontrar elementos figurativos dentro
de sus abstracciones de color y forma.
La preferencia por el c írculo, como modelo de forma perfecta
y símbolo cósmico, nos recuerda que todavía la espiritualidad y el romanticismo
siguen estando presentes en su obra (Kandinsky consideraba al círculo también
como romántico). El cuadro Algunos
círculos (1926) es una clara muestra de ello; y de cómo aplicaba en
la práctica su teoría gramatical. Allí la única figura son los círculos,
que se superponen sobre un fondo negro-azulado; y nos dicen que si bien
estas tonalidades son las preferidas por Kandinsky para dichas formas geométricas,
esto es sólo un postulado que permite jugar con colores y tamaños de los
círculos, para lograr el equilibrio armónico. El artista no pinta todos
los círculos de azul, como podrían sugerir algunos malentendidos de la época,
sino que distribuye los tonos más fríos (azules, violetas, negros) en las
figuras más grandes, mientras que la “desviación” consistente en círculos
pintados con colores cálidos (amarillos, rojos) se reserva para los de menor
tamaño.
D
e la época de Weimar, Composición VIII (1923) es su obra más importante. Aquí el vocabulario
geométrico combina los elementos básicos, como el círculo, el semicírculo,
y las líneas angulares, rectas y curvas; y en menor medida triángulos y
cuadrados. Las aureolas que rodean algunos de los círculos trabajan la el
tipo de contraste muy elaborado teóricamente en sus escritos (círculo azul
con aureola amarilla, y viceversa) generando espacios en conflicto que se
refuerzan con la orientación de las líneas; en un trabajo de carácter eminentemente
intelectual.
En 1925, la Bauhaus escapa de Weimar a causa de los ataques
de la ascendente ultraderecha nazi. La segunda fase, en Dessau, comenzó
en condiciones mucho más favorables, en parte gracias nuevo edificio de
la escuela, una obra maestra de la arquitectura de vanguardia de los años
’20, que alojó no solo aulas, sino también a los hogares de los maestros.
Las familias Klee y Kandinsky compartieron una de estas casas. El ambiente
era más que propicio para la creación artística. De estos años convulsionados,
los cuadros más importantes de Kandinsky fueron En
azul (1925) y Amarillo-rojo-azul (1925).
E
ste último, por su complejidad de significado y grandes
dimensiones, se acerca a las grandes Composiciones del artista ruso. Las
variaciones cromáticas y la superposición de formas hacen de este cuadro
quizás la mejor síntesis pictórica de la teoría expuesta por Kandinsky en Punto y línea sobre el plano, y de las
infinitas posibilidades expresivas que de ella se derivan. Las principales
formas circulares, cuadradas o triangulares, son coloreadas con los colores
“respectivos”, para establecer los valores armónicos de la composición,
y luego complejizar con una multiplicidad de líneas que trazan las direcciones
de fuerza. Es así como se divide el cuadro en una zona amarilla, a la izquierda,
“terrenal” y donde predominan las líneas rectas; y una zona “celestial”
donde sobresale el azul, las líneas curvas y círculos (16). En medio de ambas áreas en tensión, se ubica un cuadrado
rojo como nexo. Un punzante triángulo rojo a la izquierda, un círculo neutro
de áurea amarillenta en el centro, y pequeñas cuadrículas multicolores orientadas
hacia la derecha, constituyen “intrusiones” en cada zona en principio fuertemente
delimitada, lo que le da al cuadro una notable tensión dramática.
En sus años en Dessau, Kandinsky pudo además experimentar
con sus antiguas ideas sobre el parentesco entre música y la pintura, decorando
con formas y juegos de luces y colores espectáculos musicales. En los últimos
años de la Bauhaus, Kandinsky acentuó con renovada fuerza el papel de la
intuición dentro de la creación artística; pero la escuela se orientaba
cada vez más hacia el diseño y la arquitectura, bajo la tutela del funcionalismo.
Este incipiente desvío de rumbo fue abordado por Kandinsky con una curiosa
ironía, como se aprecia en los cuadros Caprichoso (1930), en donde se ve una barca o misteriosa nave, navegando sobre motivos
africanos; o Pisos (1929), en
el cual se muestran distintos objetos ordenados en una estructura arquitectónica
rígidamente simétrica, quizás un comentario crítico sobre la nueva tendencia
funcionalista adoptada por la Bauhaus.
Sutilezas semejantes hicieron que Kandinsky, y también su
amigo Klee, fueran acusados de “elitistas” por el resto de los integrantes
de la Bauhaus, que profundizaban su rechazo al esteticismo en pro de un
mayor compromiso social. A finales de 1930, asume como director el arquitecto
Ludwig Mies van der Rohe, quien ante los ataques de la derecha decide “desideologizar”
la Bauhaus, que se convierte en una escuela puramente de arquitectura, cada
vez más lejos de las ideas fundadoras de Gropius o del propio Kandinsky.
En abril de 1933, la Gestapo cerró la escuela definitivamente; y muchos
maestros y estudiantes emigraron a Estados Unidos.
La
obra de Kandinsky, así como la de muchos otros, fue incluida por el nazismo en la siniestra nómina del “arte degenerado”. El pintor se instaló en Neully-sur-Seine,
cerca de París, en 1933. Allí esperaba encontrar un clima propicio, pero
la escena francesa estaba entonces dominada por corrientes poco afines a
la abstracción. André Breton intentó ganarlo para la causa surrealista con
poco éxito. El artista ruso adquirió en estos años la nacionalidad francesa;
el último tramo de su obra se produce en tranquilidad, pero ante la incomprensión
de la crítica. Sus últimas obras se alejan de la geometría de la Bauhaus
y el racionalismo de Punto y línea
sobre el plano, optando por formas orgánicas y biomórficas.
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(1) Entre otros cargos, fue miembro del “Comisariado para
la instrucción del pueblo”, profesor del WCHUTEMAS, vicepresidente de
la Academia de Ciencias del Arte creada por él, y Comisario de Museos
Rusos.
(2) Wick, Rainer; op. cit., p. 172.
(3) Citado en Lodder, Christina; El
constructivismo ruso, Madrid, Alianza, 1988, p. 83.
(4) Citado en Düchting,
Hajo; op. cit., p. 58.
(5) Düchting, Hajo; op. cit., pp.
60-61.
(6) Wick, Rainer; op. cit., p. 19.
(7) Kandinsky, Wassily; De lo espiritual en el arte, p. 59.
(8) Idem, p. 180.
(9) Kandinsky, Wassily; Punto y línea
sobre el plano, Buenos Aires, Paidós, 2003.
(10) Citado en Wick, Rainer; op. cit., p. 180.
(11) Düchting, Hajo; op. cit., p.
68.
(12) Las consideraciones siguientes sobre la teoría de Kandinsky han sido
tomadas de su libro Punto y línea
sobre el plano.
(13) Kandinsky, Wassily; De lo espiritual en el arte, p. 63.
(14) Citado en Wick, Rainer; op. cit.,
p. 192.
(15) Kandinsky, Wassily; De lo espiritual en el arte, p. 63.
(16) Se ha interpretado este cuadro como una nueva recreación de la leyenda
de San Jorge, esta vez completamente estilizada. La parte “celestial”
de la derecha correspondería a San Jorge, y la terrenal de la izquierda
al dragón.
3/9/2004
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Éxito absoluto de Kandinsky en París
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