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Peaky Blinders: La elegancia en la violencia

La última víctima

Nadie le teme al lobo

 

Por Juan Finn
finnjuan@yahoo.com.ar

Título: Cry wolf. Dirección: Jeff Wadlow. Guión: Beau Bauman y Jeff Wadlow. Intérpretes: Julian Morris, Lindy Booth, Jared Padalecki, Jon Bon Jovi, Gary Cole. Música: Michael Wandmacher. Producción: Beau Bauman. Duración: 90 minutos. País: Estados Unidos. Año: 2005.

“Evitar sospechas, manipular a tus amigos y eliminar a tus enemigos“, la propuesta del juego podría ser interesente si no estuviera tan mal desarrollada. La última víctima tiene un buen comienzo. Una lograda escena inicial de persecución en el bosque donde una muchacha es asesinada. Luego se hace un paneo aéreo del bosque de Westlake donde sucedió la tragedia y se da inicio a una de las menos inspiradas películas que haya producido Hoollywood jamás.

La película relata la historia de Owen Matthews (Julian Morris) estudiante con un pasado de niño difícil. El padre de Owen (Gary Cole) lo envía a la preparatoria de Westlake para hacerlo sentar cabeza. Rápidamente el muchacho se une al grupo de muchachitos carilindos consentidos y rebeldes que componen las amistades de Dodger (Lindy Booth) y juega con ellos a El Juego de la Mentira. Este juego es uno de los puntos más flacos del film, que no es poco si se considera que el guión se sostiene sobre un entramado de mentiras que no engañan y de resoluciones obvias. Pronto las mentiras implicadas en el juego se extienden para abarcar a toda la preparatoria y se comenzará a percibir la participación de un verdadero asesino.

No sólo el final es previsible, las actuaciones dejan mucho que desear, la dirección es confusa, los efectos especiales no aportan nada a la trama y el argumento es trillado, sino que tampoco se logra el suspenso apropiado para este tipo de propuestas. Respecto de las actuaciones se debe dar meritos a Julian Morris, puesto que pocos actores tienen la habilidad para mostrar constantemente el mismo gesto compungido durante 90 minutos de proyección sin siquiera hacer el intento por actuar cualquier otro tipo de mueca.

Por su parte el único esfuerzo que realiza Lindy Booth por dotar a su colegiala de sensualidad y misterio es hablar en susurros, cosa que no alcanza para darle profundidad al personaje. La actuación de Gary Cole es desperdiciada y la de Jon Bon Jovi, cuya presencia en el film es el único gancho para atraer espectadores, esta dentro del rango de lo pasable.

Todo esto hace de éste un film olvidable, pero se puede rescatar a su favor que entretiene, aunque más no sea livianamente.

31/8/2006

www.solesdigital.com.ar

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