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Damien Hirst

El regreso de los muertos en formol

Damien Hirst

Damien Hirst vuelve a exhibir animales muertos sumergidos en formol tras el fracaso cosechado en Londres con su última exposición a base de pinturas al óleo. La crítica británica calificó sus cuadros de “endebles”, “monocordes” y “espantosos”, así que el artista ha decidido reforzar el interés de su nueva exposición en Nueva York con más cadáveres embalsamados.

La Galería Gagosian de Manhattan ha titulado el acontecimiento como ‘El fin de una era’, aunque obviamente no se refiere a un cambio sustancial en la trayectoria de Hirst, sino al título de una de las piezas que se exhiben (foto). Se trata de la cabeza de un toro cuyos cuernos recubiertos de oro sostienen el disco solar, elaborado igualmente con oro macizo, el metal con que se construyó también la vitrina que contiene el cadáver. La obra está fechada en 2009.

Damien Hirst tampoco ha abandonado sus conocidas vitrinas llenas de diminutas piececillas y ha llevado a Nueva York otra obra del mismo año realizada con casi 30.000 diamantes sintéticos. Se titula ‘El día del Juicio Final’ y, como el resto de la colección, permanecerá en la Galería Gagosian de Manhattan hasta el 6 de marzo.

Junto a ellas pueden contemplarse ‘Las bodas de oro’ (2008), ‘El Agra’ (2006) y ‘La Rosa Premiere’ (2006), pinturas de estilo realista en las que los diamantes ocupan un papel fundamental, aunque la prensa de Manhattan no les ha prestado tanta atención como sus colegas de Londres, que acribillaron con sus críticas los 25 cuadros expuestos a finales de 2009 en la Wallace Collection, un pequeño museo londinense que alberga auténticas obras maestras de la pintura europea de los siglos XVIII y XIX.

Damien Hirst se gastó 266.000 euros para exhibir sus cuadros junto a los de Tiziano y Rembrandt, buscando el "reconocimiento de los entendidos" y “la aceptación del público", según explicó entonces Christoph Vogtherr , comisario de la muestra. Los cuadros expuestos en Bristol, que estaban fechados entre 2006 y 2008, fueron bautizados genéricamente como ‘Pinturas azules’, aunque cada uno de ellos tenía su título individual, como ‘Calavera Flotante’, ‘Los mansos heredarán la tierra’ o ‘Los hombres no sabrán nada’.

La crítica londinense recibió la iniciativa de confrontar los cuadros de Hirst con los de antiguos maestros con ruidosos comentarios que aludían a lo "endebles y monocordes" que parecen las obras del autor contemporáneo cuando se las compara con piezas de verdadera calidad. Así lo señaló entonces Sarah Crompton, crítica de Arte del Daily Telegraph, aunque no fue la única especialista que se mostró inmisericorde con la obra pictórica de Damien Hirst. Rachel Campbell-Johnson, del diario The Times no dudó en calificarla de "espantosa" y se preguntó públicamente qué hacían en un museo junto a las obras de Poussin o Fragonard. La respuesta se la daba ella misma: Hirst tiene "ese toque comercial" que puede venirle muy bien a cualquier museo con dificultades económicas.

5/2/2010.

Fuente: Arteselección

www.solesdigital.com.ar

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