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Peaky Blinders: La elegancia en la violencia

Hans Weingartner, director de “303”

“Quise hacer un largometraje que diera la sensación de documental”

303
 

Por Mariano García
@solesdigital

El alemán Hans Weingartner, director de la película “303”, se encuentra en Buenos Aires para la presentación de su film, que encabeza la 18° edición del Festival de Cine Alemán que tendrá lugar del 13 al 19 de septiembre en las salas Village de Recoleta y Caballito.

El realizador continúa con la reflexión crítica sobre la sociedad capitalista contemporánea, ya iniciada con “Los edukadores” (Die fetten Jahre sind vorbei, 2004), y que con “303” toma forma de road movie romántica, pero con un elaborado trasfondo político, ético y filosófico. “Quise hacer un largometraje que diera la sensación de documental”, afirmó Weingartner en la conferencia de prensa que inauguró el festival.

La película es protagonizada por Mala Emde (Jule) y Anton Spieker (Jan), que dan vida a dos jóvenes estudiantes universitarios que frustrados por sus carreras abandonan Berlín rumbo a la Europa meridional, en busca de respuestas a problemas personales y existenciales. Unidos por el azar, en cada parada del trayecto geográfico van descubriendo una nueva dimensión de sus sentimientos, pensamientos, ideales y miedos.

Los profundos diálogos entre la idealista Jule y el pragmático Jan son el eje y corazón de la película. “Antes de empezar a filmar, dedicamos una semana al análisis psicológico de los personajes, para que supieran de dónde venían, cuáles eran sus motivaciones”, explicó el director, quien agregó que además se tomaron otras cinco semanas más para ensayar los diálogos: “Quería fue fuera como ensayar música, para que a la hora de interpretarlos no pensaran tanto y les saliera con naturaleza”.

En ese sentido, “303” muestra el lado reflexivo e introspectivo de dos jóvenes que intencionalmente son presentados lejos de los clichés de la cultura digital millennial, en un puente que el guionista y director tiende hacia su propia juventud de décadas pasadas. El motorhome Mercedes Benz, tercer protagonista sobre cuyas ruedas transcurre la  película, se convierte así en una máquina del tiempo donde el pasado recupera vigencia y el presente parece inmóvil, con un tono nostálgico y una estética vintage donde las relaciones personales y el diálogo cara a cara son más importantes que las notificaciones del smartphone. “Incluso por la forma anticuada en la que se enamoran, o las teorías que discuten, que son de los años ’70 pero todavía mantienen vigencia”, agrega Weingartner.

Los personajes se van conociendo a medida que transitan los caminos y autopistas que atraviesan Alemania (aplausos para la referencia a Autobahn de Kraftwerk), Bélgica, Francia, España y Portugal. Pero desde lo visual, el realizador no grandes proezas técnicas ni planos espectaculares: “Fue el rodaje más exigente de mi vida”, sostuvo. “Las road movies son muy costosas, por lo que me propuse mantener la técnica lo más simple posible, la cámara siempre tiene la perspectiva propia del espectador, para lograr la sensación de estar viendo un documental”.

La frescura y naturalidad en la actuación de los protagonistas (sin experiencia previa en cine) hacen que los argumentos científicos o políticos sean parte del juego de enamoramiento entre ambos, y que la complejidad de diálogos que le llevaron años de escritura al realizador se presenten como parte de la seducción. En palabras de Weingartner, “siempre me encantaron estas conversaciones sobre Dios y el mundo, y me pareció interesante que las llevaran adelante dos jóvenes y no dos profesores universitarios”.

11/9/2018

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