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El quinteto
de la muerte
Ecléctica
remake de los Coen
Por
Carla Masmun

Título
original: The ladykillers, Estados Unidos, 2004. Guión y Dirección: Ethan
Coen y Joel Coen. Basada en “El Quinteto De La Muerte” de William
Rose. Productores: Ethan Coen, Joel Coen, Tom Jacobson, Barry
Sonnenfeld, Barry Josephson. Director de Fotografía:
Roger Deakins. Música: Carter Burwell. Intérpretes:
Tom Hanks, Marlon Wayans, J.K. Simmons, Tzi Ma, Ryan Hurst, Irma P. Hall,
Diane Delano, George Wallace, John McConnell, Jason Weaver.
“El
quinteto de la muerte” es una remake del film de Alexander Mackendrick,
protagonizado por Alec Guinness en 1955. La pregunta que surge al enfrentar
este film es por qué volver a hacer una película que los Coen
reconocen como fuente importante para su filmografía, especialmente
en “Simplemente sangre” (1983).
Desde
este film hasta “El amor cuesta caro” (2003), los Coen proponen
una serie de elementos que caracterizan una poética propia. Como en
“Educando a Arizona” (1987) y “Fargo” (1996), en “El
quinteto de la muerte” aparece el patetismo pueblerino, en la pintura
de una región. En este lugar, situado a orillas del Mississippi, conviven
distintas épocas: los años ‘20 en el ámbito del
personaje de la Sra. Munson, la cultura del hip-hop vinculada a la juventud,
el siglo XIX en Goldthwait Higginson Dorr, Ph.D, e incluso una falsa intemporalidad,
que combina gárgolas con tiendas de donas.
Por otro
lado, como en “¿Dónde estás hermano?” (2000),
el film establece vínculos paródicos con otros textos: Edgar
Allan Poe, Mark Twain, la música gospel, la cultura del sur de los
Estado Unidos, y el motivo temático del robo perfecto, retomado el
año pasado en “Bienvenidos a Colinwood” (Anthony y Joe
Russo, 2002) . De Poe, circulan varios relatos, identificables en la relevancia
que alcanzan el retrato (El retrato oval, y la vívida apariencia de
la figura), el cuervo en el puente (en el poema El cuervo) y el gato Pickles
(como en El gato negro, Pickles acompaña incansablemente a la banda).
La parodia,
además construye a los personajes. Este quinteto de criminales no está
compuesto por mentes brillantes sino por un grupo de tontos con dificultades
para comunicarse. MacSam se expresa violentamente por medio de insultos, escondiendo
la carencia afectiva; Pancake usa jergas de técnicas que no domina
plenamente; el General se mantiene en un silencio disciplinado que es perturbado
por sus estúpidos compañeros; y Lump, desde la supuesta inarticulación
de su pensamiento ocupa el lugar del sentido común en la banda. Dorr
merece una consideración especial, en tanto se presenta como un hombre
de gran cultura y refinamiento, pero sólo puede recitar los mismos
cinco versos de Poe. Su imagen está construida por la mezcla de Mark
Twain y Edgar Allan Poe, reforzada por la actuación que realiza Tom
Hanks (en particular en la elocución), acorde con el tono paródico
del film.
La música
dialoga con la historia, y mezcla el gospel con la música barroca,
proponiendo una construcción diferente de la cultura del sur de Estados
Unidos, así como cierta anticipación del destino de los personajes.
Artificios
y dificultades
Ver un
film de los Coen, más allá de los gustos personales, permite
realizar un análisis en varios niveles. Durante los primeros 15’,
la película ofrece una presentación clásica de situaciones
y personajes, para luego entrar en un desparejo desarrollo donde los chistes
no llegan a divertir y donde la inclusión de lo escatológico
parece innecesaria. La repetición, como procedimiento de la comedia,
es efectiva en la figura del barco con basura que recorre el río, pero
falla en otros momentos (como en el cuadro de Othar), haciendo excesivamente
previsible el desarrollo.
Otro
punto de conflicto lo presenta la elección de Irma P. Hall para el
personaje de la Sra. Munson, en tanto ya no es una anciana inocente en peligro
como en el film original sino que la fuerte presencia física de esta
actriz convierte al personaje en una amenaza directa para el grupo, llegando
incluso a golpear a uno de los ladrones.
A pesar de esto, con la concreción del robo, el film recupera ritmo
gracias a la utilización del humor negro y al cambio argumental que
produce.
Una posible
respuesta a la pregunta antes formulada, es interpretar la película
desde la idea de puesta en evidencia del artificio. Así, la historia
que cuenta el film es una excusa para el ejercicio de estilo. El espectador
difícilmente podrá establecer algún tipo de identificación
con los personajes, como tampoco era posible con Ed Crane en “El hombre
que nunca estuvo” (2001). La propuesta se ajusta entonces, al juego
con géneros (y films) clásicos con la intención de subvertir
sus elementos, aunque a diferencia de otras películas suyas, el resultado
es poco satisfactorio.
Una última
aclaración: acompañando al film, se proyecta el corto “Destino”,
realizado por Salvador Dalí para la Disney en 1946. Una buena razón
para ir al cine.
www.solesdigital.com.ar
11/6/2004
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