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Peaky Blinders: La elegancia en la violencia

Amor eterno

Deslucida historia de amor

 

Por Carla Masmun

Título original: “Un long dimanche de fiançailles” (Francia, 2004) Dirección: Jean-Pierre Jeunet. Guión: Jean-Pierre Jeunet, Guillaume Laurant. Elenco: Audrey Tautou, Gaspard Ulliel, Dominique Pinon, Jodie Foster, Chantal Neuwirth, Ticky Holgado, André Dussollier, Jean-Paul Rouve, Albert Dupontel, Jérôme Kircher, Jean-Pierre Darroussin, Denis Lavant, Dominique Bettenfeld, Jean-Pierre Becker, Tchéky Karyo, Jean-Claude Dreyfus, Marion Cotillard, Julie Depardieu, Michel Vuillermoz. Duración: 130 minutos.

“Amor eterno” reúne nuevamente al equipo responsable de “Amélie” (2001): Jean Pierre Jeunet en la dirección y el guión, Audrey Tautou en el personaje principal, Bruno Delbonnel en la dirección de fotografía y los mismos encargados del vestuario, edición, sonido y producción. La historia está basada en una novela de Sebastien Japrisot y encuentra en la maravillosa fotografía de Delbonnel lo mejor de la película, a partir de una clara diferenciación de los espacios de Mathilde (Audrey Tautou) y Manech (Gaspard Ulliel), la pareja protagónica. Para Mathilde, Delbonnel utiliza colores cálidos y brillantes que señalan el pueblo como el lugar de lo idílico; para Manech, usa grises, marrones y azules, otorgando una mayor densidad a los espacios devastados por la guerra.

Jeunet construye el film siguiendo la lógica del pastiche. Así, mezcla imágenes (aparentemente) documentales de la Primera Guerra Mundial con otras apócrifas sobre la familia de Mathilde, y algunas referencias a films sobre la guerra como “Sin Novedad en el Frente” de Lewis Milestone de 1930, con otras alusiones a películas del propio Jeunet. De hecho “Amélie” es el interlocutor más claro, especialmente en relación con el personaje principal. Esto ocurre no sólo porque Mathilde es interpretada por la misma actriz sino también porque ambos personajes comparten la inteligencia y la tozudez. Por otro lado, el relato es conducido por una voz over que, como en “Amélie” no remite a ningún personaje y cuya función es internarnos en el terreno del cuento con el característico “Había una vez…”. Esta incesante remisión al film que lanzó a la fama a Audrey Tautou termina por agotarse en sí misma. Al mismo tiempo, señala una distancia infranqueable entre los dos films, dado que aquello que en “Amélie” era fresco y original aquí se transforma en una copia deslucida y previsible.

En “Amor eterno” hay, además, algo tramposo La suerte de los cinco soldados condenados a permanecer entre las trincheras de franceses y alemanes es reconstruida por medio de flashbacks de personajes que subrayan lo inhumano de la guerra. A pesar de este explícito discurso contra la guerra, Jeunet exhibe la violencia cargando las imágenes con una alta dosis de espectacularidad, como ocurre en el episodio de la explosión del zeppelin.

Sin embargo, el problema mayor de “Amor eterno” es su indecisión en el tono que adopta para narrar la historia. Podríamos decir que esta película es una comedia – tragedia - romántica – bélica – policial – etcétera, etcétera… La historia de amor de Mathilde y Manech se ve perturbada por la partida de Manech a la guerra. Condenado ante una corte marcial Manech desaparece, y Mathilde se decide a emprender la búsqueda. Mientras que el conflicto romántico se mezcla con lo dramático de la guerra, el entorno familiar de Mathilde es retratado en tono de comedia y el episodio de la prostituta juega con elementos del policial. Entre unos y otros, el espectador salta desorientado, sin saber si reír o llorar.

“Amor eterno” es un producto desparejo que combina una excelente puesta en escena, buenas actuaciones y una bella fotografía con una pretenciosa construcción narrativa que adolece de una alta previsibilidad y cierta falta de coherencia.

8/4/2005

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