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Manderlay

Un relato escrito con tiza

 

Por Juan Finn
finnjuan@yahoo.com.ar

Willem Dafoe

Dirección y Guión: Lars von Trier. Intérpretes: Bryce Dallas Howard, Isaach de Bankolé, Danny Glover, Willem Dafoe y Lauren Bacall. Música: Joachim Holbek. Producción: Vibeke Windeløv. Duración: 139 minutos. País: Dinamarca, Suecia, Francia, Holanda, Inglaterra, Alemania. Año: 2005.

La acción de “Manderlay” comienza donde “Dogville” termina. En el año 1933 Grace (Bryce Dallas Howard), su padre (Willem Dafoe) y el ejército de maleantes de éste, llegan al estado de Alabama buscando en la primavera del sur norteamericano nuevos terrenos de caza y un lugar donde establecerse. Allí se encuentra “Manderlay”, una plantación algodonera donde el grupo descubre que sigue practicándose el esclavismo, a pesar de la abolición. Con la ayuda de los secuaces de su padre, Grace toma como propia la obligación de conseguir que quienes en principio eran amos y esclavos convivan igualitariamente.

Según su visión idealista de las relaciones humanas, Grace entiende que debe enseñar a los emancipados como vivir en una sociedad libre y decide impartir lecciones sobre democracia y enojo. Los intentos educadores de la protagonista, aunque bien intencionados, son ciegamente egocéntricos. Desde un principio se puede captar en su discurso la intención exonerar su culpa por la opresión que su ascendencia caucásica ejerció sobre la raza negra. Grace no ve o no quiere ver, la situación particular que la plantación representa, para ella el lugar es una suerte de alegoría de todo el subyugamiento sufrido por el pueblo afroamericano y una posibilidad de redención personal.

El film es la segunda parte de la trilogía sobre Estados Unidos, que Lars von Trier inició en 2003 con "Dogville" y esta inspirada en “La felicidad en la esclavitud”, prefacio de Jean Paulhan a la novela “Historia de O” (Pauline Réage, 1954) donde unos esclavos liberados deciden volver con su amo. La primera parte de esta serie fue protagonizada por Nicole Kidman, quien interpretaba a una Grace que afablemente soportaba múltiples vejámenes. En “Manderlay” Howard le da a Grace una mirada ilusa e inocente, que si bien puede ser semejante a la que componía Kidman, es menos expresiva, lo que hace más creíble su inocencia, puesto que parece estar continuamente perdida.

Por otro lado, presenta mayor desarrollo el personaje del padre de Grace, que en la actuación de Dafoe encuentra más profundidad dramática que la que le daba James Caan en “Dogville”. La única actriz que se reitera es Lauren Bacall, aunque no vuelve a interpretar a Ma Ginger, asesinada en “Dogville”, sino que ahora ella es Man, la anciana ama de Manderlay. El resto del elenco incluye a Danny Glover, en una sobria actuación como Wilhelm, un viejo esclavo, y se completa con Isaach de Bankolé, quien compone al recio y orgulloso Timothy que despierta las pasiones de Grace.

ManderlayA pesar de los cambios en el elenco, se marca la continuidad reiterando el mismo recurso escenográfico que se utilizaba en “Dogville”. Así, una vez más se dispone de un escenario limitado a unos pocos decorados y muebles, donde se prescinde casi por completo de puertas, muros y ventanas y donde los límites de las viviendas y los nombres de los lugares fueron pintados con tiza negra sobre el piso blanco. Se podría pensar que en “Dogville” Von Trier estaba realizando un estudio para una obra posterior, pero al repetir la disposición escenográfica el director danés puede estar queriendo marcar su intención de hacer de este tipo de locaciones su marca personal.

La película se sostiene sobre un recurso estético atípico, con el cual se logra cierto clima de opresión, puesto que se representa una realidad oscura, parca y apática. Esto permite que los conductores de la acción sean las actuaciones y la voz del narrador en off, de manera que se centra la atención en un relato contado con palabras más que con imágenes.

Lars von Trier parece querer acercar un tipo de discurso que se apoya principalmente en los elementos visuales a lo que sería más propio de la lectura de un texto. La presencia de la cámara y de sus consecuentes movimientos es lo que aleja a esta realización de una narración puramente textual. Quizás se este tratando de llevar al límite los preceptos del Dogma 95 y buscando una nueva forma de redacción fílmica. Ciertamente “Manderlay” no respeta los preceptos del “voto de castidad” que Von Trier ayudó a escribir. No se sigue la idea de filmar en escenarios naturales, evitar escenografías armadas en estudio y grabar con sonido directo, propia de aquel movimiento. Sin embargo, los erráticos saltos de continuidad en la edición y la utilización de la cámara en mano podrían marcarse como reminiscencias del Dogma.

En principio “Manderlay” es una visión de la esclavitud y del conflicto racial estadounidense, que si bien esta ubicada en el tiempo, parece desvanecerse en el espacio, lo que hace que pueda generalizarse, aunque generando cierta confusión y ambivalencia respecto de la propuesta de la obra. Además Von Trier extiende su parábola fílmica para tratar de alcanzar otros temas. En tanto que Grace actúa como una fuerte potencia bélica que impone los “beneficios” de la libertad a los pueblos “liberados”, la analogía con la actual política norteamericana es clara, pero en tanto la utilización de los recursos cinematográficos y la construcción del relato, se puede interpretar que se trata de una fábula sobre el comportamiento humano en general, sobre qué es realmente la libertad si se puede libremente elegir no ser libre.

Los créditos finales contribuyen a la confusión respecto del mensaje del director. Al igual que en “Dogville”, se presentan a modo de diapositivas diferentes fotografías mientras se escucha el tema “Young Americans" de David Bowie. Esas imágenes se pueden relacionar a una pluralidad de tópicos que van desde el racismo en los Estados Unidos o la intolerancia en general, hasta el uso de la fuerza para imponer los propios ideales.

En “Manderlay” se pretende abarcar tantos temas que no se llega a desarrollar ninguno acabadamente. Quizás esto sea porque Von Trier quiso simplemente disparar nuevas preguntas sobre cada asunto sin arriesgar conclusiones novedosas, pero el retrato de cada cuestión es parcial y no llega a entenderse cuál es la pregunta y menos aún si existe un intento de respuesta.

22/8/2006

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