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Peaky Blinders: La elegancia en la violencia
Europa de terror
 

Por Martín Pérez Antelaf

Hellraiser

Entre las definiciones del nuevo cine de terror encontramos la categoría gorno, mezcla del subgénero gore con el porno. Estos enlaces generan una mezcla manifiesta que se acerca, o intenta hacerlo, a una experiencia sadomasoquista. En “Hellraiser. El pacto”, película británica de 1987, es notoria la relación sadomasoquista de la protagonista y su amante muerto que resurge desde un más allá no tan lejano teniendo en cuenta las gotas de sangre derramadas en el piso por un extraño y grotesco proto-ser que va tomando forma humana a medida que se alimenta  de la carne que su amada le provee. Las víctimas que la sensual secuaz del resucitado consigue son infelices que terminan destripados al quedar a merced de la criatura. Así, los fantasmas dejan espacio para cuerpos reales y sensuales, la carne va haciéndose un espacio hegemónico con el paso de los años y de las décadas.

¿Qué cuerpo es el que va tomando espacio? El cuerpo biológico, el cuerpo muerto, un cuerpo errante sin una meta ni prolífera ni ociosa, sino despojada de voluntad alguna. Casualmente, o no, Jeffrey Dahmer o “El Carnicero de Milwaukee” como apodó la prensa a este asesino serial, llevaba a cabo lo que él llamaba “la técnica del zombi”: buscaba atontar a sus víctimas con drogas de una manera tal que fueran solo piezas de carne dóciles para su propósito. Dahhmer no quería relacionarse demasiado con sus víctimas, pero deseaba mantenerlos junto a él, ejercer un poder sobre ellos sin que ellos tuvieran posibilidad de respuesta. Para este fin los dopaba para llegar a un ideal: el que sean zombies.

Lo que sólo lograban hacer los psicópatas, los zombies o los muertos vivos lo llevaron a otro nivel más espeluznante. Sin embargo habrá un giro nuevamente hacia los psicópatas en la década de 1990 con “El silencio de los inocentes” a la cabeza y, finalmente, la vuelta nos dejará cara a cara con la peor bestia, el ciudadano común.

En 2008 se lanzó la película noruega 'Rovdyr' de Patrik Syversen. La película traducida como “Man hunt” en inglés tiene como subtítulo “El placer de la caza”. Esta película dio un pequeño puntapié inicial a la carrera del director. En 2010, y en EE.UU, lanzó “Prowl”, otra película de vampiros aprovechando el auge de estos seres. El film está plagado de sangre y momentos trillados.

De “Rovfyr” se cuenta en foros fue un caso verídico sucedido en 1974. Este dato poco importa a nuestro análisis y tampoco suele ser algo de peso en este género. Aunque datos de este tipo suelen utilizarse como gancho publicitario así como lo hizo, de manera magistral e inaudita, “El Proyecto de la bruja de Blair” que generó ganancias suculentas. En “El placer de la caza” sucede el extremo de la cosificación del cuerpo. Si bien la cacería no es un tópico original, es propio de una nueva tendencia que genera no una situación de suspenso si no más bien el despliegue de situaciones violentas o vejaciones. En este caso particular no faltó la apertura de un vientre humano con un cuchillo de cocina y su exposición a la cámara. En la película, estos ataques son perpetuados por unos cazadores, humanos, sin una sintomática psicótica manifiesta (no guardan trozos de víctimas, por ejemplo) y no encajan en el perfil de asesinos seriales llamados desordenados: son más bien rústicos y terminan siendo sumamente estúpidos, sin ser vencidos por la lucidez de la infaltable última-rubia-que-logra-escapar, sino por sus propias limitaciones.

El encanto, por llamarlo de alguna manera, del film no es ni el guión –prácticamente inexistente- ni las actuaciones si no el espanto que surge al ver cómo las peores acciones surgen de gente “común” pero, por sobre todo, la crueldad de ver, desde una bucata de cine o en la comodidad del hogar, como es manipulado el cuerpo de otro como algo desprovisto de humanidad.

En “Desnudez” (2011, Adriana Hidalgo Ediciones), Giorgio Agamben comenta “el cuerpo del otro está siempre `en situación´, es decir, está ya siempre en acto de cumplir este o aquel gesto, este o aquel movimiento dirigido a un fin” (pág. 107). A esto Sartre lo llama “gracia” y concluye Agamben que “por eso el sádico trata por todos los medios de hacer aparecer la carne, de hacer asumir al cuerpo del otro, por la fuerza, posturas impropias y posiciones tales que revelen su obscenidad, es decir, la pérdida irreparable de toda gracia” ( pág. 109).

El afán de ver en situaciones impropias a un cuerpo es el motor del sádico y el del nuevo cine de terror. Al ser el cuerpo humano devenir constante, al ser ésta su gracia, lo “impropio” es someterlo como estático y sin posibilidad de acción: estos largometrajes explotan esta perversión humana.

God bless America: La tortura

Peter Sloterdijk mantenía en “Reglas para el Parque Humano” que el sentido de la elección de medios culturales “reside en perder la costumbre de la propia bestialidad posible, y poner distancia entre sí y la escalada deshumanizadora de la rugiente jauría del espectáculo". El cine de terror estadounidense por el contrario torna, acelerando, hacia un camino donde confluye la perversión, la biopolítica y la moralina pura Made in USA.

“La tortura” de 2010 es un film que si bien escapa al género “gore”, ya que por su definición antes comentada no abundan las tripas, posee un contenido igual de chocante.  Una pareja decide someter a terribles vejaciones al asesino pedófilo de su hijo al no ser condenado, juicio mediante, a la pena de muerte. En el juicio, ella propone comprar un arma y matarlo, y su marido le responde que no pueden rebajarse a su nivel. Luego de momentos de profunda angustia, él decide acompañar a su mujer a esas profundidades. Chocan con el camión que trasladaba al asesino, chequean que esté vivo a pesar del golpe (al constatarlo uno de ellos exclama “Gracias a Dios...”) y se internan en una finca alquilada para someterlo a shocks eléctricos, venenos intravenosos, todo acompañado de una sabiduría técnica en la administración de dolor.

Cualquiera que haya leído “Nunca más” o “Ese Infierno. Conversaciones de cinco mujeres sobrevivientes de la ESMA” puede indignarse al ver cómo una metodología (como los shocks eléctricos) utilizada por la más cruel de las dictaduras en Argentina (podio que también comparte la Armada del país del norte) es utilizada para un fin ocioso: el entretenimiento del espectador. Pero detrás está, y la película misma lo es, el mensaje.

"El remate de la película es que en el camión estaba siendo trasladado otro criminal. La persona que fue torturada equivocadamente se escapa de la casa. Los torturadores salen a buscarlo, y ya sabiendo de su error por aviso de la policía, lo encuentran en un granero contiguo a la casa, colgado de una horca preparada por el mismo. Por la magia del cine, aquel violado durante días tuvo tiempo de escribir una nota, y al final de la película una voz en off la lee: “... y merezco totalmente lo que estaban por hacerme. Soy una abominación pero también soy un cobarde. Por sobre todas las cosas sé que debo morir, pero no puedo aguantar más la tortura. Lo siento”. Sin saber quiénes eran sus apropiadores, el torturado pide disculpas habiendo sido encontrado culpable por evasión de impuestos y fraude… sentenciado a 18 meses de prisión.

Cómo no reconocieron los protagonistas al asesino de su propia hija lo responde la propia ideología práctica estadounidense: todos los delincuentes se ven iguales, porque son iguales. La elección de los expropiadores es sostenida por el peor sentido común, aquel que dicta el final de la película: sobre los protagonistas no cae ningún castigo. Probablemente porque sean ciudadanos notables con trabajos (como Jeffrey Dahmer, “el Carnicero de Milwaukee”, o Norman Bates) o estudios sobresalientes, como Hanibal Lectter.

El último cine de terror, en resumen, despoja el movimiento argumentativo, hasta ingenioso, que solía tener. La primera “Swan” tiene cierta densidad que no tienen sus seis secuelas, así como la cuarta “Scream” termina en los estereotipos que parodiaba la primera entrega. Por una parte: la rapidez y liquidez que exige la industria cultural; por otro la pétrea fijación en la perversión deshumanizante. Nueva combinación para el circo del nuevo milenio.

3/11/2011

Sitios consultados:
http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/radar/9-1216-2004-02-12.html
http://www.heideggeriana.com.ar/comentarios/sloterdijk.htm

www.solesdigital.com.ar

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