|
Piezas
griegas y romanas
de nuestros museos
Por
Susana Gioconda
Guglielmino
susanagg@hotmail.com

Museos
de la ciudad de Buenos Aires y del interior del país tienen una interesante
colección de piezas de la Antigüedad Clásica, si bien sólo
algunas están expuestas. Esculturas, vidrios, vasijas y estatuillas
de las antiguas Grecia y Roma, forman parte de un patrimonio poco conocido
en los museos argentinos.
Entre
estos museos se encuentra el Museo Nacional de Bellas Artes que cuenta con
una hermosa pieza escultórica griega en mármol que representa
una lucha entre un griego (lapita) y un centauro. La lucha se denomina centauromaquia
en la mitología griega, y simboliza la disputa entre el orden y la
armonía griegos por un lado, y por otro las características
brutales y salvajes del mundo bárbaro (recordemos que para los griegos
bárbaros eran aquellos que no pertenecían a la cultura helénica).
Esta pieza está actualmente expuesta en la biblioteca del museo mencionado.
A
poca distancia se encuentra otro de nuestros museos nacionales, el de Arte
Decorativo, donde hay una colección de piezas griegas y romanas, de
las cuales hay algunas expuestas y muchas otras en sus depósitos. Entre
las piezas exhibidas, hay un busto romano en mármol y una Minerva,
versión romana de la diosa griega Atenea (diosa civilizadora y patrona
de la ciudad de Atenas), también en mármol de 1,25 m de altura.
Pero en sus depósitos se guardan piezas muy particulares, como una
pequeña vasija griega funeraria de una forma particular, lekythos,
que con fondo blanco se empleaba durante todo el siglo V a.C. en Grecia casi
exclusivamente como parte del ajuar funerario de las tumbas. También
entre las vasijas, hay una interesante pieza griega de 42 cm de altura, de
estilo corintio, que en su decoración de frisos de animales fantásticos,
es un ejemplo de la corriente orientalizante, tendendia estética proveniente
de los pueblos que habitaban Medio Oriente y que invadió el mediterráneo
occidental durante el siglo VII - VI antes de Cristo y aportó su iconografía
a muchos objetos de uso cotidiano y de empleo funerario.
También
en la ciudad de Buenos Aires, en el Museo Etnográfico (ese hermoso
museo que se encuentra en Moreno 350, alojado en un caserón con un
precioso patio, y que depende de la Facultad de Filosofía y Letras
de nuestra Universidad de Buenos Aires) hay una numerosa colección
de piezas clásicas guardada en su depósito. Allí hay
pequeños tesoros como las estatuillas femeninas en terracota de aproximadamente
30 cm de altura, muy características del mundo griego y que fueron
muy abundantes sobre todo en el período helenístico (período
histórico de la Antigua Grecia que comienza con la muerte de Alejandro
Magno en el 323 antes de Cristo y termina con la caída del Egipto helenizado
frente a los romanos en el 30 a.C.) Estas estatuillas, con sus diversas poses
y atributos, castañuelas, mantos, sombreros, abanicos, etc., eran empleadas
con fines votivos y también formban parte del ajuar funerario de las
tumbas. Algunas tienen una perforación que se debe a que se quemaba
incienso en ellas.
Además
de las muchas piezas que se podrían comentar y que excede ampliamente
la extensión de este artículo, hay en este museo cuatro vasijas
etruscas, negras por fuera y de pasta negra, producción denominada
cerámica de búcaro como se traduce en la literatura español
sobre el tema, o como es más conocido en la terminología general, ceramica di bucchero. Lo interesante de este tipo de cerámica
es que era una producción específica de los etruscos, ese pueblo
del cual hay tantos debates entre los especialistas sobre su origen, si provenían
de Oriente y se asentaron en la península itálica o si fue un
pueblo autóctono de la península, y que vivieron en gran parte
de Italia relacionándose con griegos y fenicios desde el siglo VIII
a.C. hasta el siglo I a.C. cuando fueron absorbidos por el avasallante pueblo
romano.

Dentro
de la colección de vasijas que guarda el Museo Etnográfico,
hay algunos ejemplos que presentan un particular interés pues más
allá de su interés arqueológico como testimonio de una
forma de vida, evidencian una estética particular, como sucede con
una de las vasijas, denominada fliácica por estar decorada con una
representación de un teatro satírico denominado del mismo modo
que se daba en el sur de Italia durante la época de influencia griega,
en la cual encontramos un valioso documento sobre esta forma particular de
teatro en el cual se satirizaban a los dioses y a los personajes de la mitología
griega.
Otra serie
de vasijas de este museo es la denominada línea de producción
“cerámica de barniz negro”, muy popular en el mundo griego.
No cabe duda para los especialistas que era la vajilla empleada por la gente
humilde, pues a diferencia de las famosas vasijas griegas que podemos ver
en los museos importantes del mundo, donde sobre un fondo rojo se representan
figuras en negro o sobre un fondo negro figuras en rojo, respectivamente conocidas
por cerámica de figuras negras y cerámica de figuras rojas y
que representan la forma de vida y la mitología de los antiguos griegos,
esta línea de vasijas se distingue por una capa lustrosa que imita
el brillo del metal y la única decoración que tiene es impresa
o grabada. Siendo una vajilla sencilla, presenta de todos modos un interés
estético pues el énfasis ha sido puesto en la armonía
de sus diferentes formas, rasgo fundamental y característico del mundo
griego.
Pero dentro
de la tipología mencionada de cerámica de figuras rojas, el
museo también cuenta con algunas piezas como las que pertenecen a una
línea de producción menor que tenían los talleres de
cerámica de la península itálica en la región
colonizada por los griegos, lo que los estudiosos llaman la Magna Grecia.
Esta línea de producción consiste en vasijas de diferentes formatos,
siguiendo siempre las formas transmitidas desde las metrópolis griegas,
aunque se dan innovaciones y adaptaciones, decoradas en un lado o dos lados
de la vasija, con un rostro femenino, en general de perfil, llevando las alhajas,
ornamentos, tocados y diademas características del mundo griego. En
general estas piezas se ubican en el siglo IV antes de Cristo, época
de florecimiento de las escuelas mencionadas llamadas italiotas.
Para finalizar
con este breve comentario sobre estas piezas casi completamente desconocidas,
debemos mencionar que en el interior de nuestro país hallamos algunas
piezas del mismo ámbito cultural, tales como las cuatro pequeñas
pero interesantes piezas del Museo de Arte Decorativo “Firma y Odilo
Estevez” de la ciudad de Rosario: una cabecita griega femenina, dos
lámparas para aceite romanas y un pequeño vidiro romano.
Sería
interesante que en algún momento nuestros museos pudieran hacer una
exposición conjunta sobre las colecciones clásicas de nuestro
país. Además, vale la pena comentar que no somos el único
país de Latinoamérica que posee este tipo de piezas. En Uruguay
se encuentra una magnífica colección de piezas grecoromanas
que al igual que en nuestro caso, está guardada en los depósitos
en un museo.
Diferente
es el caso de Brasil, que cuenta con una importante escuela de arqueología
clásica en la Universidad de San Pablo, con especialistas en contacto
con sus pares europeos y tanto en el pequeño museo de la escuela de
arqueología de esta universidad así como en la ciudad de Río
de Janeiro, hay una muy bien catalogada colección grecoromana.
Notas
relacionadas:
Atenas pelea por sus tesoros
Roma: Volver al pasado
Galería de fotos: Roma
17/7/2007
www.solesdigital.com.ar
|