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La leyenda del tesoro perdido

El mundo en deuda

 

Por Carla Masmun

Nicolas Cage

(“National Treasure”, Estados Unidos/2004). Dirección: Jon Turteltaub.Elenco: Nicolas Cage, Diane Kruger, Justin Bartha, Sean Bean, Jon Voight, Harvey Keitel, Christopher Plummer. Duración: 131 minutos

“La leyenda del tesoro perdido” reúne nuevamente al productor Jerry Bruckheimer con la Disney, sociedad que en el 2003 creó “Piratas del Caribe: La maldición del Perla Negra” la película de Gore Verbinski que concilió el éxito de público y de la crítica. El resultado de este nuevo intento dista bastante de la calidad narrativa e interpretativa del film de Verbinski.

La película presenta a Benjamín Franklin Gates (Nicholas Cage), un historiador que consagra su vida a la búsqueda del tesoro de los Caballeros Templarios llevado (según narra la leyenda) por los patriotas americanos a su país. Para ello cuenta con el apoyo incondicional de Riley (Justin Bartha), su amigo experto en tecnología, que lo ayudará en la búsqueda del tesoro para evitar que caiga en manos del villano millonario que planea robarlo.

Como en “Piratas del Caribe: La maldición del Perla Negra”, “La leyenda del tesoro perdido” combina romance, efectos especiales, algo de suspenso y mucho de film de aventuras, proponiendo al espectador un viaje por lugares vinculados a la historia de los Estados Unidos. Así, lo que podía ser una simple búsqueda del tesoro adquiere un trasfondo cultural y político de altamente significativo.

El relato deviene entonces en una burda alegoría, donde el “tesoro nacional” no son las riquezas sino los valores que cimentaron la nación y que, como propone Ben en un rapto de generosidad, deben brindar en préstamo al mundo. Claro que, como todo préstamo, tiene intereses. En el film, Estados Unidos se erige como autoridad que conserva el patrimonio histórico – cultural del mundo, en tanto el tesoro está formado por riquezas de la más variada procedencia: Egipto, Roma, China, entre otros. Los padres fundadores del país consiguieron el tesoro y lo ocultaron para mayor provecho de la humanidad. Más allá de lo ridícula que puede parecer esta idea dada la magnitud de las riquezas escondidas, los personajes no cuestionan la legitimidad de poseer un tesoro que no es más que el resultado de la rapiña de sus antepasados.

Pero el “tesoro nacional” es también la democracia, que el film parece entender del mismo modo que el presidente de su país. Incluso, el protagonista cita la Declaración de la Independencia al decir que es una obligación de su país llevar la democracia (su idea de la democracia) a aquellos lugares que se encuentren bajo el yugo de algún dictador. Es decir, enuncian el mismo discurso que sustentó la invasión a Irak el año pasado.

Dentro de un relato que apunta a un ritmo vertiginoso y a la exhibición de efectos especiales, poca trascendencia tienen las actuaciones. Todos cumplen con sus roles sin ofrecer nada más que lo necesario. Y sí, Sean Bean es el malvado millonario.

“La leyenda del tesoro perdido” es una película que se nutre de otras historias de aventuras sin llegar a entretener, y que mientras se excede en duración (131 minutos) y en vueltas que hacen totalmente previsible la trama, exhibe en forma clara su tendencia a la propaganda y al oficialismo, casualmente en el momento en que George Bush asume su segundo mandato como presidente de los Estados Unidos.

24/01/2005

www.solesdigital.com.ar

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