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Imperio
Las
ruinas circulares de Lynch
Por
Michel Emiliano Nieva
powdered1988@hotmail.com

Título
original: Inland Empire. Dirección: David
Lynch. Guión: David Lynch. Producción:
David Lynch y Mary Sweeny. Música: Krzysztof Penderecki,
David Lynch, Angelo Badalamenti. Intérpretes: Laura
Dern, Jeremy Irons,Harry Dean Stanton,Justin Theroux, Mikhaila Aaseng, Ian
Abercrombie (Henry), Cameron Daddo, Karolina Gruszka, Kristen Kerr, Peter
J. Lucas, Krzysztof Majchrzak, Masuimi Max, Leon Niemczyk, Julia Ormond, Heidi
Schooler, Emily Stofle, Kat Turner, Terryn Westbrook. Duración:
172 minutos. País: Estados Unidos, Polonia y Francia.
Año: 2006.
Muchas
expectativas, rumores y mitos se generaron en torno a esta nueva producción
de Lynch, principalmente suscitados por el carácter novedoso que Imperio aparentaba, al menos formalmente, dentro del marco de su filmografía:
la primera vez que filmaba en video digital, sin un guión prefijado
y con una duración casi de tres horas, ampliamente mayor al resto de
sus películas.
La historia
narra la vida de una famosa actriz hollywoodense llamada Nikki (Laura Dern),
quien acepta interpretar un papel en una película basada en una leyenda
polaca, e inesperadamente se ve sumergida en un misterio atroz. “Imperio
es una ficción sobre una mujer en problemas”, señala
el propio director.
El
problema de esta muchacha es metafísico, y su inconveniente reside
en la imposibilidad de diferenciar los diferentes planos de la realidad en
los que es arrastrada. Esta multiplicidad de realidades no sólo se
vuelve confusa para Nikki, sino también para el espectador, quien en
ningún momento podrá diferenciarlas. Quizá a algunos
les resultará trillada y aburrida la dualidad realidad –ficción
en Imperio, principalmente por la repetición ya exagerada que de esta
clase de reflexiones sufre nuestro tiempo. Pero en beneficio del realizador
podríamos afirmar que le imbuye al tema un vuelco no tan obvio. En
su manera de tratar la idea oscila entre Persona de Bergman (respecto
a la confusión) y Las ruinas circulares de Borges (por la
estratificación de realidades en cajitas chinas).
Para el
incondicional de Lynch, Imperio no lo defraudará (aunque tampoco lo
sorprenderá) en cuanto a sus ingredientes principales: humor grotesco,
dadá, surrealista, y una sucesión de imágenes que por
momentos no parecen conducirse por ningún hilo narrativo (al menos
lógico) para el padre de la idea de que “el cine es una pintura
en movimiento”.
Si la
sombra de Duchamp recorre pronunciadamente la obra de este director, en su
última película también se sienten las influencias del
expresionismo y sobre todo de Bacon. Los lúgubres monstruos –brillantemente
logrados gracias a la tecnología digital– que desfilan por la
cinta cada tanto parecen arrebatados de los lienzos de dicho pintor inglés,
causando estupor, desagrado, o esa sensación desconcertante e indescriptible
que tan bien caracteriza a Lynch. Asimismo las bombillas, los hombres disfrazados
de conejos, y otros tantos simbolismos equívocos que recorren a Imperio
llevan la impronta del primero, el francés.

Otro tema
de no menor importancia en la obra de este realizador norteamericano, y que
no excluye a su última trabajo, es el de la música. Como siempre,
Angelo Badalamenti se ocupa de este aspecto con certera maestría, y
mezcla composiciones propias con un pastiche de estilos (siempre siguiendo
el hilo del nonsense) que van desde el pop ochentoso, el jazz, a la música
de vanguardia. Respecto a esta última caben destacar los temas del
compositor polaco Penderecki, que con su música densa e irresoluta
agudiza el poder desquiciante de algunas escenas. Al fanático le gustara
enterarse también que algunas canciones fueron compuestas por el mismo
director, saxofonista aficionado.
Muchos
consideran el estilo de Lynch demasiado críptico, y que más
de noventa minutos se torna insoportable. Esta película dura tres horas
y, si bien ya desde un principio su estética suscita malestar al espectador
acostumbrado al cine de Hollywood, podríamos afirmar que su extensa
duración la vuelve un tanto pesada y difícil de seguir, pero
no tanto debido al estilo del autor sino a causa de la desorganización
propia de una película sin un guión, manchada de digresiones
y repeticiones innecesarias. Esta estructura lánguida del film por
momentos parece un homenaje a 8 y ½ de Fellini, que se hace
patente sobre todo cuando todas las mujeres que se acostaron con el protagonista
emergen en un cuarto y charlan con Nikki.
En resumen,
Imperio gustará a sus fans por la repetición del archiconocido
mundo lyncheano, aunque posiblemente la duración la vuelva más
densa y difícil de seguir que sus anteriores producciones.
12/9/2007
www.solesdigital.com.ar
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