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Peaky Blinders: La elegancia en la violencia

El Árbol de Lima

Guerra diaria

 

Por Juan Finn
finnjuan@yahoo.com.ar

El Arbol de Lima

Título: Etz Limon Dirección: Eran Riklis. Guión: Suha Arraf y Eran Riklis Intérpretes: Hiam Abbass, Ali Suliman, Doron Tavory, Rona Lipaz Michael, Tarik Copti, Amos Lavie, Amnon Wolf, Smadar Yaaron, Ayelet Robinson. Música: Habib Shehadeh Hanna. Duración: 106 minutos. País: Israel, Alemania, Francia. Año: 2008.

Se podría decir que en El Árbol de Lima, Eran Riklis construye su relato “entre”, pero no “sobre”, el enfrentamiento árabe-israelí. Es claro que el drama cobra interés por las particularidades del territorio donde se desarrolla, pero el conflicto es más una circunstancia con la que se convive diariamente, antes que un suceso de quiebre, que revolucione o plantee una crisis o la posibilidad de algún tipo de cambio.

Riklis nos pone del lado de Salma, una solitaria viuda palestina, que vive en la frontera entre Israel y los Territorios Ocupados, donde mantiene una plantación de limoneros, último lazo con sus tradiciones familiares.

Cuando el ministro de Defensa de Israel se muda a una casa lindante con el terreno de Salma, el servicio secreto pide talar los árboles, por una cuestión de seguridad nacional. Para proteger este reducto de su historia familiar, la viuda comienza una batalla legal contra el ministro.

El Árbol de Lima, es un drama con algunos toques de comedia, en el que un enfrentamiento difícil es puesto de marco para contar la resolución de un absurdo. Los árboles, son esa amenaza diaria y simple que supone enfrentarse a otros, defendiendo una postura cerrada, sin disposición para el dialogo.

Por esto, no hay una revolución, porque no hay una postura que defender, si no la permanencia de un sin sentido. Por eso, el relato es construido “entre” el conflicto, y no “sobre” él, porque de esta manera, se puede decir algo de él, sin caer en la representación del sin sentido que la guerra supone.

La violencia física es únicamente sugerida, por la clara violencia simbólica representada. Desde la presencia de una autoridad armada, a la confrontación idiomática, Riklis muestra batallas sin sangre, pero hechas carne en la piel de la cotidianidad, de quienes viven la violencia.

El film se sostiene en un reparto muy bien preparado. Hiam Abbass da cuerpo a Salma. Ali Suliman, es el abogado que se enamora de ella. Rona Lipaz Michael, compone un contrapunto al personaje principal, ella es Mira Navon, quien admira a Salma y busca una solución dialogada. Doron Tavory es Israel Navon, el Ministro de Defensa, una muestra de la peligrosidad de la pasividad en el poder, cuando no quiere hacerse cargo de tomar las decisiones que impulsen los cambios.

Entre drama y comedia, aunque con más de lo primero, El Árbol de Lima, deja el sabor agridulce de algo que no termina resolverse. Riklis pretende algo más que un film entretenido, y con gran esfuerzo lo logra.

2/6/2009

www.solesdigital.com.ar

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