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Kill
Bill Vol. 1
La
belleza de la violencia
Por
Julieta Scibona

Después
de casi cuatro años de su última película como director,
el tan esperado regreso de Quentin Tarantino no podía pasar desapercibido,
aunque sólo se nos dé el gusto por la mitad con el primer volumen
del film (el volumen II recién se estrenará en Argentina en
tres meses).
De todos
modos, Kill Bill volumen I no es media película (y si lo es no importa)
sino que constituye en sí misma un universo propio y quizás
uno de los mejores estrenos del año.
En este
caso, Tarantino sigue poniendo en escena sus tiempos violentos sin perder
las huellas de autor, aunque de un modo diferente y alejándose aún
más de la representación de la realidad para jugar con la realidad
misma del cine.
Para esto utiliza de una delicada selección y conjunción de
géneros y tipos de films en los que se destacan el western-spaghetti,
las películas chinas de artes marciales, japonesas de samurais y animé
entre otros.
El argumento
del film bien le sirve como excusa para el despliegue visual y sonoro que,
a modo de parodia-homenaje a las películas citadas, estetiza la violencia
a tal punto que no nos cuestionemos qué es lo que se nos está
contando, sino que disfrutemos de cómo se nos lo cuenta.
Esta excusa se encarna en la venganza que lleva a cabo el personaje principal
nombrado sólo como "La novia" (The bride), que protagoniza
Uma Thurman como nunca se la ha visto. Única sobreviviente de un ataque
realizado por el Escuadrón en la ceremonia de su propio casamiento,
después de 4 años en coma, “la novia” busca, persigue
y aniquila a las responsables de la masacre.
La belleza
del film, plasmada en una magistral puesta en escena, fotografía y
efectos combinados en un exquisito manejo del ritmo narrativo, invitan al
deleite sin desperdicios, resignificando la crudeza de las imágenes.
El final abierto, más que un defecto en este caso, estimula la imaginación
del espectador, ansioso por conocer la batalla final con su ex jefe y amante,
Bill.
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