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Los santos sucios

El encierro del alma

 

Por Agostina Dattilo
agostinadattilo@hotmail.com

Los santos sucios

Director: Luis Ortega. Protagonistas: Alejandro Urdapilleta, Luis Ortega, Emir Seguel Rubén Albarracín K. J., Brian Buley. Argentina (2009).

Luis Ortega presentó ayer su nueva película en el marco de las noches especiales del BAFICI. Un largometraje de casi 90 minutos que relata, con una estética propia del genero de ciencia ficción, la supervivencia de un grupo reducido de personas que resisten a algún tipo de tragedia bélica y nuclear, en algún espacio temporal del futuro.

Los santos sucios es una de esas películas llenas de simbolismos y secuencias difíciles de decodificar en los términos en que se generaron (o por lo menos con qué intenciones). Son pocos los datos precisos de la situación que se cuenta: interrogantes tales como dónde, cuándo o qué es exactamente lo que pasó, flotan en la cabeza del espectador como el humo en la ciudad destruida que tan perfectamente retrata Ortega en el film. La impecable fotografía apoyo a esta historia extraña —pero no por eso menos intrigante e interesante—, que va más allá de lo que el argumento trasmite.

Cielo, Rey, Berry, Brian, el Mudo y Monito (“la última mujer del mundo”) son escombros de una ciudad abatida y se unirán para cruzar un río —aunque más allá de aquel límite todo sea desconocido—. El poético relato en off de Cielo (Luis Ortega) —desde sus palabras y sus sensaciones, desde su visión y sus temores— es un acierto ante la escasez de diálogos.

Decididamente Los santos sucios es una película diferente. Los conflictos a resolver son seguramente internos, espirituales. Atrapados, encerrados al aire libre, los personajes se buscan ante la necesidad: todos poseen algo esencial para llegar al río (paciencia, sabiduría, humor y amor, o simplemente una manija). Deambulan en el caos apocalíptico, entre ruinas de un pueblo de ruta; duermen sobre recuerdos, se apropian de ellos con naturalidad pero sin perderles el respeto. El ejemplo es Berry, un viejo prolijo que vive en el campanario de una Iglesia, donde intentará restaurar (o mantener) algo del orden que solo sabe entregar el tiempo.

La permanente amenaza de quienes han terminado con todo y con todos y la paranoia de los que quedaron hacen que las noches sean más seguras para caminar. Serán —en esta búsqueda— imprescindibles el alcohol para unos, como el amor para otros. Aunque quizás no los salve, amarse los llevará —de forma inevitable— a cruzar el rio. No a todos, porque “la pesadita de amor”, como llama Cielo a Monito —una adolecente excitada, tan tempestiva y salvaje como un animal—elegirá  otro destino. Ellos, paradójicamente, no la necesitan, no necesitan el amor de una mujer.

Los santos sucios es un film surrealista y pesado, aunque innovador para el cine argentino, que pocas veces indagó en el género catastrófico y desolador del fin del mundo. Como esas oscuras líneas surrealistas que sin mucha lógica expresan y emocionan a sus entendidos, la tercera película de Ortega mantiene —y eso no es poco— una coherencia desde la intención con sus anteriores films.

16/4/2010

www.solesdigital.com.ar

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