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Fahrenheit 9/11

¿Qué le han hecho a mi (amado) país?

Por Carla Masmun

George W. Bush

(EEUU, 2004). Producción: Michael Moore, Jim Czarnecki y Kathleen Glynn. Dirección y guión: Michael Moore. Fotografía: Mike Desjarlais. Edición: Kurt Engfehr, T. Woody Richman y Christopher Seward. Música: Jeff Gibbs. Duración: 116 minutos.

Después de “Bowling for Columbine” (2002), el guionista, productor y director Michael Moore encara con “Fahrenheit 9/11” una crítica a la administración del presidente George W. Bush. Este film desató una polémica en los Estados Unidos por las acusaciones hacia la incapacidad y la complicidad de Bush con los atentados del 11 de septiembre de 2001, así como por su mirada sobre la guerra en Irak.

Moore construye su film utilizando procedimientos del documental como los testimonios, la presentación de documentos, las imágenes de programas televisivos o la incorporación de voces autorizadas, que dan respaldo teórico a la propuesta del director. El punto más interesante de la película es la documentación del pasado de Bush, la construcción de su fortuna y el ascenso al poder. A partir de la reconstrucción de las elecciones presidenciales, Moore indaga en el doble discurso usado por el gobierno y rápidamente adoptado por los medios de comunicación masiva.

El director elige no mostrar el atentado a las torres gemelas, desfamiliarizando las imágenes, reconstruyendo desde el sonido (los gritos, el impacto de los aviones) el horror que ya no puede expresarse en una imagen que, a fuerza de repeticiones, a perdido la dimensión del hecho real. Elige, en cambio, mostrar los efectos de la violencia: las imágenes hacen visibles a los familiares de los soldados estadounidenses y de las personas que murieron en el atentado de 2001, y a las víctimas iraquíes, humanizando al supuesto enemigo, haciéndolo real.

Estas decisiones del director acompañan el desarrollo de su tesis acerca de la inoperancia y la corrupción de Bush. Michael Moore señala como absoluto culpable de todos los males al presidente de su país, que en defensa de sus propios intereses económicos arruina a toda la nación. El film adopta entonces un tono panfletario, acudiendo a la lógica binaria nosotros versus ellos, con la que ubica a Bush en el lugar del “mal” y al pueblo estadounidense como el “bien”. Dentro de esta lógica, se elude la posibilidad de reflexionar sobre algo que trascienda el momento político actual.

Frente a esto, surgen varias preguntas que la película evita plantear abiertamente: ¿qué relación se puede establecer entre los desmanes del ejército de los Estados Unidos en Vietnam y los “daños colaterales” (= víctimas civiles) iraquíes?, o ¿por qué se repiten periódicamente las “cazas de brujas”? (vale pensar en el macarthysmo de fines de la década del ’40 como ejemplo). Podría argumentarse que la cercanía temporal de los hechos o la inmersión en un contexto social problemático dificultan la posibilidad de mirar más allá. Sin embargo, desde 2001, pensadores como Susan Sontag han escrito varias cosas al respecto. Moore, sencillamente, evita esa polémica.

Por otro lado, ¿cómo es posible que en un film donde se intenta presentar al Otro (iraquí) como un igual, se sigan sosteniendo referencias que caricaturizan al diferente? La secuencia de los países integrantes de la coalición que apoyó a Estados Unidos usa imágenes-emblema que, en apariencia, caracterizarían a cada país: se presenta a Costa Rica con la selva, a Rumania con Drácula y a Holanda con drogadictos. Resulta gracioso siempre y cuando en la lista no figure Argentina con gauchos tomando mate o parejas bailando el tango. De este modo, el Otro sigue siendo el diferente, aquél del cual debemos reírnos.

Estas inconsistencias se ven reflejadas en el título. Del "Fahrenheit 451" de Ray Bradbury, Moore recupera la denuncia de la delación, de la dependencia de la tecnología y de la destrucción de una sociedad, pero soslaya uno de los puntos fundamentales de la novela, esto es, la memoria.

No es extraño entonces que no se indague en la historia de ese (su) pueblo. Es que la reflexión sobre la memoria y la historia son nimiedades frente a las nuevas elecciones presidenciales en Estados Unidos. Y Moore sólo quiere cambiar de presidente, después de todo, él ama a su país.

23/7/2004

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