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Al
encuentro por el desencuentro
Luis
Felipe Noé y las paradojas latinoamericanas
Por Catalina
Pantuso
catalina@octubre.org.ar

“Me
siento como un primitivo frente a un mundo que me excede, pero, en este caso,
el ‘exceso de objeto’, no es natural sino cultural; me siento
como un imaginero de fetiches en medio de una cultura que se derrumba y otra
que aún no se ha enunciado como tal, como un espejo que tiene en frente
el fantasma de un muerto y la latencia futura de un nonato. Y me siento así
porque me siento artista en América latina en la segunda mitad del
siglo XX”.
Luis Felipe Noé. Julio de 1995

Desde
el jueves 27 de octubre hasta el sábado 26 de noviembre, en la Galería
Rubbers (Av. Alvear 1595, Buenos Aires), se podrá visitar la muestra
“Emergencias”, en la que se presentan las nuevas obras de Luis
Felipe Noé. Teniendo en cuenta el compromiso social e intelectual
de Yuyo, Soles Digital analiza en esta nota su preocupación
por la identidad latinoamericana, recordando un excelente libro publicado
en 1992 y que en la actualidad está totalmente agotado.
La paradoja
es sustancial en la vida y en la obra de Luis Felipe Noé. Es curioso
ver que sus nombres hacen referencia a antiguas dinastías del poder
europeo; hay cuatro emperadores que llevan el nombre de Luis y no menos de
treinta reyes; en cuanto a los Felipes son veintidós los que aparecen
en la enciclopedia. Su apellido nombra a un personaje bíblico, Noé,
el patriarca que salvó hombres y animales del diluvio universal. Pero
él prefiere que lo llamen simplemente Yuyo, regionalismo popular americano,
no aceptado por la Real Academia Española y que figura como una de
las incorrecciones del idioma.
Tanto
en las diferentes manifestaciones de las artes plásticas (murales,
dibujos, pinturas, diseño de títeres) como en su pensamiento,
Noé se empeña en mostrar la íntima conexión del
artista con su medio, con su tiempo, con su espacio. En un reportaje publicado
en Clarín.com afirma: “Podría repetir la fórmula
de Ortega y Gasset de ‘yo soy yo y mis circunstancias’. Pero pienso
que esta relación puede encararse de distintas maneras: determinado
por ella, desafiando a cambiarla, o a pesar de ella. Opto por esta última,
mientras espero que las circunstancias cambien. Pero creo que además
de la fórmula orteguiana hay otra que le es complementaria: ‘Yo
soy en situación’. A uno lo sitúan desde el nacimiento.
Y así uno dice, por ejemplo: ‘Soy argentino’. Y ésta
es la situación mía y de la mayoría de nosotros, los
que vivimos en este país: para salir de esta situación hay que
dejar de estar centrado en lo individual. ‘Yo y nuestra circunstancia’.
Esta es la nueva situación.”
Hace más
de 40 años eligió la libertad; se desentendió de todos
los prejuicios —tanto académicos como vanguardistas— y
se atrevió desafiar los caminos preestablecidos de las modas más
o menos consolidadas. Al integrar el movimiento conocido como Nueva Figuración
Argentina Yuyo afirmó: “Creo en el caos como valor”.
Esgrimió la paradoja para enfrentar supuestas verdades, como la universalidad
del arte, o para buscar nuevos senderos expresivos.
La problemática
de la identidad y el destino del arte en América latina son dos ejes
permanentes de su obra pictórica y también de sus conferencias,
libros y ensayos: “Serie Federal” (1961), “La naturaleza
y los mitos” (1975), “Conquista y violación de la naturaleza”
(1975), “Paisajes amazónicos y de la memoria” (1981), “Errores,
omisiones y del prolijidades” (1997). A mediados de los años
‘60, en una carta enviada a unos amigos decía: “Hay
un tema que me preocupa mucho (...) Es el tema del subdesarrollo cultural
(...) Es que creo, cada día más, que hay que masacrar la mentalidad
colonial (existente en todos los campos) que busca referencias en el exterior
y siempre está alojada en sus temores de dar pasos en falso. Como así
también a la mentalidad provinciana y estancada”.
Al
encuentro por el desencuentro
Para
Noé el arte es el campo donde el artista se juega creativamente, y
esto no es un simple recurso sino una actitud vital que va desde lo testimonial
hasta lo mágico. En una conferencia pronunciada en el Foro de Arte
Latinoamericano, en México (1981), sostenía que la tradición
da un marco de referencias concretas, mientras que la falta de un pasado cultural
se proyecta en un desconcierto tanto en el presente como en el futuro. “Y
así la pintura se convierte en una disciplina histórica: está
preocupada en hacer historia, en inventarla.(...) Las artes plásticas
constituyen una manera de ser o sea, de ir siendo, de ir haciéndose
imagen de sí mismo para el hombre latinoamericano.”
En 1992,
cuando se cumplieron 500 años de la llegada de los españoles
a estas tierras, Noé se convierte en un historiador creativo. Publica
el libro “A Oriente por Occidente. Descubrimiento del llamado descubrimiento
o del origen de lo que somos y no somos” (Colombia, 1992). Utiliza la
famosa paradoja del axioma de colombino, para construir un nuevo relato de
la conquista, y a partir de ésta enumera otras cuarenta y siete más.
El
artista rescata e interpreta los textos de Cristóbal Colón para
crear una obra en la que desarrolla el juego entre lo escrito y lo pictórico.
Reproduce mapas antiguos que contrapone a la moderna cartografía. El
castellano arcaico se traduce no sólo en las palabras sino también
en los caracteres gráficos. Sus dibujos sostienen antiguas láminas
y los colores brillantes iluminan remotas escenas. Su mirada no se posa sólo
sobre los territorios sino que avanza hacia el autodescubrimiento cultural,
esto es el “origen de lo que somos y no somos” .
Comienza
el libro señalando la paradoja del nombre de nuestro continente. Cuando
el alemán Waldseemüller escribe la Cosmographiae introductio,
en lugar de homenajear a Colón, marino aventurero hijo de discretos
comerciantes, quien antes de obtener el apoyo de los Reyes Católicos
peregrinó años por las cortes de Portugal, Francia e Inglaterra;
da al Nuevo Mundo el nombre de América, recordando Américo Vespucio,
un intelectual que conocía las ideas de Aristóteles y Tolomeo,
que había aprendido latín y leía apasionadamente a Virgilio,
Dante y Petrarca, que se había formado con Toscanelli —el mejor
cosmógrafo de la época—, y que realizó los viajes
en nombre de la corona portuguesa, entonces enemiga de la española.
Al inicio
usa frases enunciativas: “Al este por el oeste. Al norte por el
sur. A las Indias del Pacífico por la Indias del Atlántico.
Al descubrimiento por lo descubierto”. Continúa con señales
de alerta: “A la verdad por el error. A la justa medida por la exageración”.
También denuncia: “A la destrucción por la admiración.
Al origen de América por la destrucción de lo originario. A
la modernidad por los prejuicios medioevales. A la muerte por la vida. Al
encuentro por el desencuentro. A la evangelización por la esclavitud.
A Dios por la destrucción del Paraíso”.
Pero como
su objetivo no es sólo rescatar el pasado sino tallar el presente,
enuncia las paradojas de nuestra historia regional: “Al nombre de
América del Norte por el nombre de América del Sur. A la unidad
por la división. A la izquierda por la derecha. A lo nacional por lo
internacional. A la identidad propia por la identificación con lo ajeno”.
El
arte de América latina ¿necesita pasaporte?
Este interrogante,
que subyace en gran parte de la obra de Noé, fue el título de
su ponencia presentada en un seminario organizado por The Massachussets College
of Art de Boston (1988). En ella afirma que la preocupación por la
identidad en el arte latinoamericano tiene su origen en la dependencia cultural
ya que ningún artista europeo se formula esta pregunta. Plantea la
cuestión en términos de marginalidad y poder. La cultura que
emana de los centros de poder políticos y económicos, simplemente
es porque puede.
La identidad
artística es algo tan inherente a una sociedad que conforma su sistema
de valores. Para lograr un perfil propio es necesario reconocer a toda América
latina como una comunidad de destino por encima de los países; aceptar
las diferencias profundas entre las raíces indígenas, hispánicas
y el aporte inmigratorio. La paradoja es que el artista “En tanto que
occidental se encuentra de vuelta del camino y en tanto que latinoamericano
en el punto de partida”.
Más
allá de los indigenismos y folklorismos —antes despreciados,
hoy rescatados como pintorescos por el mercado internacional— la búsqueda
en la tradición precolombina y en el arte barroco, es un sendero a
transitar y no sólo por parte de los antropólogos. Para Noé
se hace necesario no detenerse en la “estética de la nostalgia”.
Si bien
no puede afirmarse —en términos generales— que exista en
las artes plásticas una clara imagen latinoamericana (algo que se ha
logrado en la literatura y en la música), si hay una peculiar forma
de percepción, que para Noé se manifiesta en un espacio atiborrado,
un colorido vibrante y una definición lineal. “Los rasgos
comunes no se exigen, simplemente se gestan”.
El 8 de
diciembre de 2004, en el 180 aniversario de la definitoria batalla de Ayacucho,
se concretó el sueño de los Libertadores, cuando se firmaron
los acuerdos que dieron nacimiento a la Unión Suramericana. Este hecho
de vital importancia para nuestra región no ha merecido mayores espacios
en los medios de difusión, y paradojalmente tampoco los intelectuales
se pronunciaron sobre este hecho histórico. Sin embargo Yuyo afirma
que “Lentamente, pero en forma segura, la estética de la
nostalgia se transformará en una estética de la esperanza. E
ignoraremos siempre la estética del silencio”.
Notas
relacionadas:
Informe especial: Luis Felipe Noé
17/10/2005
www.solesdigital.com.ar
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