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Diarios
de motocicleta
Algo más que una promesa
Por
Julieta Scibona

Director:
Walter Salles. Elenco: Gael García Bernal, Rodrigo
De La Serna, Mía Maestro, Mercedes Morán, Jean-Pierre Noher,
Lucas Oro, Marina Glezer. Guionista: José Rivera. Director de fotografía: Eric Gautier. Música:
Gustavo Santaolalla. Origen: Argentina - Chile - Perú
– Cuba. Duración: 125
Es sabido
que se han escrito miles de páginas sobre la vida y el mito del Che,
que su historia ha servido de argumento a los más disímiles
films y también que su imagen ha sido convertida en un icono que fue
absorbido y comercializado por un mercado que se enriquece ofreciendo cada
vez más productos a adolescentes en busca de una etiqueta revolucionaria.
Sin embargo,
y por suerte, la película de Walter Salles poco tiene que ver con todo
esto. Empezando porque perfectamente podría estar contando un fragmento
de la vida de otros protagonistas, sin que por eso pierda lo mejor que tiene
para mostrar.
Por supuesto,
y no es para menos, que el director juega y considera un conocimiento del
espectador sobre estos protagonistas; y el viaje no es de Tito y Pepe sino
de Alberto Granado y Ernesto Guevara. Este aspecto no sólo implica
la posibilidad de acaparar una mayor cantidad de público, sino también
una fuerte resignificación de todo lo que se ve. Sin embargo, uno de
los méritos más importantes del director es cierta capacidad
de zafarse del peso de cargar con un personaje en vías de convertirse
nada menos que en el “Che”. La búsqueda de una “fidelidad”
a la “historia real” no condiciona ni su capacidad expresiva ni
sus recursos estéticos, y logra moverse solo en los márgenes
de una mirada estereotipada del héroe. Pero vayamos por partes.
“Diarios
de motocicleta” narra el viaje inicíatico por Latinoamérica
que en 1952 emprendieron el estudiante de medicina Ernesto Guevara (Gael García
Bernal) y el bioquímico Alberto Granado (Rodrigo De la Serna) en su
querida moto destartalada. Con sed de aventura y conocimiento, estos dos jóvenes
van a enfrentarse a distintos paisajes, personajes y situaciones que irán
cambiando su actitud inicial, forjando una mirada cada vez más social
sobre el continente, a partir de una progresiva toma de conciencia sobre la
injusticia y la violencia a la que está sometida su pueblo. Gradualmente,
los personajes van a ir madurando de la misma manera que va creciendo el relato
clásico del film, acompañado por un muy buen trabajo de música
y fotografía.
Salles
elige mostrar de a poco aquellos razgos y valores que van a ir forjando el
espíritu revolucionario de Ernesto, antes de consolidarse y convertirse
en el futuro Che. Por supuesto que cada frase y cada gesto va a ser leído
por el espectador desde esta perspectiva, pero la imagen cuidada del personaje
y el rechazo a la tentación de reduccionismo por parte del director,
le permiten no abusar de procedimientos excesivamente didácticos o
redundantes.
Es cierto
que, por momentos, el personaje interpretado por Gael García Bernal
se encuentra un poco limitado o aplastado por su mismo peso; y que el trabajo
de actuación solo logra mantenerse sin pena ni gloria para no molestar
ante el despliegue visual y narrativo.
De lo
contrario, el verdadero salvador del film, al menos en este sentido, será
el personaje Rodrigo de la Serna que (con una excelente interpretación)
no sólo va a desacartonar el relato y agregar una cuota de humor, sino
que también va a aportar su mirada al personaje de Ernesto. Es a través
de él que vemos la humanización del héroe, que conocemos
sus pasiones, sua dudas y su vulnerabilidad física y emocional.
De todos
modos, el mayor mérito del film se encuentra en lo que Salles mejor
sabe hacer, como también lo ha demostrado años atrás
con Estación Central (Salles, 1998). La capacidad de explorar la sensación
del viaje y de mostrar al espectador no solo los paisajes de América
Latina sino de empaparlos de la realidad de sus habitantes. Por más
pintoresca y preciosista que aparezca la fotografía que lo acompaña,
están ahí los colores, las miradas, los olores, la historia
y las penas a las que se encuentra sometida todo un pueblo. La película
habla de el descubrimiento, el asombro y la conciencia que experimentaron
dos personajes; pero al mismo tiempo propone que esta misma búsqueda
sea emprendida por el espectador.
6/8/2004
www.solesdigital.com.ar
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