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Danny the Dog

Experimentando con humanos

Por Javier Cardenal Taján
xabi10xabi@gmail.com

Jet Li, Danny The Dog

Dirección: Louis Leterrier. Países: Francia, USA, Reino Unido y China. Duración: 103 min. Género: Acción, Dama. Intérpretes: Jet Li (Danny), Morgan Freeman (Sam), Bob Hoskins (Bart), Kerry Condon (Victoria), Michael Jenn (Wyeth), Vincent Regan (Raffles), Dylan Brown (Lefty), Tamer Hassan (Georgie), Carole Ann Wilson (Maddy), Jaclyn Tze Wey (Madre de Danny). Guión: Luc Besson. Producción: Luc Besson, Jet Li y Steve Chasman. Música: Massive Attack. Año: 2005.

Jet Li (Héroe, Arma Mortal 4), oriundo de Hong Kong, hace más de quince años que viene deslumbrando con sus virtudes para las artes marciales y lo sigue haciendo a pesar de sus 42 años. Sin embargo, se puede decir que “Danny the dog” defraudaría a aquel que asista a las salas con la clara intención de pasar un rato inmerso entre patadas, sudor y sangre. Este largometraje escrito por el francés Luc Besson (“El perfecto asesino”, “Nikita”, “El beso del dragón”, entre otras) y dirigido por su compatriota Louis Leterrier, director de la saga “El transportador” y en un pasado asistente de Besson en “Juana de arco” y “Asterix y Obelix”, nos muestra un drama que a su vez combina escenas variadas de acción furiosa.

Besson no es ningún improvisado a la hora de escribir guiones y librarlos a las manos de otros directores, tarea a la cual últimamente se dedica. La idea de este film es por demás atrayente. Un hombre adulto, Danny (Jet Li) separado de su madre y criado desde niño como a un perro (ni siquiera el uso de collar falta), por un amo malvado y obsesivo que es Bart (Bob Hoskins).

Así es que Danny ha sido sentenciado a vivir sus días en una sucia y mísera habitación subterránea que no es más que una jaula ¿Cual es el objetivo? Hacer de este niño una maquina de matar que sólo obedezca las ordenes impartidas por un dueño usurero que no gusta que sus clientes demoren los pagos ¿Cómo lograrlo? Privarlo de sentimientos, no permitirle el contacto con otros seres, hacer de él un ser que nunca haya aprendido nada excepto lo que este hombre le enseña. En definitiva, privarlo del mundo real. ¿Pero cual sería entonces el mundo real para Danny? Es aquel que está a la vuelta de la esquina y desconoce. Aquí el espectador hace una primera asociación de la cual Besson seguramente no estuvo exento: clara alegoría al mito de la caverna que Platón expone en La República. Ese mundo subterráneo, la guarida de Bart, de la cual sólo es despojado a la hora de salir a “recaudar la cuota”, simboliza la caverna, el mundo físico de las apariencias. En cambio el exterior, ese mundo soleado para Platón, que en el film es Glasgow, Escocia, en donde abundan las lluvias y lloviznas, es la transición hacia el mundo real, el universo de la existencia plena y perfecta, que es el objeto propio del conocimiento y que llevará a Danny a revivir recuerdos que parecían perdidos.

Como dijimos, la tarea del entrenamiento está a cargo de un Bob Hoskins que aporta su enorme calidad actoral, haciendo que uno lo odie desde el primer instante con solo observar su gestualidad y modales. Su trato para con Danny podría asimilarse al de un experimento nazi, aunque uno no pasa por alto a Ivan Pávlov y sus famosos perros que, sin lugar a dudas, fueron mejor tratados. A la hora de explicar su “experimento”, que lleva adelante aplicando el principio del premio y el castigo, Bart (Bob Hoskins) no se cansa de repetir lo que su abuela le recordaba a toda hora: “Get them young and the posibilities are unlimited” (agarrálos de chicos y las posibilidades son infinitas).

Pues aquí habría que decir que Besson concibió una abuela adepta a John Watson, padre fundador de la escuela conductista de la sicología académica. Este americano sostenía que toda conducta, incluida la de respirar, es aprendida; asimismo, creía que los animales nacen como una ‘página en blanco’ sobre la que las experiencias y condicionamientos van formando el comportamiento animal. Y si hay que aplicarlo a humanos, que más que remitirnos a la obra de Watson “El comportamiento” (1914) que probablemente convenció a Besson para este proyecto, y que dice: “Dadme a una docena de niños sanos y bien formados y mi propio mundo específico para criarlos, y os garantizo que elegiré uno al azar y lo educaré de manera que se convierta en un especialista en cualquier ramo que yo elija (...), cualesquiera que sean sus aptitudes, inclinaciones, propósitos, talento, o independientemente de quienes sean sus ascendientes”.

Por eso insistimos, la idea de la película seduce. Tal vez no fue explotada del todo y uno se queda con una sensación de vacío, la superficialidad con la que transcurren muchas de las escenas abruma, uno pide a gritos: ¡Indaguen más! Sobre todo al sorprenderse uno con el rol dramático que tan bien interpreta Jet Li, que por un momento hace olvidar que es la contrapartida de Jackie Chan, y se luce a la hora de construir la personalidad de su personaje. Tímido, infantil e ignorante en el cual la expresión, la carencia de palabras y el sufrimiento visto a través de sus ojos dejan todo dicho y librado a la inteligente lectura del espectador. De aquí en más uno imagina que la idea será el puntapié para otro director.

La tríada de personajes principales se completa con Sam (Morgan Freeman) un músico frustrado y ciego que se dedica a afinar pianos y que conoce a Danny en una de sus incursiones. Freeman fue el que sugirió que su personaje sea no vidente, hecho por demás acertado y que enriquece el film. Sam trae la cuota de serenidad antagonista a la violencia de Danny. Al igual que el dicho: “la música amansa a las fieras”, y también lo hace con Danny que ve en Sam y la música la salida a ese mundo de violencia y la llave para desterrar su historia personal. Completan el elenco Kerri Condon que interpreta a Victoria, una joven estudiante de piano e hija adoptiva de Sam que, conquistando con la ternura de su sonrisa, mostrará a Danny las vetas del amor y el cariño.

Las escenas de combate logran un realismo elocuente en cuanto a golpes y brutalidad, por más fantasioso que sea sacarse de encima una docena de hombres como hace Danny. La paleta de colores mezcla las sombrías tinieblas del mundo violento de Danny con los colores softs y cálidos de la vida familiar e inclinada hacia el arte de Sam y Victoria. La banda sonora, a cargo de Massive Attack, es un lujo para los fanáticos de estos.

6/10/2005

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