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El
dolor de Colombia en los ojos de Botero
Cuando el artista
se compromete
con su historia
Por
Cecilia Ivanchevich
civanche@gmail.com

El 27
de junio pasado se inauguró en el Museo Nacional de Bellas Artes la
muestra "El dolor de Colombia en los ojos de Botero",
en donde el artista Fernando Botero denuncia, a través de casi 50 obras,
el horror de la violencia en su país natal.
En
este caso Botero se enfrenta a la disyuntiva del artista, en donde debe elegir
qué compromiso toma ante la pintura. Él generalmente expresa
en su obra ideales de vida, y en este caso la realidad lo obliga a usar el
arte como herramienta documental y de denuncia frente a los conflictos de
un momento histórico de su pueblo. Con esta muestra, parece replantear
la finalidad de su obra.
La serie
fue donada por el artista al Museo Nacional de Colombia y esta integrada por
obras realizadas entre 1999 y 2004. En ella Botero deja de lado, por un momento,
los paisajes y personajes de ese mundo acogedor que caracteriza su pintura.
El propio
Botero dice: “Yo he predicado siempre, y lo dije hace poco, que
el arte es para dar placer y no para fastidiar o angustiar al público.
¿Quién ha visto un cuadro impresionista triste? ¿Cuándo
se ha visto un Tiziano triste, un Velazquez triste? La Gran pintura tiene
una actitud positiva ante la vida. Yo estaba en contra de ese arte que se
convierte en testigo de su tiempo como arma de combate. Pero en vista de la
magnitud del drama que vive Colombia, llegó el momento en el que sentí
la obligación moral de dejar un testimonio sobre un momento irracional
de nuestra historia. No aspiro a que estos cuadros vayan a arreglar nada,
porque sé muy bien que el arte no cambia nada, los responsables de
los cambios son los políticos. Solo pretendo dejar el testimonio de
un artista que vivió y sintió su país y su tiempo. Es
como decir: -Miren la locura en que vivimos, que esto no se repita-. No estoy
haciendo arte comprometido, ese arte que aspira a cambiar las cosas, porque
no creo en eso”.

Del reconocible
estilo de Botero, solo quedan sus gordos. Esa exaltación del volumen
en busca de una mayor sensualidad plástica, que genera un dialogo amable
con el espectador, esta vez denuncia la criminal violencia que atormenta a
su país.
La muestra
puede visitarse hasta el 13 de agosto en el Museo Nacional de Bellas Artes.
Av. Del Libertador 1473, Capital Federal.
6/7/2006
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