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Venecia: Una bienal orientada hacia los artistas

Bienal de Venecia

Venecia vive una nueva edición de su Bienal de Arte con una amplia representación de las tendencias más innovadoras del siglo XXI. Son 77 países los que están presentes en la sección oficial, con un total de 90 artistas. Además se producen casi 50 acontecimientos paralelos (eventi collaterali) que permitirán a centenares de artistas decir también que expusieron en la LIII edición de la Bienal.

Hasta el 22 de noviembre se podrá visitar el inmenso escaparate que pretende “descubrir nuevos caminos creativos” antes que “objetos o mercancías”, en palabras de Daniel Birnbaum, nuevo comisario de la Bienal. El máximo responsable del certamen ha elegido como lema Fare Mundi (hacer mundos) para enfatizar el papel que tiene el arte en la representación del mundo y también en crearlo, “si se toma en serio”.

Desde composiciones audiovisuales hasta creaciones lumínicas, están representadas todas las técnicas en un amplio abanico que hace retroceder aún más a la pintura. Si las colas de los visitantes permiten medir de un vistazo la popularidad que goza cada pabellón, sería la representación danesa la vencedora con una instalación que recrea una vivienda en venta con una piscina en la que flota un cadáver. Se trata de un muñeco de látex que representa a un coleccionista de arte. La impactante visión se titula “La muerte del coleccionista”.

En el Top Ten de los más visitados también se encuentra el pabellón británico, que proyecta un video muy celebrado de Steve McQueen. Durante 30 minutos permite visitar los Jardines de la Bienal unos meses antes que comenzara el acontecimiento, cuando aún sucios y abandonados sólo eran visitados por los perros.

Polonia ofrece una interesante visión de la emigración a través de la mirada de Krzysztof Wodiczko y Holanda presenta unos videos espléndidos de Fiona Tan. Pero el que goza de la mayor aceptación popular es el pabellón de los Estados Unidos, donde Bruce Nauman habla de virtudes como la prudencia o la templanza a través de neones que abren paso a tres salas donde se reflexiona sobre el dolor y los avances tecnológicos. La instalación se titula “Topological gardens” y consiste en una impresionante secuencia de manos y cabezas humanas que denuncian los límites que separan el espacio personal del social. La visita concluye en una fuente donde brincan piezas de formas caprichosas.

El pabellón de Estados Unidos ha obtenido con Nauman el máximo galardón, el León de Oro de la Bienal. También ha sido premiado con un León de Oro el artista alemán Tobias Rehberger por su obra “Was du liebst, bringt dich auch zum Weinen”, exhibida en el pabellón de su país. El León de Plata para una Joven Promesa fue para Nathalie Djurberg, de Suecia.

El jurado concedió además una Mención Especial a título póstumo a la brasileña Lygia Pape, de quien se pueden ver algunas creaciones en las salas de la Organización de la Bienal; y otra para Michael Elmgreen e Ingar Dragset, comisarios del Pabellón Nórdico. La japonesa Yoko Ono y el estadounidense John Baldessari fueron reconocidos con el premio a su carrera artística.

Pero la entrega de estos galardones no fue más que el inicio de un acontecimientos prácticamente imposible de abarcar en un solo día. “Art is All”, es el lema de los objetos de recuerdo que se pueden comprar después de una larguísima cola, como la que hay en la mayoría de los pabellones, los restaurantes y las cafeterías. Incluso ante representaciones menos difundidas, como las de Andorra, los Emiratos Árabes Unidos o Gabón, que estrenan este año junto a Montenegro, Pakistán, Mónaco y Sudáfrica.

También Chile estrena pabellón propio en el Arsenal, epicentro de la Bienal. Iván Navarro exhibe allí un “corredor de la muerte” lleno de luces fluorescentes con nombres de personas involucradas en crímenes perpetrados durante la dictadura del general Pinochet. El comisario de la exposición chilena, Antonio Arévalo, asegura que su país “ha decidido invertir en la promoción del arte contemporáneo” de una manera parecida a lo que pasó en España durante la transición a la democracia, “cuando hubo una fuerte intención del poder político de sacar fuera lo que tenía”.

México participa con un pabellón propio por segunda vez y también denuncia la violencia con las controvertidas creaciones de Teresa Margolles, realizadas a partir de las huellas de asesinatos callejeros. El pabellón mexicano se encuentra en el Palacio Rota Ivancich, muy cerca de la plaza San Marco, donde impresiona una performance que consiste en la limpieza del suelo de las salas con lo que parece ser sangre. También se puede contemplar el bordado con hilo de oro de historias alusivas a la narcoviolencia sobre unas telas igualmente impregnadas de sangre.

El pabellón de Uruguay presenta obras de tres artistas: Raquel Bessio, Juan Burgos y Pablo Uribe, que trabajan con metal, collage y audiovisual, respectivamente. Situada en los Jardines de la Bienal, la representación uruguaya es una de las más veteranas del certamen, tras seis décadas de participación continuada. Sus responsables se han esforzado en ofrecer una selección que alude al diálogo entre lo local y lo global, “desde una sociedad ubicada en la periferia geográfica, que no artística”.

Brasil tiene también un pabellón propio, en el que exponen Luiz Braga y Delson Uchoa, y Argentina está representada por Luis Felipe Noé en el tercer piso de la librería Mondadori, a escasa distancia de San Marco. Además, se puede encontrar arte argentino en otros emplazamientos, como la exposición que organiza la revista NY Arts Magazine en el Consorzio Cantieristica Minore Veneziana. Son 16 creadores jóvenes que viven y trabajan en Buenos Aires, como Ana Bonamico, Andrés Giles y Tomás Ghiorzo. Su selección corrió a cargo de Agustina O’Farrell y Santiago Bunge y el tema común de su trabajo es la manera en que responden los artistas frente a los cambios políticos y sociales.

Los demás países iberoamericanos gozan de la hospitalidad del Instituto Italo-Latinoamericano, que facilita un espacio de 700 metros cuadrados a doce artistas: Gastón Ugalde (Bolivia), Alberto Baraya y Luis Roldán (Colombia), Federico Herrero (Costa Rica), Carlos Garaicoa y Ramsés Larzábal (Cuba), Fernando Falconí (Ecuador), Nils Nova (El Salvador), Darío Escobar (Guatemala), Paul Ramírez Jonas (Honduras), Sandra Gamarra (Perú) y Raquel Paiewonsky (República Dominicana).

La selección de artistas latinoamericanos fue responsabilidad de Irma Arestizábal, fallecida sólo unas semanas antes del comienzo de la Bienal. Pero la curadora argentina sigue muy presente en el pabellón gracias al retrato de espaldas que le realizó Sandra Gamarra.

Localizado por primera vez en la Artillería del Arsenal, el pabellón latinoamericano es un buen ejemplo del escaso interés por la pintura que tienen los artistas invitados a esta Bienal y su predisposición hacia la instalación. Siguiendo las directrices de Daniel Birnbaum, no está dividido en secciones, sino que se presenta como una única exposición en la que distintos temas se entrelazan en una unidad orgánica.

Birnbaum asegura que trabaja “en estrecha colaboración con los artistas” y que su interés “está dirigido desde hace tiempo hacia otro tipo de influencia y significados”, más allá de los meramente comerciales. “Existen artistas que inspiran generaciones enteras”, dice “y estos artistas claves no son siempre los más visibles en el mundo de los museos y las exposiciones”.

Fuente: Arteselección

12/6/2009

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