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Babel
Ambigua
incomunicación
Por
Mariano
García
mariano@octubre.org.ar

Título
original: Babel. Director: Alejandro González
Iñárritu. Protagonistas: Brad Pitt, Cate Blanchett,
Harriet Walter, Mohamed Akhzam, Peter Wight. Música:
Gustavo Santaolalla. País: Estados Unidos. Año: 2006.
Con su
nuevo largometraje, el director mexicano Alejandro García Iñárritu
(“Amores perros”, “21 gramos”) aborda la paradójica
incomunicación de la sociedad global, donde todo está interconectado
mientras el entendimiento entre lenguas y culturas es cada vez menor. Para
ello, eligió cuatro puntos distantes del planeta (Marruecos, Estados
Unidos, México y Japón) y cuatro lenguas distintas (árabe,
inglés, español y japonés) para dar forma a una narración
circular donde los acontecimientos de cada lugar del mundo terminan teniendo
incidencia en el desarrollo de los demás.
Si bien
la narración reparte en tercios equitativos el protagonismo de actores
y locaciones, la centralidad de los personajes de Brad Pitt y Cate Blanchett
se impone no solo por su status de estrellas, sino sobre todo porque alrededor
de la pareja giran las demás historias.
El eje,
entonces, se ubica en un matrimonio norteamericano en crisis que viaja a Marruecos
buscando recomponer la pareja; dejando a sus hijos a cargo de la niñera
mexicana, que abandona el país junto a los chicos para asistir a la
boda de su hijo. En pleno viaje por el desierto magrebí, los norteamericanos
son víctimas de un acto de irresponsabilidad de dos niños marroquíes
que juegan con un rifle recién comprado mientras pastan ovejas. Del
otro lado del mundo, transcurre en forma aislada la vida de una adolescente
japonesa sordomuda, cuya historia y la de su padre se conectan con el resto
sólo en un punto anecdótico.
La fortaleza
del film es la forma en que García Iñárritu encara las
conflictivas relaciones entre padres e hijos, en los cuatro puntos del planeta.
Que cada uno hable su propio idioma es algo tan evidente como en general pasado
por alto en Hollywood, donde hasta los marcianos hablan en inglés.
La babelización de la sociedad, si bien apunta al desentendimiento
entre las personas, es un aspecto que le da verosimilitud al relato. ¿Es
necesario que una película se llame Babel, para que por fin los japoneses
hablen en japonés, y los marroquíes en árabe?... hay
ciertos vicios a los que la industria norteamericana nos tiene muy mal acostumbrados.
Pero es
en los aspectos sociopolíticos donde el film muestra sus mayores debilidades,
donde finalmente el director mexicano termina asimilado a la industria hollywoodense.
En declaraciones a la agencia EFE, García Iñárritu expresó
que “Babel habla de las cosas que me apasionan o me molestan y que
llenan mi mente”, entre ellas “la paranoia del régimen
de George Bush con el terrorismo y la inmigración, temas que relaciona
aunque no tienen nada que ver”.
Pero “Babel”,
más que cuestionar esa paranoia, la alimenta. No lo hace en forma directa,
sino a través de un juego ambiguo donde detrás de una primera
lectura donde se ironiza sobre el miedo de los norteamericanos al resto del
mundo (sobre todo árabes e hispanos), se repiten clichés y se
saca provecho de ese miedo.
En la
película, todos cometen actos irresponsables cuyas consecuencias no
son contempladas. Pero las “denuncias” al racismo norteamericano
apenas alcanzan a un par de oficiales de policía y algunos turistas
rancios, mientras que la torpeza e impericia de los mexicanos, o la violencia
en los marroquíes (y por extensión, árabes y musulmanes)
termina siendo inherente a su forma de ser. Y las consecuencias de sus errores,
muchísimo más graves.
En el
balance final, los únicos que quedan bien parados son la pareja de
Pitt y Blanchett, víctimas ellos de la irresponsabilidad del resto
del (tercer) mundo. Al querer mostrar que las intenciones de estos coloridos
tercermundistas no son en ningún caso dolosas, la película pasa
por alto que sus consecuencias son exactamente las mismas que el sentido común
norteamericano indica.
26/1/2007
www.solesdigital.com.ar
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