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A
todo o nada
Risas y lágrimas
Por
Carla Masmun

(“All Or Nothing”, Gran Bretaña, 2003) Dirección, Guión: Mike Leigh. Producción:
Mike Leigh, Simon Channing Williams, Alain Sarde. Elenco: Timothy Spall, Lesley Manville, James
Gordon, Allison Garland. Música:
Andrew Dickson. Duración: 128 minutos.
Una familia
de clase trabajadora en Gran Bretaña, al borde de la disolución.
La historia de “A todo o nada” podría situarse en cualquier
lugar. El relato se centra en la familia de Phil (Timothy Spall), un taxista,
y Penny (Lesley Manville), cajera de un supermercado. Tanto ellos como sus
dos hijos están insatisfechos con sus vidas. Phil enfrenta los problemas
con resignación y alusiones al destino. Penny lo hace con quejas y
amargura. A su alrededor se delinean otras historias, de vecinos y amigos
que se encuentran en la misma situación.
La incomunicación
crea abismos, en los matrimonios, y entre padres e hijos. Todos están
estancados en la misma situación pero no pueden ayudarse. Los padres,
lamentando lo que pudo ser y no fue, defraudados. Los hijos, sin posibilidades
de progresar ni esperanza de lograrlo.
El director
Mike Leigh, después de “Topsy – Turvy”, vuelve a
las historias que caracterizan su filmografía, en una Gran Bretaña
proletaria y contemporánea como ocurría en “Naked”
o “Secretos y mentiras”. El director retrata a sus personajes
con clara sensibilidad y, a pesar del alto grado dramático de la historia,
evita los golpes bajos sin juzgar ni caricaturizar el dolor de aquellos que
sufren.
Como en
otros de sus films, Leigh maneja en forma magistral la capacidad de conciliar
lo dramático con lo cómico, interrumpiendo los momentos de mayor
tensión con algún chiste que permite distanciarse del destino
de los personajes.
Los mejores
momentos del film se logran en los retratos de la intimidad de cada familia,
donde la cámara oficia como testigo de las conmovedoras actuaciones,
en especial, de Timothy Spall y Lesley Manville. Entre ellos, vale nombrar
el de Phil buscando dinero para pagar su cuota del taxi; las comidas familiares
o las charlas entre la vecina Maureen y su hija.
De acuerdo
con el modo de trabajo de Mike Leigh, los actores atraviesan por un complejo
proceso de investigación a partir del cual construyen sus personajes,
sin necesidad de atenerse a un guión fijo. Esto les permite realizar
búsquedas que aporten mayor espesor a cada uno. Este modo de trabajo
logra dejar de lado que ideas preconcebidas en el guión deban repetirse
sin cambios. De allí surge, seguramente, el extraordinario trabajo
de todos sus actores, que con recursos gestuales y vocales consiguen elevar
una historia simple a un nivel superior.
Para el
final, Leigh reserva una pequeña esperanza: tal vez, a pesar de las
cosas malas, todavía podamos seguir adelante.
21/9/2004
www.solesdigital.com.ar
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