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Escultura argentina en los años ‘20

 Entre el clasicismo y la ruptura con la academia

Por María Haucke y Rode Classen

Antonio Sibellino, “La mujer del pañuelo”En el panorama de la escultura argentina en los años 20, se observan dos vertientes bien diferenciadas. Por  un lado, un  núcleo de escultores -entre los que se encontraban Alfredo Bigatti y Luis Falcini- que siguieron una línea  fiel al  clasicismo de la forma. Continuaron la tradición y realizaron varios monumentos, como el busto de Bartolomé Mitre (1936-1940), ejecutado por Bigatti.

En contrapartida, se destacaron las obras de Pablo Curatella Manes y Antonio Sibellino que rechazaban las convenciones académicas y el tratamiento clásico. Estos escultores se desviaron hacia la búsqueda de un nuevo lenguaje, al igual que Sesostris Vitullo, que se desarrolló en forma independiente, prácticamente sin relación con estos colegas, y residió la mayor parte de su vida en París, por lo que su reconocimiento en Argentina fue más tardío.

Formación: diferentes caminos, un objetivo en común

Curatella Manes, “El acordeonista”Antonio Sibellino (1891-1960) y Pablo Curatella Manes (1891-1962) se conocieron cuando eran aprendices en el taller de Arturo Dresco. Con 17 años, estaban dando sus primeros pasos en la escultura: allí aprendieron el oficio. Curatella Manes se formó también con Lucio Correa Morales, en 1907, y Sibellino con Torcuato Tasso, y ambos estudiaron en la Academia Nacional de Bellas Artes. Pero estos dos artistas no sólo tenían en común la formación tradicional que recibieron, sino también la inquietud por trascender aquellas estructuras.

En su paso por Bellas Artes, Curatella Manes mostraba diferencias con sus profesores y con frecuencia se oponía a sus opiniones, motivo por el que fue expulsado. En la búsqueda de novedades, se vinculó con el pintor  Martín Malharro y su entorno, que objetaban las convenciones académicas.

Ambos escultores viajaron a Europa, por medio de una beca, para continuar su preparación. En 1909, Sibellino se embarcó hacia Italia para estudiar en la Academia Albertina de Torino y en 1911 se trasladó a París. Curatella Manes llegó a Francia en el mismo año y asistió a la academia Ranson. En esta etapa trabajó bajo la guía de Maillol y Bourdelle, discípulo de  Aguste Rodin, también estudió un mes con el pintor cubista Lhote.

En 1915, Sibellino fue repatriado a causa de la guerra. La situación de Curatella Manes fue disímil ya que al finalizar su beca, Bourdelle le consiguió un puesto en la embajada de Francia, y dicho empleo le permitió permanecer en el país, hasta 1951, cuando regresó a Buenos Aires.

El más distante de los tres fue Sesostris Vitullo (1899-1953), que realizó sus primeros estudios en la Academia Nacional de Bellas Artes pero en 1925 se radicó en París. Allí permaneció hasta su muerte, lejos de sus colegas y de su país nativo, pero, sin embargo, compartió las mismas inquietudes y, del mismo modo  que Curatella Manes y Antonio Sibelino, en Francia frecuentó el taller de Bourdelle. Allí participó en  diversas manifestaciones artísticas, por ejemplo el Salón Independiente (1934), y realizó, en 1947, su primera muestra individual. Su consagración fue en el año 1952, con una importante exhibición retrospectiva en el Museo de Arte Moderno de París. Pero en la Argentina su obra era prácticamente desconocida y su reconocimiento llegó mucho después de su muerte.

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23/9/2008

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