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Dos ilusiones
Comedias eran las de antes…
Por
Carla Masmun

(Argentina,
2004) Guión y Dirección: Martin Lobo. Producción:
Guillermo Szelske. Intérpretes:
Matías Santoianni, Claudia Albertario, Gerardo Romano, Juan Acosta,
Diego Capusotto, Carlos Portaluppi, Aldo Barbero y Ana María Giunta.
Heriberto
(Matías Santoianni) y Cynthia (Claudia Albertario) ganan un concurso
para actuar en una película. Los ganadores resultan estafados y, encuentros
y desencuentros mediante, intentan entrar en el mundo de la televisión.
Heriberto, enamorado, será capaz de hacer cualquier cosa para ayudar
a Cynthia a alcanzar su sueño.
A pesar
de no ser una historia original, “Dos ilusiones” podría
haber sido una buena película. Podría, pero no logra realizar
la crítica a la industria del espectáculo con la que promocionan
el film. La narración toma tópicos usados hasta el cansancio
en cine y televisión (el joven del interior que resulta burlado, el
personaje que se hace pasar por algo que no es, la joven con destino trágico)
para reiterarlas una vez más. El trazo que delinea la historia hubiera
requerido mayor sutileza para enfrentar situaciones tan remanidas.
Por otro
lado, la sucesión de equívocos vuelve previsible el desarrollo,
estirado innecesariamente con vueltas de tuerca que intentan agregar cierta
dosis de sorpresa. Sí podemos destacar la calidad del sonido y la fotografía
dirigidos por Jorge Stavropoulus y Ricardo Rodríguez, y seguramente
cuidados por la experiencia publicitaria del director Martín Lobo en
esta, su ópera prima.
Sin embargo
no ocurre lo mismo con la construcción del film. A nivel narrativo,
las carencias del guión son tantas que la repetición de situaciones
aburre. A nivel de los recursos, como en el caso del excesivo uso del cierre
en iris de la imagen para articular los episodios, algunos procedimientos
terminan por agotar al espectador.
El tono
del film tampoco se decide. Alterna entre lo cómico y lo melodramático
(en especial en el personaje de Cynthia) sin lograr conciliar eficazmente
estos dos géneros. Esta mezcla tiene su contraparte en las actuaciones.
Matías Santoianni elige un tono costumbrista cercano a alguno de sus
trabajos televisivos. Claudia Albertario hace lo que puede teniendo en cuenta
las limitaciones de un personaje totalmente estereotipado (una auténtica
rubia tarada) pasando de la lágrima a la exhibición de su cuerpo,
puesto siempre en primer plano por el director. Gerardo Romano aparece desbordado,
casi farsesco, caricaturizando a su personaje al proponer una gestualidad
y un modo de hablar exageradamente afeminados. Las buenas participaciones
de Diego Capusotto y Juan Acosta demuestran, en su fugacidad, mayor capacidad
de juego para la comedia.
A pesar
de todo esto, el film no es malo, sino estéticamente viejo. La narración,
el tono de comedia de enredos, las actuaciones, emparentan a “Dos ilusiones”
con comedias argentinas de los años ’80. Aún reconociendo
esta cercanía, la película no logra divertir. El problema aparece
entonces cuando un film que prescinde de realizar búsquedas estéticas
no cumple con su principal objetivo, el entretenimiento.
20/8/2004
www.solesdigital.com.ar
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