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Intimidades

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Por Carla Masmun

“Personal Velocity” (EEUU, 2002) Guión y dirección: Rebecca Miller. Productores: Alexis Alexanian, Gary Winick. Dirección de Fotografía: Ellen Kouras. Música: Michael Rohatyn. Intérpretes: Kyra Sedgwick, Parker Posey, Fairuza Balk. Duración: 86 minutos.

Es extraño el momento para estrenar este film, premiado en el Sundance Festival y en el Independent Spirit Awards, en tanto llega a nuestro país en un momento donde pululan por los cines magos, superhéroes y ogros, como sucede cada año durante las vacaciones de invierno.

Escrita y dirigida por Rebecca Miller (“Angela”, 1995), “Intimidades” relata la historia de tres mujeres en un momento de cambio en sus vidas. El título en inglés “Personal Velocity” alude a lo que Miller describe como una mezcla de “elección y destino personal”. El cambio, según esa “velocidad personal”, supondrá trayectos distintos para cada personaje.

“Intimidades” cuenta con varios puntos interesantes. El primero de ellos, es que la elección económica de esta película independiente de filmar en video digital redunda en un cambio expresivo. El juego con los colores, la detención del movimiento, la textura visual, construyen una imagen diferente, alejada de la limpieza habitual de los films de Hollywood. Por otro lado, las tres mujeres que retrata Miller cuentan con tres excelentes actuaciones: la fuerte presencia corporal de Delia (Kyra Sedgwick), la fragilidad de Paula (Fairuza Balk) y la hastiada arrogancia de Greta (Parker Posey) encuentran las actrices precisas para sostener estos personajes.

Miller articula estos retratos en tres episodios, jugando con el paso de lo dramático en “Delia”, a lo cómico en “Greta” y lo poético en “Paula”. De este modo, la directora relata tres historias sobre el cambio, que sólo en el caso de Paula resulta radical. Delia y Greta cambian para volver a ser como eran antes de casarse, y lo logran abandonando a sus maridos. Después de enfrentar una experiencia cercana a la muerte, Paula cambia a raíz de un encuentro casual, construyéndose a sí misma desde un punto de vista totalmente diferente.

Dado que las conexiones entre los episodios son mínimas más allá de lo temático (una voz over y una noticia escuchada en la televisión), podríamos preguntarnos acerca de la lógica que los ordena. Delia abandona a un marido golpeador y se lleva a sus hijos para reencontrarse en otro lugar con la libertad sexual que la definió en su juventud. Greta acata el mandato paterno de convertirse en alguien exitoso y, para lograrlo, abandona a su marido. El episodio de “Paula” cierra el film con una mirada esperanzadora que tranquiliza al espectador. Algo similar ocurre en el nivel de la enunciación: los dos primeros relatos están “extrañados” por el uso de la detención de la imagen, y por el leitmotiv musical que interrumpe la acción. Por oposición, “Paula” sigue un registro más realista de la acción.

Así, las transgresiones de Greta y Delia parecen quedar en un segundo plano frente a la resolución políticamente correcta de la historia de Paula. Queda en el espectador, entonces, la posibilidad de ver más allá de ese final feliz, de reconocer las ambigüedades bajo las supuestas certezas.

6/8/2004

www.solesdigital.com.ar

 

 
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