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Cine Visceral: pequeña reflexión sobre un género sangriento
 

Por Martín Pérez Antelaf

Psychosis - Hitchcock

Hacer un recorrido por el cine de terror es una tarea ardua, probablemente imposible o que tomaría muchos tomos del mismo color, rojo, tal vez. Sin embargo es posible dar cuenta de un auge sostenido, como suele pasar en la industria cultural cuando se dan las condiciones, de una tendencia en el género. Este último pasó a diversificarse luego de su época dorada en Norteamérica, el suspenso se alejó del terror y en este encontramos ramas como el slasher (cine de homicidios en el que, dentro de su acepción más moderna, el asesino corre a adolescentes en plena ebullición de hormonas y zoncera), el gore (centra la atención en mostrar lo más entrañable de la anatomía humana) o esa especie de conjunción entre cine erótico y de terror que es el gorno.

No es clara la diferencia genérica o intra-genérica, si es que hay una partición dentro del género terror. Hay, sin embargo, muchas coincidencias. Dentro de ambas categorías entran películas donde lo esencial no es invisible a los ojos. En otras palabras, cuanto más detalladamente se muestren los órganos humanos, más cerca estará ese film de llegar a su ideal. El fin último buscado es el comúnmente conocido “morbo” o, más específicamente, una nueva experiencia sádica.

Si uno contrapone películas de distintas décadas podrá notar diferencias notorias. Pero no es nuestra intención caer en un romanticismo de cine que plantearía que antes se contaba algo, o al menos trataba sobre algo, y ahora no. Sin embargo el género terror pertenece a un parte de la industria cinematográfica que, como toda ella (incluso la parte experimental), es un emergente de un contexto cultural. Esta emergencia no puede dejar de tener una intencionalidad que puede ser un mensaje cualquiera, sea reventar la taquilla, generar fama por fuera del rédito económico, etc. Podemos mencionar entre aquellas películas que han quedado en la historia y que han sido, para bien o para mal, únicas a "Saló o los 120 días de Sodoma" de Pier Paolo Passolini.
                               
Pero en el cine comercial, llegado un momento de éxito monetario o de popularidad, se da una repetición de ciertas características no sólo en el formato, la narrativa, el montaje, la iluminación, etc., sino que se llega al punto de "la saga". Pesadilla en lo profundo de la noche, Viernes 13, Halloween o la actual Saw son algunos ejemplos.

Primeros tajos

 

Hay quienes colocan, en un comienzo, a Psicosis (1960) de Alfred Hitchcock dentro del género slasher. En páginas como por ejemplo Wikipedia, esta misma película es colocada en el género gore (o splatter). Ambos géneros se caracterizan por mantener muy tenuemente la trama policial clásica: comienzo, nudo y desenlace. Psicosis no sólo posee esa estructura que resuelve magistralmente, sino que carece de la cantidad de asesinatos o al menos de la cualidad de los asesinatos presentes en películas del género que tratamos.

La caracterización de un género no es determinada desde un origen, sino que va mutando según el gusto de quienes lo consuman, pero también de aquellos que generan la obra. No fue escrito de antemano en algún manual que sea necesario que una joven de gran busto sea la última sobreviviente en las cacerías humanas que rigen tanto en el género slasher como gore. De todas maneras, podemos notar la diferencia entre el asesinato del film de Hitchcock y el del nuevo cine splatter. En el primero, el cuchillo del asesino Norman Bates no toca el cuerpo de la blonda víctima, en el segundo caso no se puede menos que mostrar las entrañas del mutilado.

En los comienzos del cine de terror más visceral, nunca mejor utilizada esta metáfora, encontramos La noche de los muertos vivientes de 1968 y dirigida y escrita por George Romero. Tanto ésta película, como la mucho más reciente Diario de los muertos de 2008 (del mismo autor), tenían un mensaje o una intencionalidad más allá de los zombis sedientos de cerebro o de una trama endeble. Si bien la primera película era una crítica, según el autor, a la guerra de Vietnam, la segunda aquí mencionada apunta sus cañones a los nuevos massmedia y al peligro que estos conllevan como generadores de opinión.

El dispositivo cinematográfico podría bien ser tomado como una distracción, como un entretenimiento, como parte del gusto popular que no permite cuestionamiento alguno. Sin embargo, no es sólo quién recibe el mensaje sino, repetimos, también aquel que lo genera. Las condiciones de producción están influidas contextualmente tanto como las que reciben la obra, teniendo como gran diferencia una infraestructura que implica, en la primera, estudios de mercado y equipo de profesionales dispuestos a develar cual es "el gusto popular".

La idea acerca de preguntarnos, al menos tenuemente, sobre un género cinematográfico de terror no implica llegar hasta un momento originario y despojado de implicancia alguna o dotado de un fin mera e inocentemente de entretenimiento, sino de dar cuenta de cambios que acompañan la conformación sensible de los gustos actuales.

Motosierras en los '70

 

Hay películas que generan tendencia, suele ocurrir en todo arte. Tobe Hooper filma en 1974 The Texas chain Saw Massacre, cuya traducción más cercana sería "La masacre de la motosierra en Tejas", que creó una tendencia y es referente del cine de terror actual. Cuenta la historia de una familia que asesina y cuyo particular hijo es un retrasado mental de gran contextura física que asesina personas con una motosierra y que tiene una máscara hecha de piel humana. El Leatherface, así es apodado el psicótico asesino, de  Hooper (que hará Poltergeist en 1982 junto a un creciente Steven Spielberg, produciendo y co-guionando la película) tiene muchas similitudes con un caso que impactó a los Estados Unidos. Aquel fue el de Ed Gein, un granjero que sin utilizar motosierra alguna mató a gran cantidad de personas y presentaba como particularidad la costumbre de guardar los torsos y/o cabezas de sus víctimas en líquidos conservantes.

Muchos críticos o incluso directores suelen colocar como premisa inamovible que es parte de la naturaleza humana el espectáculo del asesinato. Alguno de estos relatos pueden verse en el documental sobre el libro Going to Pieces: The Rise and Fall of the Slasher Film, 1978-1986, del mismo nombre. Podríamos preguntarnos si el cine de terror es un catalizador de cierto momento cultural, o si responde a intereses del público, pero ¿qué intereses son esos?

En el antiguo y denso libro Reglas para el Parque Humano, Peter Sloterdijk en relación con la estrategia “pan y circo” cementaba que "lo que los romanos educados llamaban ‘humanitas’, sería impensable sin la demanda de abstinencia de la cultura de masas en los teatros de la ferocidad. Si el humanista se extravía alguna vez entre la multitud bramante, es sólo para constatar que también él es un hombre y como tal puede también él ser contaminado por esa tendencia a la bestialidad". Hay pues una experiencia con un lado macabro, aunque aquel que se entrega a esos espectáculos sabe de tal incursión momentánea y "se ve obligado a aceptar que nada de lo humano le es ajeno. Pero (...) la naturaleza humana consiste en elegir los medios domesticadores".

Sin caer en el reclamo rígido de fortalecer la familia y la escuela, motores domesticadores de la época  moderna occidental, si es lícito preguntarnos dónde queda ese mundo al que se vuelve luego de la bestialidad del cine slasher o gore. ¿Acaso es menos brutal que esas imágenes?; ¿Los soldados modernos entrenados para mantener la paz mundial no someten a peores, por reales, tormentos a aquellos que debería salvaguardar?

Sitios consultados:  


http://es.wikipedia.org/wiki/Cine_gore
http://www.toma-uno.com/blog-08-05-diario-de-los-muertos-entrevista-al-director-george-a-romero/
http://www.youtube.com/watch?v=eTVsBY3iZEU
http://www.heideggeriana.com.ar/comentarios/sloterdijk.htm


www.solesdigital.com.ar

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