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Félix Nadar

Retrato de la Francia del siglo XIX

Por Desireé Galizia
desireegalizia@yahoo.com.ar

Felix Nadar - Autorretrato
Felix Nadar - Autorretrato

Como todo gran invento, la fotografía nació de la mano del espíritu de la época. Durante todo el siglo XIX Francia atravesó una serie de revoluciones liberales burguesas que dieron estatuto a una nueva clase emergente. De la mano de la instauración de derechos civiles, políticos y constitucionales, el naciente arte encontró eco en una capa de la sociedad que ansiaba ver realizada una forma de autorrepresentación. La nueva clase quería verse a sí misma, y de la mano de ello, sus logros sobre los antiguos derechos de una aristocracia en decadencia.

En 1839, el Congreso parisino sancionó  una ley que hizo de dominio público el invento. De ese momento en adelante, cualquier civil podía obtener una licencia para utilizar el gran instrumento para recrear imágenes fijas.

La figura del fotógrafo reemplazó a la de los artistas que vivían del retrato en la Francia del siglo XIX. Los pioneros fotógrafos, al provenir del ambiente artístico y de la bohemia, imprimieron en los retratos un plus de calidad en el acabado, proveniente de su ojo entrenado en los detalles. A la par, con la vista en el negocio, se encontraban los clásicos comerciantes burgueses, a quienes sólo les interesaba generar ganancia, quienes  más adelante se dedicarían exclusivamente a la compra venta del moderno aparato. Dentro del primer grupo, encontramos a la singular figura de Félix Tournachon, quien como alias utilizaría Nadar.

Félix nació en París en 1820. Proveniente de la burguesía de las provincias, pasó su infancia en Lyon, y luego comenzó la carrera de medicina como buen hijo de burgués. En beneficio de la historia de la cultura, su padre quebró, lo que lo obligó a ganarse la vida desde joven en diversos metieres. Su inclinación hacia las artes lo llevó a formar parte de la gran cantidad de intelectuales que se instalaron en la capital, en busca de una vida más emocionante que la de la campiña. Ya en Lyon había publicado algunos artículos con el pseudónimo de Nadar, y una vez en la gran ciudad, sin haber estudiado dibujo, sus dotes naturales de artista y un pariente caricaturista le brindaron los medios para que sus trabajos aparecieran en Le Charivari, una publicación de humor de la época.

De a poco fue ingresando en el ambiente bohemio del Quartier Latin, donde grupos de jóvenes estudiantes, artesanos y pequeños funcionarios politizados con tendencias libertarias se agrupaban para tomar café y discutir durante horas acerca del futuro de la nación. El arte dejaba de ser un privilegio de las castas altas y pasaba a formar parte de vida cotidiana de las personas. Las leyes del mercado imperantes obligaban a la despersonalización de la relación empleado-patrón, y la oferta debía ceñirse estrictamente a los caprichos de la demanda burguesa. El capitalismo en pleno comenzaba a reinar. La oposición bohemia - burguesía era evidente, por lo que Nadar no tuvo más alternativas que comenzar a trabajar para un público que en realidad detestaba. Tan es así, que en 1848 participa activamente de un  levantamiento polaco en Alemania y cayó preso.

En su regreso a París, se dedica de lleno a la publicación de artículos, cuentos y caricaturas. Se casa, intenta sentar cabeza. Sin embargo, el despilfarro de dinero es su hobbie, por lo que siempre se encuentra apremiado cuando de contar francos en el bolsillo se trata. Portador de un espíritu diversificado, acepta cuando un amigo le ofrece un equipo de fotografía por unos pocos billetes. Surge en su alma la disyuntiva cuando se plantea dejar las artes de lado para avocarse a la nueva moda de las fotos. Pero ahora tiene una familia que mantener, por lo que en 1853 abre su propio estudio en la Rue Saint Lazare.

Luego de transitar la ciudad en su juventud, frecuentar cafés y clubes selectos, su pertenencia a la bohemia lleva al nuevo fotógrafo a ver desfilar en su estudio a las personalidades más destacadas de los intelectuales parisinos. En pocos años llega a ser una figura requerida, y a esta altura todos quieren ser inmortalizados a través del ojo de Nadar. La elite parisina se reúne en su estudio, enarbolando la bandera del interés artístico común. Figuras como Champfleury, Baudelaire, Delacroix y Bakunin, pero también la burguesía acaudalada y figuras del espectáculo.

La singularidad de las tomas que realiza Nadar recaen en retratar aquello que caracteriza al hombre moderno, una concepción nueva de la belleza que también encontramos en los escritos de Baudelaire, y que habla de una nueva forma de mirar a la sociedad en su conjunto. La impronta de estos retratos da de lleno con la conjunción  de cierto nivel de profesionalismo, perspicacia y detalle, que habla de un trabajo realizado al margen del concepto de la foto como mercancía.

Para la misma época, los hermanos Godard  incursionaban en la aeronáutica, razón suficiente para que el espíritu sensible de Nadar se viera atraído hacia ella. Comienza sacando fotos panorámicas, para luego terminar nombrado como comandante de una compañía de aerostatos.

La vida de Nadar refleja el vaivén de la época. Un  momento histórico convulsionado, de constantes cambios, asedios y revoluciones. Una Francia en permanente ebullición, el ascenso de la burguesía como clase dominante, cambios económicos políticos y sociales. Con este marco, nos queda como herencia el arte y la mirada de la sociedad a través de lo ojos de un espíritu inquieto.

22/3/2011

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