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La vida secreta de Walter Mitty 

Fotografiar la esencia de la vida

Ben Stiller - La vida secreta de Walter Mitty 
 

Por Verónica Stewart
@verostewart

 “El hielo… se mueve como una mujer”. Ben Stiller, en la piel de Walter Mitty y vestido para escalar, cubierto de nieve, intenta así conquistar a Cheryl Melhoff. Su colega lo mira intensamente. “A mí me gustaría escalar tu pelo”, contesta. Él le presenta a su “halcón de la poesía”, el cual vuela hacia la montaña, chillando y revelando todo su esplendor. La seducción está completa, la pareja formada. Todos felices comiendo perdices, posiblemente cazadas por el feroz Walter en la montaña.

Aunque no sucede tan así. En realidad no sucede para nada así, porque esta escena es una de las tantas que transcurren en la imaginación de Walter. En su cabeza, Walter ha hecho de todo, desde salvar perros de edificios en llamas y ponerle patas prostéticas en el camino, hasta patinar con el mismo pavimento por las calles de Nueva York. En la vida real, Mitty es un empleado más de la revista Life, una publicación impresa que se ve obligada a adaptarse al mundo de lo digital, aquel monstruo voraz que todo lo devora. Walter revela negativos, y su trabajo cobra especial relevancia cuando el reconocido fotógrafo Sean O’Connell afirma haber sacado su mejor foto hasta la fecha, la cual pide que sea tapa del último número de Life: el negativo número 25. Sin embargo, cuando empieza el proceso de revelado, Walter descubre que el negativo no está. Sean vive en un mundo habitado sólo por él y su cámara: no tiene celular ni dirección fija. Cae entonces en Walter, y sólo en Walter, la responsabilidad de conseguir la foto.

Aquí es donde la película toma un giro interesante, donde arranca la verdadera acción. La palabra “verdadera” es clave, porque por primera vez en su vida, Walter se convierte en el protagonista de aventuras que transcurren fuera de su cabeza. El helicóptero al que salta mientras este ya está en movimiento en la mitad de Groenlandia es tan real como el pico del Himalaya que escala en Afganistán unos días después. Todo lo hace en búsqueda de la foto que Sean, cuyos negativos Walter revela con cuidado y cariño hace años, afirmó que representaba “la esencia de la vida”. Todo lo hace para cumplir con su trabajo, pero en realidad, lo único que importa es que todo lo hace.

Es este el punto más bello de la película: Walter se transforma de un hombre que sueña a un hombre que hace. Punto. Ni siquiera se hace tanto hincapié en ningún tipo de dificultad que haya tenido que superar para armarse de coraje y viajar. Este es un hombre que entendió que esta inesperada travesía era algo que debía hacer, y lo hizo. Es así de simple. Como espectadores, disfrutamos verlo hacer, y todo lo otro se torna extrañamente secundario. Es curioso que en una película cuya mayor aventura gira alrededor de una foto la misma no se robe el protagonismo. Las aventuras y los extraños encuentros que tiene Walter en el camino son suficientes para entretener, y sus pequeñas fantasías recurrentes sobre Cheryl se roban más de una sonrisa; la historia de amor entre ellos es tierna pero muy alejada de lo cliché, más bien cerca a lo torpe y realista.

Porque al fin y al cabo, lo que se nos cuenta es la historia de Walter. Nos encontramos frente a una película sobre una foto que ilustra la esencia de la vida, y que aún así le dedica más tiempo al desarrollo de su personaje principal y a su salida al mundo real que a afirmar que ha dado con la respuesta a las grandes preguntas de la humanidad. Nos encontramos, ante todo, a una película sumamente humilde, y es esa humildad la que rebalsa de belleza. Después de todo, como afirma Sean O’Connell, “las cosas bellas no piden atención”.

Ben Stiller - La vida secreta de Walter Mitty 

La belleza de la película excede a la historia. La dirección, a cargo del mismo Stiller, es excelente, no hay ni un solo plano desprolijo o fuera de lugar, y es visualmente increíble más allá de los paisajes exóticos; los planos de la oficina vista desde arriba son igualmente cautivantes que los de un volcán en erupción. La música está siempre en tono con la película, y el guión es sencillo pero cómico y original, lleno de las torpezas y ridiculeces que tan naturales son pero que tan pocas películas de Hollywood se han animado a retratar.

“La vida secreta de Walter Mitty” termina siendo, entonces, sobre aquella vida de Walter que no es un secreto. Es esta quizás una de las únicas ocasiones donde el título “Las aventuras de Walter Mitty” hubiera sido no un cliché desesperado, sino uno muy acertado. Es una película que no se desespera por complacer, simple en todo el esplendor y despliegue del exótico viaje que mueve a su narrativa. Pero como dice el slogan de la revista Life, “observar el mundo, ver detrás de las paredes, acercarse, encontrarse y sentir: es este el propósito de la vida”. ¿Quién necesita saber cómo luce la esencia de la vida en foto cuando puede ver a Walter Mitty viviendo más allá de sus fantasías?

13/1/2014

www.solesdigital.com.ar

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