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La invención de Hugo Cabret

Viajero del tiempo y del celuloide

La invención de Hugo Cabret
 

Por Verónica Stewart
@verostewart

Dirección: Martin Scorsese. Guión: John Logan y Brian Selznick (libro). Intérpretes: Asa Butterfield, Chloë Grace Moretz y Cristopher Lee.

El nombre Martin Scorsese despierta un sinfín de imágenes de celuloide. El anteojudo director, oriundo de Nueva York, se consagró como uno de los más grandes creadores de cine con películas como Taxi driver, Goodfellas, Pandillas de Nueva York, El aviador, La isla siniestra y Los infiltrados, por la cual finalmente fue premiado con el Oscar que le debía la Academia desde hacía tiempo. Toda su obra se veía infectada de un estilo ya reconocible e identificable: películas dramáticas, serias, usualmente con Nueva York como escenario. Al menos esto era cierto hasta fines del 2011, cuando el director reveló La invención de Hugo Cabret ante el mundo.

Hugo es una película que tiene más sentido con la cara simpática y alegre de Scorsese, pero no tanto con en resto de su filmografía. Para un director cuyas películas siempre impactan pero nunca alegran, hay algo en aquel París mágico de 1930 que su cámara retrata esta vez que no cuadra del todo con su estilo. Pero la película funciona, tan bien como uno de los tantos relojes que el joven personaje principal, Hugo, se encarga de mantener.

Y es que el padre de Hugo era un relojero que trabajaba en un museo, donde encuentra un autómata que funciona con las mismas piezas que un reloj. Esta máquina posee una característica muy humana: cuando se le inserta una llave en forma de corazón en su cerradura correspondiente, escribe. Pero la búsqueda de ella y de las piezas faltantes se ve interrumpida cuando el relojero muere, dejando a Hugo con su tío, que compartía la misma profesión que su padre. Pronto él también lo abandona, y el pequeño debe cargar él sólo con la gran tarea que dejó su tío: dar cuerda a todos los relojes de la estación de trenes de París.

Demás está decir que la búsqueda y el empeño por que el autómata funcione continúa luego de la muerte de su padre, incluso con más intensidad que cuando él vivía, ya que esta peculiar misión es lo único que le queda a Hugo de él. Así, antes de darse cuenta, el joven se encuentra en medio de una gran aventura que lo lleva, inesperadamente, fuera de las entrañas del tiempo; su escapada de las tripas de los relojes parisienses lo lleva a conocer la historia de un gran director de cine del pasado, cuyo involucramiento con el autómata es la incógnita a descifrar.

Es aquí donde las piezas empiezan a encajar, y donde uno descubre que tiene perfecto sentido que un veterano del celuloide haya materializado esta historia. Tras la trama de un niño en búsqueda de un mensaje de su padre y tras la alucinante cinematografía – las imágenes de París son tan bellas como para sacarle un lagrimón a más de uno – yace una oda al cine. Porque las imágenes de las primeras películas, aquellos cuyos efectos especiales son hoy risibles y que duraban unos pocos minutos, también son hermosas. No por su contenido ni por su dirección ni por nada premiable por la Academia, sino por algo mucho más conmovedor: porque esos breves momentos de magia son el inicio del hechizo que hoy cautiva a todo el mundo.

Aquella filmación de los hermanos Lumière donde el tren llega a la estación, y ante la cual todo espectador huyó despavorido por temor a que el tren los alcance, es de lo más sencillo y cómico que podemos ver hoy, pero a la vez habla mil palabras. Porque de un modo muy distinto, algo muy similar sucede con las grandes películas, aquellas cuyo combustible es la pasión pura, el amor al arte, y que así logran escaparse de la pantalla y dividirse en mil trocitos para que cada uno de nosotros absorba. Scorsese logra, con la tecnología del 3D, emocionar hasta las lágrimas a los espectadores que ven, maravillados como la gente de aquella época, cómo y dónde la llama del cine, aquella que hoy ilumina a miles de cinéfilos, se originó.

La invención de Hugo Cabret es un viaje alucinante: por el tiempo, por las calles de la ciudad de las luces, por el recorrido por la historia del cine. Para todo verdadero amante del séptimo arte, la travesía es imperdible. Después de todo, ¿qué mejor lugar que las salas donde se proyecta para rendirle uno de los más bellos homenajes al arte del cine?

13/2/2012

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