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Bridget Jones:
al borde de la razón
Secuela
innecesaria y fallida
Por
Carla Masmun
(“Bridget
Jones: Edge of Reason”, Gran Bretaña/EEUU, 2004) Dirección:
Beeban Kidron. Guión: Helen Fielding, Andrew Davies,
Adam Brooks y Richard Curtis. Elenco:
Renee Zellweger, Colin Firth, Hugh Grant, Jacinda Barret, Jim Broadbent, Gemma
Jones, Sally Phillips, Shirley Henderson, Honor Blackman. Música: Harry Gregson-Williams. Duración:
106 minutos.
Tres
años después del film dirigido por Sharon Maguire, Bridget Jones
vuelve a la pantalla. Como en el primer film, Bridget continúa siendo
mal hablada, torpe y ridícula. Lo que tal vez ha perdido es la gracia.
La
película encuentra a Bridget (Renee Zellweger) felizmente de novia
con Mark Darcy (Colin Firth) y trabajando como periodista en un canal de televisión.
La aparición de Rebecca (Jacinda Barret), una compañera de trabajo
de Mark, sumada a las propias inseguridades, desatan los celos de la protagonista.
Hasta
aquí, la idea de ver como sigue el cuento después del “vivieron
felices para siempre” podría haber resultado, de no ser por la
precariedad del guión. La repetición de situaciones (incluso
de diálogos) convierte a esta secuela en una extensión deslucida
del film original. El guión creado por Helen Fielding, Andrew Davies,
Adam Brooks y Richard Curtis carece de la gracia y frescura que ostentaba
la primera “Bridget Jones”: Bridget aterrizando con su paracaidas
entre cerdos, Bridget cayéndose con sus esquíes, Bridget maquillada
ridículamente... Los enredos se suceden y el espectador, inevitablemente,
se aburre.
A
esto podríamos sumar la infinidad de gestos que convierten a Renee
Zellweger en una figura casi insoportable. Película tras película
ha adoptado (y no con buenos resultados) una maquieta que choca con el estilo
actoral del resto del reparto. Hugh Grant cumple con su personaje (Daniel
Cleaver, el ex jefe y ex amante) con la soltura de quien conoce su personaje
a la perfección. Es, sin dudas, el texto-estrella del actor: personajes
de seductores inteligentes y mentirosos. Colin Firth renueva a su Darcy sin
inconvenientes y con un trazo más fino que el resto de sus compañeros.
Otro
desacierto del guión es el episodio del viaje a Tailandia, con consecuencias
penosas para la protagonista, engañada por un hombre a quien conoce
en el viaje. Es decir, otra situación repetida hasta el hartazgo en
películas norteamericanas: la joven inocente (!) que es culpada de
traficar drogas en un lejano país del tercer mundo.
La
música de Madonna, Marvin Gaye, Joss Stone, entre otros, permite describir
los estados de ánimo de los personajes de un modo bastante explícito.
“Bridget
Jones al borde de la razón” no es más que un intento fallido
de reeditar el éxito del primer film, sin contar con que la redundancia
en las situaciones destruye el efecto, conviertiéndose en un film previsible
y sin gracia.
17/12/2004
www.solesdigital.com.ar
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