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Alfredo
Volpi
(Lucca, Italia, 1896 - São Paulo, Brasil, 1988)

Es uno
de los artistas brasileños más importantes de este siglo. Llegó
con sus padres a Brasil cuando tenía dos años. Se trata de un
pintor original que inventó en solitario su propio lenguaje.
Fue educado
en italiano y tuvo poca escolaridad. Inmigrante humilde, luchaba arduamente
por ganarse la vida. Era un simple obrero, un pintor y decorador de paredes,
que pintaba los ornamentos murales, frisos y florones de los salones de los
palacetes de la época. La trayectoria de Volpi fue desde siempre independiente
de cualquier movimiento, corriente o ideología.
En 1914
se decide a pintar: sus primeras obras combinan el estilo neoimpresionista
con el realismo social, tanto en escenas de género como en paisajes
figurativos. No tomó conocimiento de la Semana de Arte Moderno de 1922,
en el Teatro Municipal de São Paulo, pero asistió en 1926 a
la conferencia del poeta Marinetti, teórico del futurismo, en el mismo
lugar.
Si bien
por su edad podría haber participado de la Semana de Arte Modernola
diferencia social impidió que Volpi se vinculara a los modernos. Éstos
eran intelectuales y provenían de la élite económica,
mientras que él era un inmigrante italiano, un obrero de la construcción
civil.
En la
década del 30, su pintura adquiere un sabor claramente popular. Participa
de exposiciones sin mayor importancia hasta principios de la década
de 1930. En 1935, se vincula a otros artistas, conformando el “Grupo
Santa Helena”, pero no tenían realmente un perfil de grupo articulado.
Al contrario
de la gran mayoría de los pintores brasileños –que dieron
lo mejor de sí a comienzos de sus carreras-, Volpi fue un artista tardío.
Recién a fines de la década de 1930, algunas marinas empiezan
a anunciar al gran maestro. Y es recién en el ‘44, casi con cincuenta
años, que realiza su primera exposición individual, en un local
alquilado en el centro viejo de São Pablo; obtiene gran éxito
entre la intelectualidad y la crítica, y vende todas las obras.
Los 40
marcan la decisiva evolución de Volpi hacia un arte no representativo,
no mimético, independiente de la realidad contemplada. Es a partir
de aquí cuando su estilo da un giro orientado a la esquematización
y a la composición a partir de elementos verticales y horizontales
inclinados. Recién en esta etapa, Volpi comienza a introducirse en
el circuito más prestigioso, relacionado con los modernistas.
En 1951,
también con la venta de una serie de telas todavía por pintar,
el artista hace su único viaje a Europa en el cual, más que
interesarse por el arte contemporáneo, se dedica a la pintura italiana
de los siglos XIII a XVI. Al regreso de su viaje, supone el abandono absoluto
de lo figurativo, situándose en las puertas de la abstracción
geométrica. Influido por el arte concreto, se sirve de diferentes esquemas
geométricos que somete a múltiples variaciones para explorar
las propiedades ópticas del color; ejemplo de esto es su obra Banderolas
(Colección Joao Marino, San Pablo, 1967).
Después
del premio en la II Bienal de de São Paulo, en 1954, Volpi se vuelve
una presencia obligatoria en los principales certámenes del país
–salones, bienales, grandes exposiciones y muestras por invitación–.
Trabajaba con extrema regularidad y producía mucho. Realizó
muestras individuales en Río y en São Paulo entre 1946 y 1980.
Integró cuatro representaciones brasileñas a la Bienal de Venecia,
en 1950, 1954, 1962 y 1964. Y en 1961 mereció una Sala Especial en
la Bienal de São Paulo.
Se hicieron
retrospectivas de su obra en 1957 y 1972 en el Museo de Arte Moderno de Rio
de Janeiro; en 1975 en el Museo de Arte Moderno de São Paulo; en 1976
en el Museo de Arte Contemporáneo de Campinas; y en 1986 y 2006, otra
vez en el Museo de Arte Moderno de São Paulo.
Volpi
murió en mayo de 1988, en São Paulo, poco después de
cumplir 92 años.
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