Hugo
del Carril
Filmografía presentada en el Malba (agosto 2005)
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Como realizador
Historia del 900 (Argentina, 1949) de Hugo del Carril, c/Hugo del Carril, Sabina
Olmos, Guillermo Battaglia, Santiago Arrieta,
Sara Guasch, José Olarra,
Florindo Ferrario, Leticia Scury, Ubaldo Martínez. 105’.
Un hombre busca vengar la muerte de su hermano, asesinado a la
salida de un reñidero. La historia parte de ese episodio para contrastar
el ambiente de los malevos, el tango y los reñideros con el de la aristocracia
porteña, sus niños bien y sus muchachas educadas en París. En su ópera prima,
el realizador sorprendió a la crítica de su tiempo no sólo por las cuidadas
caracterizaciones de sus personajes principales, sino además por la excepcional
fuerza expresiva de sus imágenes, rasgo que mantuvo a lo largo de toda su
filmografía. Alejo Pacheco Ramos, acreditado en los títulos como autor del
guión, fue un seudónimo del propio Del Carril, quien además coprodujo el
film con los estudios San Miguel. El negativo de este film se encuentra
perdido. Se exhibe copia en 16mm. por gentileza del INCAA.
Surcos de sangre (Argentina / Chile, 1950) de Hugo del carril, c/Hugo del Carril,
Esther Fernández, Carlos Perelli, Ana Arneodo, Chola Osés, César Fiaschi, Ana Gryn, Lautaro Murúa. 90’.
Diversas circunstancias impiden el amor entre dos jóvenes,
a lo largo de varios años, en este elaborado melodrama rural, que Del Carril
compuso a partir de una obra de Hermann Sudermann (el mismo autor del tema original del film Amanecer,
de F. W. Murnau). Nuevamente la impronta visual
del realizador se destaca especialmente en una serie de secuencias de antología,
como el montage de los trabajadores de la tierra,
el entierro de una mujer o el incendio de la granja del protagonista. Del
Carril lo produjo de manera independiente, en coproducción con Chile. El
negativo original se perdió pero APROCINAIN rescató una copia en 35mm. prácticamente
nueva, a partir de la cual se pudo obtener un nuevo internegativo gracias al aporte de Kodak,
Cinecolor y el Festival Internacional de Mar del
Plata. Un fragmento faltante del final se tomó de una copia en 16mm. perteneciente
a la Filmoteca Buenos Aires.
El negro que tenía el alma blanca (España, 1951) de Hugo del Carril,
c/Hugo del Carril, María Rosa Salgado, Antonio Casal, Félix Fernández, Carlos
Díaz de Mendoza, Manuel Arbó, María Asquerino. 87’.
A primera vista, esta tercera adaptación cinematográfica de
la novela del autor cubano-español Alberto Insúa es una obra atípica en la filmografía de Del Carril. Sin embargo, los motivos
románticos, el sentido trágico, el desborde expresionista en una escena
onírica y la narración fuerte y sintética son rasgos recurrentes de su estilo
cinematográfico. La sutileza visual con que el cineasta trata la relación
entre Peter y Ema, anticipa
recursos que se verán luego en Más allá del olvido. Los negativos de este
film se han perdido. Se exhibe en copia de 16mm., perteneciente a la familia
de Hugo del Carril.
Las aguas bajan turbias (Argentina, 1952) de Hugo del Carril, c/Hugo del Carril,
Adriana Benetti, Raúl del Valle, Pedro Laxalt, Herminia Franco, Gloria Ferrándiz,
Joaquín Petrosino, Luis Otero. 85’.
El drama de los mensúes en los yerbatales misioneros ya había
sido tratado por Mario Soffici en Prisioneros
de la tierra (1939) pero Del Carril lo abordó en términos más brutales y
pragmáticos: no es el fatalismo de la tierra lo que oprime a sus personajes,
sino la lisa y llana explotación del hombre por el hombre. En 1952 nadie
podía dudar de la militancia peronista de Hugo del Carril y sin embargo
el realizador encontró grandes dificultades para poder concretar este film,
desde la proscripción del autor Alfredo Varela hasta la escasez de material
virgen para completar el rodaje. Nada de eso impidió que el resultado final
se transformara en uno de los más importantes de toda la historia del cine
argentino. Pese a ello, hace años que no se lo podía ver en una copia buena
de 35mm. y sus negativos originales se perdieron. APROCINAIN rescató un internegativo del film del que se obtuvo la copia
nueva que se exhibe en este ciclo, gracias al aporte de Malba,
Kodak y Cinecolor.
Una cita con la vida (Argentina, 1958) de Hugo del Carril, c/Gilda
Lousek, Enzo Viena,
Tito Alonso, Javier Portales, Rodolfo Ranni, Pedro
Laxalt, Silvia Nolasco, Osvaldo
Pacheco, Mabel Dalí. 89’.
A diferencia de la gran mayoría de los realizadores de
su tiempo, Hugo del Carril advirtió el creciente protagonismo de la juventud
en la vida social y política de fines de los ’50 y fue uno de los
primeros en dedicar un film a la incomprensión intergeneracional. La película
es una adaptación de la novela Calles de Tango, de Bernardo Verbitzky,
y su tema guarda semejanzas con la obra Los de la mesa 10 de Dragún, así como con la versión cinematográfica que realizó
después Simón Feldman: una pareja de jóvenes se
enamora pero las diferencias sociales de sus respectivas familias complican
esa relación. El romanticismo que el director evidenciaba desde su primera
obra se trasladó aquí a un contexto de cotidianidad porteña, que Del Carril
conocía mejor que nadie, como se evidencia en la riqueza descriptiva con
que representa a la “barra de la esquina” que piropea a las
chicas del secretariado (“Pebeta, estás hecha un kilo...”),
el regusto amargo del sexo sin amor, y la progresiva definición de una ciudad
capaz de proporcionar a los jóvenes amantes el amparo negado por sus mayores.
Los negativos del film se han perdido. Se exhibe en copia de 16mm., rescatada
por la Filmoteca Buenos Aires.
Culpable (Argentina, 1960) de Hugo del Carril, c/Hugo del Carril, Roberto Escalada,
Elina Colomer, Myriam de Urquijo, Diana Ingro, María Aurelia Bisutti, Ernesto Bianco,
María Esther Duckse, Luis
Otero, Carlos Olivieri. 90’.
Culpable comienza con un dinamismo sorprendente, que se
expresa desde un automóvil que escapa en la escena de títulos, y sigue durante
una media hora como si se tratara del mejor policial negro que uno jamás
haya visto. Luego el relato se vuelve metafísico: al borde de la muerte,
un criminal recibe la oportunidad de ser otro, el que hubiera sido si el
rico industrial que fue su padre lo hubiese reconocido al nacer. El film
se basa en una obra teatral de Eduardo Borrás,
que atribuye el destino del hombre a su libre albedrío, liberándolo de la
predeterminación de toda fuerza superior: el protagonista elige conscientemente
practicar el mal y por lo tanto es culpable. Este postulado invierte los
términos de la mayoría de los mejores policiales negros, donde los personajes
suelen ser objetos del capricho del destino. Culpable es, en este sentido, una especie de anti-noir.
Aquí no hay destino sino autodeterminación y lo más interesante es que detrás
de esa facultad no está Dios sino la conciencia humana y el sentido de responsabilidad
personal. Se exhibe copia en 35mm., por gentileza del INCAA.
Amorina (Argentina, 1961) de Hugo del Carril,
c/Tita Merello, Hugo del Carril, María Aurelia Bisutti, Alberto Bello, Golde Flami, Juan Carlos Palma, Alicia Paz, Orestes Soriani, Rodolfo Ranni. 90’.
Incapaz de resignarse al paso del tiempo y ante la certeza
de que su marido tiene una amante, una mujer se encierra en sus fantasías
y comienza a perder la razón. En tanto melodrama, Amorina recupera el tono fatalista y cíclico de Más allá del olvido, aunque sus
personajes y ambientes sean contemporáneos. Tita Merello
había interpretado en su carrera a otras madres sufridas, pero el personaje
de Amorina (que ya había hecho en teatro y volvería a hacer en
TV) tiene densidades que escapan a cualquier arquetipo previo. “Su
escuela dramática fue el trabajo, el empeño, el tesón”, dijo Hugo del Carril
en entrevista con el crítico Gustavo Cabrera. “Una intuitiva sin vueltas,
que se autoformó y se pulió, logrando en cada
una de sus composiciones una compenetración e intensidad poco común. Creo
que la película es enteramente suya”. Se exhibe en copia nueva, gestionada
por APROCINAIN a partir del rescate de los negativos originales.
La sentencia (Argentina, 1964) de Hugo del Carril, c/Virginia Lago, Emilio
Alfaro, Enzo Viena, Hugo del Carril, Alberto Bello,
Blanca del Prado, Beba Bidart, Corrado Corradi, Rogelio Romano.
76’.
El realizador se aproximó a la sensibilidad de los cineastas
de la generación del ’60 con este film sobre una juventud marginal,
situada en las antípodas de esa otra que por
entonces cantaba y bailaba en El club del clan. En una serie de flashbacks, evocados por los testimonios de un juicio, el
film describe la autodestructiva personalidad de una muchacha lumpen y sus catastróficos efectos sobre un joven que se enamora de ella. Virginia Lago
hace uno de sus mejores trabajos cinematográficos en ese personaje que tiene
mucho en común con la Yipi del cuento Las malas
costumbres de David Viñas, o con la posterior Delia que interpretó Ana María Picchio en Breve cielo (1969) de david José Kohon. El negativo de
este film fue destruido tras el cierre del laboratorio Alex, donde estaba
depositado. Se exhibe copia en 16mm., perteneciente a la familia de Hugo
del Carril.
Buenas noches, Buenos Aires (Argentina, 1964) de Hugo del Carril,
c/Beba Bidart, Hugo del Carril, Néstor Fabián,
Ramona Galarza, Suzy Leiva, Virginia Luque, Tito
Lusiardo, Mariano Mores, Jorge Sobral, Julio Sosa, Aníbal Troilo.
94’.
Diversos episodios musicales componen este film en el que Del
Carril procuró fusionar sus dos grandes pasiones: el cine y el tango. Al
convocar a lo más representativo del espectáculo porteño del período, la
película trasciende su carácter original y pasa a ser un verdadero documento.
Contiene la mejor intervención cinematográfica de Aníbal Troilo y su Orquesta, y la única que llego a hacer Julio Sosa. El realizador utilizó,
curiosamente, dibujos animados para unir las distintas secuencias. El negativo
original de este film se encontraba perdido, pero fue rescatado por APROCINAIN.
La copia nueva fue gestionada por APROCINAIN y el Festival Internacional
de Mar del Plata, gracias al aporte de Kodak y
Cinecolor.
Yo maté a Facundo (Argentina, 1975) de Hugo del Carril, c/Federico Luppi, José María Gutiérrez, Norma Sebré,
Carlos Cores, Guillermo Murray,
Beto Gianola, Walter
Soubrié, Mario Savino, Mario Luciani. 90’.
Versión revisionista de la historia argentina centrada
en la figura de Santos Pérez, el asesino de Facundo Quiroga. El guionista
Isaac Aisemberg procuraba llevar adelante el proyecto desde 1948,
pero sólo el interés de Hugo del Carril y el éxito de las películas históricas
de Leopoldo Torre Nilsson, permitieron llevarlo
adelante. A diferencia de Nilsson, el realizador
logró una obra épica de tono sobrio y desacartonado,
que mantuvo las constantes expresivas de toda su obra. Se exhibe copia en
35mm. facilitada por el coleccionista Jorge DeBiase.
Como actor
Además de su obra como realizador, Hugo del Carril actuó en
más de treinta films, en Argentina y el extranjero.
Los cinco títulos siguientes contienen algunos de sus trabajos más representativos
como intérprete:
Los dos rivales (Argentina, 1944) de Luis Bayón
Herrera, c/Luis Sandrini,
Hugo del Carril, Alicia Barrié, Aída Alberti,
Berta Moss, Golde Flami. 99’.
Los norteamericanos
las llaman buddy-movies, pero no son fáciles de encontrar en el cine argentino,
y menos en el cine argentino clásico. El interés de esta película es mayor
además porque los buddies en cuestión son nada
menos que Hugo del Carril y Luis Sandrini,
dos de las (sino las) mayores estrellas masculinas del cine nacional de
todos los tiempos. La influencia del cine norteamericano es obvia y está
bien servida por el libretista Arturo S. Mom,
también periodista y quizá el primer realizador cinéfilo de nuestro cine.
Más allá de las improbabilidades de su trama, lo cierto es que el film rescata
con verdadero sentido romántico el clima de un universo periodístico que
ya no existe.
La Cumparsita (Argentina, 1947) de Antonio Momplet, c/Hugo del Carril, Aída Alberti, Nelly Daren, José Olarra, Felisa Mary, Florindo Ferrario, Carlos Castro. 77’.
Este film fue, ante todo, un pulido vehículo para el lucimiento
del cantor: enamorado en Buenos Aires, Del Carril viaja a Europa con la
idea de volver pronto pero, una vez en París, algo se le cae en la cabeza
y le hace perder la memoria. Ignorando su pasado, el héroe inicia nuevos
amores en París mientras en Buenos Aires lo creen muerto. Años más tarde
un nuevo golpe en la cabeza le complicará la vida al devolverle el recuerdo
de su antiguo amor. Como se ve, la trama es un disparate pero permite que
Del Carril cante muchos tangos.
El último perro (Argentina, 1956) de Lucas Demare,
c/Hugo del Carril, Nelly Meden, Nelly Panizza,
Mario Passano, Domingo Sapelli, Jacinto
Herera, Ana Casares. 95’.
La vida en las postas de la pampa durante la segunda mitad
del siglo XIX (según novela de Guillermo House)
fue representada aquí por Lucas Demare con el
mismo aliento épico de sus anteriores La guerra gaucha (1942) y Pampa
Bárbara (1945). Como esos films, El último perro
no tiene un único protagonista sino muchos y anónimos, héroes sin fama ni
nombre porque “también es patria lo que no tiene estatua”, como se
afirma en el epílogo. Fue el segundo largometraje argentino realizado mediante
el proceso Ferraniacolor, de origen italiano.
Se exhibe en copia nueva gestionada por APROCINAIn,
con la colaboración de Kodak, Cinecolor
e I-Sat.
Pobre mi madre querida (Argentina, 1948) de Homero Manzi
y Ralph Pappier, c/Hugo
del Carril, Emma Gramatica, Aída Luz, Graciela Lecube, Horacio Priani. 92’.
El último payador (Argentina, 1950) de Homero Manzi
y Ralph Pappier, c/Hugo
del Carril, Aída Luz, Orquídea Pino, Gregorio Cicarelli,
Ricardo Passano (h). 90’.
La apoteosis
de la opereta tanguera, inaugurada por las películas
de Carlos Gardel y prolongada por las que Libertad Lamarque
protagonizó para José Agustín Ferreyra, se produjo
a partir de 1948 con el feliz encuentro entre Hugo del Carril y Homero Manzi, uno de los máximos poetas del tango y guionistas del
cine argentino. Manzi tenía un guión que había
tratado de hacer en la productora Artistas Argentinos Asociados con Francisco
Petrone y Enrique Muiño, pero allí
le habían dicho que esa historia era más bien para una actriz que hiciera
de madre y un cantor. Manzi se atuvo al consejo
y, en colaboración con Ralph Pappier,
realizó Pobre mi madre querida,
con Emma Grammatica como la madre y Hugo del Carril
como el cantor.
El término
melodrama no sirve para definir como corresponde a este film cuya poética
es de una absoluta pureza tanguera. La historia transcurre en la década del 10, distancia
que, de paso, aumenta la credibilidad de la tragedia. Del Carril interpreta
a un antihéroe torturado, que se
degrada a sí mismo hasta pedir la muerte porque no puede soportar la idea
de su propia cobardía. Aída Luz es la mujer fatal que resulta no ser fatal
pero sí mujer y exige ser respetada en sus propios términos. Graciela Lecube es la muchachita buena y Grammatica
la mamma que sufre todos los disgustos. El tango
Pobre mi madre querida se utiliza al principio, como anticipo de lo que
vendrá, y es nuevamente recordado sobre el final del film. El vals Desde
el alma alimenta al comienzo la ilusión de la muchacha y, cerca del final,
suena casi
como una parodia
de esa ilusión. Varios tangos, instrumentales y cantados, confluyen en la
reconstrucción del Velódromo, lugar preferido por la gente de vida disipada,
que jugará un rol esencial de contrapeso en la ficción: mientras Aída encuentra
la forma de salir de ese ambiente, Hugo se sumerge en él intentando vanamente
licuar su cólera autodestructiva. Del Carril, Manzi
y Pappier tuvieron un encuentro todavía mejor
unos años después en El último payador (1950), una biografía igualmente trágica del cantor
José Betinotti. En lugar de madre hay aquí un
maestro, y de nuevo dos mujeres enfrentadas en el deseo del protagonista.
Como ha señalado el historiador Jorge Miguel Couselo,
el film tiene un valor adicional por su minuciosa reconstrucción de ambientes
finiseculares, en particular el circo criollo y los mitines
partidistas de los caudillos, a menudo amenizados con la presencia de cantores
populares. También se integran a la trama las primeras luchas obreras y
el inicio del tango canción, emblematizado en el primer registro de Mi noche
triste por Carlos Gardel (el que se escucha en el film no es ese primer
registro pero no importa).
Ambos films tienen un notable cuidado plástico, una estética muy
elaborada que aprovecha al máximo las posibilidades de los decorados en
estudios. Esa riqueza visual se debe mayormente al aporte de Pappier, habitual escenógrafo y encargado de efectos especiales.
Eventualmente siguió una carrera errática como realizador y no volvió a
encontrar otro Manzi que le proporcionara un tema
a la altura de su enorme talento.