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“Cisne negro” de Darren Aronofsky

Mi otra yo

Natalie Portman - Cisne Negro
 

Por Martín Perez Antelaf

Del clásico dilema del “otro” o “doble”, de las contraposiciones entre el bien y el mal, trata “Cisne Negro” (2010), la última película de Darren Aronofsky, y por la cual Natalie Portman, la protagonista principal, se llevó la estatuilla dorada a mejor actriz de la Academia de Hollywood: el Oscar.

El cine de Aronofsky suele ser meticuloso, intenso. Sobre todo profundo en los mundos que recorre e indaga. Ese hundirse es un viaje hacia lo recóndito de las pieles, y si bien esas pieles pueden apenas parecernos conocidas, uno no puede salir a la superficie –luego de un film- sin alguna herida abierta como sensible ojo escrutador.

En efecto, en todas las artes se pone en juego una intensidad o, mejor dicho, intensidades que afectan de diferentes maneras a aquellos cuerpos que se dispongan a ver una película, a escuchar un recital, a observar una galería de fotos. Los films de Aronofsky suelen mostrar dimensiones desde lo profundo. Pero las inmersiones a lo oscuro no suceden de manera tenue, sino que suelen ser bruscas. Sería un error afirmar que las películas son objetivamente fuertes,  pero puede que no sea errado al menos mencionar esta confrontación de momentos disímiles.

“Cisne Negro” es un filme de, al menos, difícil clasificación. Así como tiene momentos de tensión psicológica (que suele ser los mejores), también tiene situaciones de un suspenso sin demasiadas vueltas. Sin embargo, si bien hay momentos que pueden parecer “efectistas”, comprendiendo el todo pueden tener un significado mayúsculo. Una escena de sexo, en cualquier film, puede no tener peso en una trama más que llamar una atención burda, pero en “Cisne Negro” es una condensación de emergentes carnales de un trauma particular, sumado a una disciplina plenamente motora como es el ballet y toda su complejidad.

Los largometrajes de Aronofsky tienen esos detalles que son más que la suma de las partes. Desde un conocimiento preciso de las disciplinas o las circunstancias sobre las que narra llega a aquellos pormenores sustantivos: mientras que el personaje de Natalie Portman –angelical, pulcro, meticuloso, obsesivo, blanco- come con cubiertos y en raciones pequeñas, el supuesto alter ego su compañera de la compañía Lily, interpretado por Mila Kunis, su lado oscuro, la rebeldía, la naturalidad barbárica (si acaso eso es posible), el cisne negro- devora su hamburguesa con la mano y en pedazos generosos.

“Cisne negro” detalla como no hay algo reprimido en un cuerpo, sino una serie de positividades que hacen a un cuerpo: un aquí y ahora violento, en este caso, que desata algo desmesurado pero que no estaba oculto en algún sitio profundo. Aquello se hace uno en un constante devenir de fuerzas dinámicas, que nunca es un adentro autónomo del afuera porque “el doble nunca es una proyección del interior, al contrario, es una interiorización del afuera. No es un desdoblamiento de lo Uno, es un redoblamiento de lo Otro. No es una reproducción de lo Mismo, es una repetición de lo Diferente” (Deleuze, Gilles; Foucault; Buenos Aies; Paidós; 2003; pág. 129).

La película va más allá, pues, del mero entretenimiento, y si bien coquetea con ciertos vicios estos no logran afectar al hilo del film, ajustado y atrapante, profundo pero sobretodo, tajante.

10/3/2011

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