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El amanecer del planeta de los simios

¿Y tú también, simio?

 

Por Verónica Stewart
@verostewart

La película arranca con un mono. La cámara le respira encima a un simio, la pantalla grande se ve completamente invadida por su mirada. Por su nariz corre una mancha roja, cual herida de guerra. Sus ojos son verdes y enojados, su ceja se frunce con la fuerza y cansancio que sólo la ira puede traer. La cámara se aleja y la película arranca con mucho más que un mono: arranca con César.

El amanecer del planeta de los simios nos encuentra en un mundo post-apocalíptico donde millones han muerto por culpa de una epidemia llamada “gripe simia”, y donde los monos han superado en número a los hombres. Es importante recordar que estos monos no son primates cualquiera, sino más bien un producto de laboratorio, el resultado final de experimentos humanos. Por supuesto que los mismos se fueron de las manos, el mundo prendió fuego y es ahora habitado mayormente por simios que incluso pueden hablar organizados en civilizaciones propias (no confundir con la génesis del hombre en la tierra). Pero todo se complica cuando un asentamiento humano de los pocos que han quedado manda a un grupo de sus mejores hombres a adentrarse en el corazón de la selva para reparar una planta eléctrica; el choque de culturas es inmediato.

Y resulta justo hablar de culturas, civilizaciones y asentamientos no sólo desde el lado humano, sino especialmente del lado de los monos. Los personajes humanos serán de hecho lo menos destacable de la película, y no sólo porque oír a ese tipo de primates hablar no es novedad, sino porque son bastante unidimensionales; el foco nunca está puesto en ellos, son simplemente un vehículo para contar algo más. Y es que el quid de la cuestión es simiesco. Son los monos quienes lograrán despertar verdadera empatía y, porque no odio, entre los espectadores. El amanecer del planeta de los simios, como su título lo indica, es el principio de nuestro fin, la puesta en escena de un mundo donde los monos reinan. La película es sobre monos, no humanos.

Pero cabe preguntarse, ¿es esta una distinción que valga la pena hacer? Para ser una película cuya trama se mueve gracias a la rivalidad entre hombres y monos, a la eterna pulseada de discriminación y sed por poder, El amanecer del planeta de los simios busca más bien resaltar las similitudes entre ellos, y no tanto las diferencias. Después de todo, el funcionamiento de la civilización y el liderazgo que ejerce César sobre sus iguales sucede también entre humanos; no por nada su nombre es César. Sus técnicas de caza son de hecho las tácticas de guerra que llevaba a cabo el propio líder romano, y la fidelidad que le tienen todos sumado a la envidia y creciente desconfianza de Koba, el claro antagonista del grupo (la relación entre ambos será lo más interesante de la película), acaban por pintar una imagen tan clara del funcionamiento de la masa como lo hace la teoría freudiana. El amanecer del planeta de los simios pone en evidencia cuán volátil y fácilmente manipulable es la masa, y cuán lejos puede llegar un líder si sabe explotar la necesidad que tiene el grupo de que él exista. En este aspecto, las similitudes entre la película y Julio César de William Shakespeare son destacables, y están logradas con una sutileza aplaudible.

Del lado de los humanos, la cohesión entra en juego no sólo gracias al instinto de supervivencia que corre por las venas de todos, sino más bien por la sed de ver derramar la del otro, por la presencia de un “ellos” que unifica un “nosotros”. Es también interesante llevar esta discriminación hacia otro lado, y pensar incluso que el trato que Carver, el personaje más lleno de odio hacia los primates, tiene para con ellos no es tan distinto al que se tenía hace no tanto para con los negros en los Estados Unidos, o al que reciben muchos grupos minoritarios hoy en día. Es incluso más interesante, entonces, notar que una película sobre monos andando a caballos con ametralladoras, como hace Koba en lo que es fácilmente el plano más extraño y rockero de la película, diga tanto sobre psicología de masas y sociología humanas.

La película termina con un mono. La cámara le respira encima a un simio, la pantalla grande se ve completamente invadida por su mirada. Sus ojos son verdes y enojados, con esa ira que solo puede traer la guerra. Pera ya sobre el final estamos en condiciones de ver en este espejo del primer plano de la película otra cosa: El amanecer del planeta de los simios no es sobre otros primates más que nosotros mismos.

3/8/2014

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