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Koki Ruiz

Lejos del caballete, muy cerca de la gente

Por Catalina Pantuso
catalinapantuso@gmail.com

Delfín Roque Ruiz Pérez, conocido por todos como Koki, nació en San Ignacio Guazú (Departamento de Misiones, Paraguay) el 16 de agosto de 1957, donde sus abuelos se habían radicado a comienzos del siglo XX. Durante su infancia fue educado por los sacerdotes jesuitas y cursó el secundario en el colegio San Blas, de la ciudad de Obligado (Departamento de Itapúa), donde maestros y sacerdotes alemanes le transmitieron una formación rigurosa pero también le dieron la posibilidad de desarrollar toda su creatividad. Se recibió de bachiller y viajó a Sao Paulo (Brasil) para estudiar Arquitectura, carrera que nunca terminó.

Su formación artística fue informal, experimentó con materiales y colores que él mismo encontraba en la naturaleza. Algunas veces empleó aceite usado de tractor para realizar, sobre bolsas de arpillera, sus composiciones pintadas con jabón y harina. En un comienzo tampoco utilizó pinceles o herramientas convencionales sino que se valió de sus dedos y otros elementos a manera de espátula. Koki afirma que su estilo surgió de la espontaneidad y de las ganas de pintar.

Posteriormente se convirtió en pintor de caballete y obtuvo numerosos premios, entre los que pueden mencionarse el Primer Premio Artista Joven, en el Bosque de los Artistas, de Asunción (1977); el Primer premio en dibujo, en el “Salón de Humor” Diario La Tribuna, de Asunción (1979). El reconocimiento logrado en el Paraguay le permitió participar en la Expo-Arte ARCO de Madrid, (1986) y en de la “First Art Biennal” Canning House, Londres (1987). En el mes de noviembre de 2008, Koki Ruiz recibió el título Doctor Honoris Causa de la Universidad del Pacífico Privada, por su invalorable aporte al desarrollo de la cultura.

El crítico de arte Miguel Ángel Fernández afirma que: “Koki Ruiz, autodidacta, puede ser incluido entre los pintores que han optado por las técnicas tradicionales del cuadro. Su pintura –adscripta a un cierto postimpresionismo- capta y configura el color y la luz de ese mundo mediante configuraciones logradas con el pincel o la espátula, sin someterse no obstante a prejuicios naturalistas. Sus trabajos parecen buscar —no sé si intuitiva o metódicamente— la afirmación de los valores específicos que desde los llamados “héroes del color” de fines del siglo pasado, están en el centro de buena parte de la práctica artística y en particular pictórica, de nuestro tiempo”.

Una vez que su talento fue reconocido en Asunción como “pintor de elite”, decidió volver a sus orígenes. A los 37 años, Koki Ruiz se instaló en el predio de la granja rural de su familia, en la Comunidad de Tañarandy, a dos kilómetros de la ciudad de San Ignacio Guasu. Dejó la ciudad, comenzó a vivir en un predio de 40 hectáreas, conocido como La Barraca, y decidió cambiar el estudio y el caballete por el arte popular. Junto con un grupo de pobladores, creó una expresión artística única que actualmente se conoce como “La procesión de Tañarandy”.

Para Koki Ruiz “Cada ser humano es un artista y cada acción una obra de arte” y “todas las personas nacen con la capacidad de crear; el arte debe salir de las colecciones de los museos para instalarse en el pueblo.”

9/7/2015

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