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La copia de obras de Arte mueve millones de euros desde China

Copia de arte en China

“En un mes tendré terminadas 200 Mona Lisas”. Son palabras de Chen Ming, un empresario chino que vende reproducciones de obras de Arte. Desde un Rembrandt hasta un Manet, todo puede copiarse. Y se copia.

Para cumplir su compromiso, Chen contrata a diez pintores por 10 euros diarios. Además, les ofrece comida y alojamiento, por lo que trabajarán a destajo hasta terminar el pedido. Su ritmo habitual suele ser de un cuadro cada dos días.

El empresario venderá las 200 Giocondas con sus marcos por 8.000 euros, a lo que hay que añadir 600 euros para el transporte por barco y el papeleo. Un precio más que competitivo que proporciona a Chen Ming unos beneficios de 5.000 euros. Los pintores cobrarán 3.000, pero sólo cuando haya llegado la transferencia desde Occidente.

Lo cuenta en ABC Pablo M. Díez, que ha viajado a la ciudad de Shenzhen para contemplar el emporio montado en el barrio de Dafen, donde miles de pintores copian sin mirar el reloj las obras más famosas de Andy Warhol, Pedro Pablo Rubens y Van Gogh, entre otros maestros. El coste de cada pieza casi nunca supera los 30 euros.

En las calles de Dafen se amontonan las grandes creaciones de los maestros occidentales a la espera de algún comprador. Ellos no las llaman falsificaciones, sino “réplicas”, pero la mayoría están hechas con tanta fidelidad y maestría que cuesta distinguirlas del original.

El barrio de los artistas de Dafen acoge unos 700 estudios y galerías en los que trabajan más de 5.000 pintores. Se calcula que allí se produce el 60 por ciento de la pintura al óleo que se vende en el mundo. Con Leonardo Da Vinci o el Greco no hay problemas legales, porque han caducado los derechos de autor, pero allí se pinta de todo.

Todo empezó en 1989, cuando un avispado empresario hongkonés, recaló en Dafen con 26 pintores buscando un lugar tranquilo donde poder atender los pedidos de miles de cuadros que le hacían grandes superficies comerciales americanas, como Wal-Mart. Dafen era entonces sólo una humilde aldea donde los campesinos cultivaban coles y otras hortalizas, pero la apertura a la inversión extranjera hizo posible el “milagro” y ahora se mueven millones de euros a base de copias de óleos, como en otros lugares se reproducen bolsos de piel o electrodomésticos. También en este caso, se sigue el patrón de las cadenas de montaje ideado por Henry Ford.

En aquella cadena de producción, unos aplicaban los colores mientras otros dibujaban las formas. “Nuestras vidas se reducían a pintar mucho, comer poco y dormir aún menos”, recuerda Chen Ming, quien trabajó en aquella primera factoría de Arte y ahora regenta su propio negocio. Chen comercializa su mercancía a través de intermediarios chinos y marchantes canadienses que vienen a Shenzhen cada dos meses para comprar cientos de cuadros.

Aquí, el arte se compra al peso y el precio no depende de la calidad de la obra porque todas son exactamente iguales, sino del tamaño del lienzo. Un cuadro de Gustav Klimt cuesta 60 euros, con el marco incluido. Un retrato neoclásico de Napoleón, 32 euros y un falso Rubens, 65 euros. “Lo único que no podemos exportar son desnudos”, se lamenta el comerciante.

26/12/2009.

Fuente: Arteselección / ABC

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